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crítica

"La duda": pulso dramático entre Meryl Steep y Philip Seymour Hoffman

sábado 31 de enero de 2009, 11:39h
Además de realizar el guión, Shanley también dirige esta cinta para la que parte de su propia obra teatral, una de las más celebradas de la última década, que se estrenó en off-Broadway en el otoño de 2004 y que fue premiada con los prestigiosos galardones Pulitzer y Tony. Se trata de un intenso drama humano y social que habla de las debilidades de los hombres y que pretende explorar la idea de que la duda tiene una naturaleza infinita, que crece y cambia, mientras que la certeza es un camino sin salida. Y para ello, Shanley ha querido situar la acción en el enrarecido ambiente de 1964, inmediatamente posterior al asesinato del presidente Kennedy, en la cúspide de los movimientos por los derechos civiles y época de grandes cambios para la Iglesia católica, inspirándose en los recuerdos de su infancia en las calles del Bronx, un barrio que, por entonces, estaba habitado mayoritariamente por irlandeses e italianos.

Desde los primeros momentos de la película hasta su conclusión, la incertidumbre intenta apoderarse de todo y logra arrastrar al público hacia un inquietante misterio en el que dos monjas, un sacerdote y la madre de un niño se ven obligados a enfrentarse a sus creencias más profundas mientras luchan con la convicción y la duda. A pesar de que la cámara se ha dirigido a los exteriores para mostrarnos algunas de las escenas de más carga dramática, lo cierto es que no cuesta mucho imaginarse el filme sobre un escenario, ya que son los diálogos y, sobre todo, las interpretaciones de sus personajes principales los que consiguen que el espectador se meta en una intrincada trama que, en ningún caso, aspira a resolver el misterio, si no, más bien, todo lo contrario. Será el público el que deberá decidir por sí mismo el final que quiere.

La Duda narra el pulso entre la hermana Aloysius, directora de un colegio religioso que confía en el poder del miedo y la disciplina, y el padre Flynn, sacerdote del centro, progresista, y de quien se sospecha que ha abusado sexualmente del primer y único alumno negro que estudia allí. Un enfrentamiento que se basa únicamente en sospechas y prejuicios y en el que la inocente hermana James es la encargada de poner en marcha el implacable mecanismo de la duda, de forma que nadie en la película tiene toda la razón, ni está totalmente equivocado. Y, desde luego, no es de extrañar que todo el reparto del filme esté nominado a los Oscar en las diferentes categorías de mejor interpretación, porque si el enfrentamiento entre la estricta hermana Aloysius, a quien da vida una siempre magnífica Meryl Streep, y el padre Flynn, papel a cargo de Philip Seymour Hoffman, constituye un duelo interpretativo de los que hacen historia, los papeles secundarios de la ingenua hermana James (Amy Adams) y de la señora Miller (Viola Davis), en escena tan sólo unos minutos, no desmerecen en ningún momento.
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