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Un film de David Fincher

"El curioso caso de Benjamin Button": el amor sí tiene edad

sábado 07 de febrero de 2009, 20:15h
El curioso caso de Benjamin Button nació, en realidad, como un relato breve escrito en los años 20 del siglo pasado por F. Scott Fitzgerald, quien, a su vez, se inspiró en una cita de Mark Twain: “La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18”.

Sin embargo, no parece que sea felicidad lo que inunda la vida del protagonista, interpretado por un, a veces irreconocible, Brad Pitt, obligado a pasar con el amor de su vida tan sólo unos pocos años, el breve periodo en el que ambos coinciden en edad. Porque Benjamin Button está condenado, desde el principio, a la soledad, a no aferrarse a las personas que conoce y que envejecen a medida que el va rejuveneciendo hasta convertirse en un desamparado bebé.

Cuando nace en Nueva Orleans, el día en que finaliza la Primera Guerra Mundial, su madre muere tras el parto y su padre, un rico empresario fabricante de botones, lo abandona, asustado por su increíble apariencia de viejo con un pie en la tumba, a las puertas de un asilo. ¿Dónde mejor? Allí será adoptado por Queenie, una afable mujer negra, que regenta el asilo y a quien interpreta Taraji P. Hanson, candidata al Oscar como Mejor Actriz de Reparto, en lucha por la estatuilla con nuestra Penélope Cruz.




Benjamín se enamora de Daisy nada más verla. Ella es una niña que va a visitar a su abuela al asilo y el encuentro entre ambos es el eje fundamental de la película, todo un exponente del clásico cine romántico de Hollywood, a pesar de la originalidad de su planteamiento. Es precisamente Daisy, una bellísima Cate Blanchett, quien, muchos años después, en su lecho de muerte y durante los días en los que el huracán Katrina amenazaba con destruir Nueva Orleans, recuerda junto a su hija (Julia Ormond) la historia de Button y de su relación con él.

A través de continuos flash backs y durante casi tres horas, asistiremos a las insólitas vivencias de la pareja y lo cierto es que la primera parte resulta bastante lenta e irreal. Aparte de la sorprendente transformación de Brad Pitt, quien exigió interpretar a Button en todas las fases de su vida, al contrario de lo que pretendía su director, David Fincher, el relato se ve muchas veces apagado y sólo adquiere la luz que precisa toda historia para atrapar la atención, cuando, por fin, comienza el complicado y tortuoso romance de final no tan feliz como el que prometen los genuinos cuentos de hadas.
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