La participación a media tarde en las elecciones generales que se celebran en Israel es casi tres puntos porcentuales superior a la registrada en los anteriores comicios de marzo de 2006, según el comité electoral central.
A las 16:00 hora local la participación alcanzó el 41,9 por ciento, en contraste con el 39 por ciento que se registraba a esa hora en los últimos comicios, una diferencia que se mantiene respecto al dato de primera hora de la tarde.
De continuar esta tónica de forma constante, la asistencia a las urnas a lo largo del día podría llegar al 69 por ciento, en comparación con el 63,5 de 2006, pese a la lluvia y fuertes vientos que vienen marcando la jornada.
Con todo, los investigadores aconsejan cautela y recuerdan que en anteriores elecciones, como en enero de 2003, hubo tendencias similares a media tarde y al final bajó la afluencia.
Los candidatos ya han votadoMás de 5,2 millones de israelíes están llamados a las urnas, en unas elecciones a las que concurren 34 formaciones políticas, y en las que parte como favorito el conservador Likud, que lidera
Benjamín Netanyahu, seguido por un apretado margen por el partido gobernante centrista Kadima, encabezado por
Tzipi Livni.
La mayoría de los candidatos acudieron esta mañana a votar y pidieron a los israelíes que acudan masivamente a las urnas. Uno de los últimos en hacerlo fue Netanyahu, quien depositó su papeleta en Jerusalén, donde afirmó "el pueblo quiere un cambio y lo elegirá hoy".
Livni emitió su sufragio en Tel Aviv a primera hora de la mañana, y confió en que "mucha gente" introduzca en la urna la misma papeleta que ella.
La dirigente del Kadima pidió a los israelíes que no voten "desde la desesperación y el miedo sino desde la esperanza" y mostró su confianza en que "la lluvia no impedirá a la gente votar".
El cabeza de lista del partido de extrema derecha Israel Beitenu,
Avigdor Lieberman, acudió a un colegio del asentamiento judío de Nokdin en Cisjordania, donde reside, y pidió a todos los ciudadanos de Israel, "cristianos, musulmanes y judíos" que voten y recuerden que "hay un partido que puede hacer el trabajo".
El líder del Partido Laborista,
Ehud Barak, ejerció su derecho a voto en Tel Aviv, donde se mostró confiado en que su formación saldrá reforzada de las urnas.

La jornada electoral transcurre por el momento sin incidentes destacables, a excepción del registrado en la localidad árabe israelí de Um el-Fahem, donde el candidato de ultraderecha
Baruj Marzel trató de acudir como apoderado de su partido para formar parte del comité de supervisión electoral.
A mediodía, distintos partidos habían presentado 68 denuncias de irregularidades menores en varios colegios electorales.
Las fuerzas de seguridad israelíes están en alerta con motivo de la jornada electoral y han extremado las precauciones en las localidades fronterizas del norte del país y con la franja de Gaza.
Nuevo ParlamentoEste miércoles los israelíes elegirán una nueva Knesset (Parlamento) en la que los partidos derechistas como el Likud o Yisrael Beiteinu (YB, Nuestro Hogar es Israel) esperan lograr una importante representación que les permita liderar un gobierno de coalición. La dudosa eficacia de las ofensivas militares del Gobierno de Ehud Olmert (Kadima) en Líbano y la Franja de Gaza parecen haber propiciado una deriva derechista en la sociedad israelí.
Las últimas encuestas publicadas antes de la votación conceden al Likud 25 escaños, 23 para el Kadima, y 19 para YB. El Partido Laborista se haría con 16 escaños, y formaciones como el Shas o el Partido de los Pensionistas acumularían aproximadamente 10 escaños cada una.
Proyecto de GobiernoEl nuevo gobierno que se forme tras los comicios anticipados convocados a raíz de la dimisión de Olmert por un escándalo de corrupción tendrá el reto de reforzar al presidente palestino, Mahmud Abbas, único interlocutor actualmente válido para Israel con vistas a la firma de un acuerdo de paz definitivo. Sin embargo, la derecha israelí ha hecho de su negativa a aceptar ciertas reivindicaciones históricas de los palestinos una bandera electoral y ningún dirigente palestino, ni siquiera Abbas, aceptará un Estado palestino sin Jerusalén Este, sin el retorno de los refugiados o con unas competencias exteriores y de seguridad reducidas.
El principal candidato a la jefatura del Gobierno es Benjamín Netanyahu, líder del Likud, quien se ha pasado los últimos días de la campaña intentando frenar la fuga de votos de su partido al YB del ahora ministro Avigdor Lieberman con significadas visitas a los Altos del Golán o al Monte de los Olivos, región cercana a Jerusalén en la que la mayoría de los habitantes son árabes con ciudadanía israelí.
El discurso es claro: las concesiones a los palestinos y la retirada de la Franja de Gaza sólo ha provocado un fortalecimiento de los grupos islamistas radicales que aspiran a la destrucción de Israel como Estado judío. Netanyahu promete "paz y seguridad", una política que ya pudo poner en práctica cuando ocupó el puesto de primer ministro, entre 1996 y 1999. Entonces tuvo que lidiar con el líder histórico de los palestinos, Yasir Arafat, a quien entregó la casi totalidad de la ciudad cisjordana de Hebrón, rompiendo así la promesa del Likud de no entregar ningún emplazamiento bíblico.
Ascenso de Yisrael BeiteinuPrecisamente el hundimiento del histórico Partido Laborista ahora liderado por Barak ha dado protagonismo a Avigdor Lieberman, de YB, un candidato que ha sabido aglutinar a los judíos de origen ruso y de Europa Oriental y a los más escépticos con el proceso de paz. Su propuesta para la paz con los palestinos, explicitada en varias ocasiones, consiste en la entrega de zonas de Israel de mayoría árabe al futuro estado palestino a cambio de los terrenos que ya ocupan las colonias judías de Cisjordania, donde él mismo vive.
El propio Lieberman nació en Kishinev, en la desaparecida URSS, hoy Chisnau, capital de Moldavia. Su padre, militar del Ejército Rojo, fue prisionero de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial y también estuvo encarcelado en Siberia en un gulag stalinista. Llegó a Israel en 1978, a los 20 años, y allí se integró en el Likud, con el que llegó a dirigir la oficina del primer ministro Netanyahu entre 1996 y 1997. En 1999 fundó Yisrael Beiteinu, un grupo que le permitió ocupar distintos cargos ministeriales en sucesivos gobiernos de coalición.
En enero de 2008 abandonó el Gobierno liderado por Ehud Olmert en protesta por el proceso de paz iniciado en la Conferencia de Paz de Annapolis (noviembre de 2007) bajo el auspicio del entonces presidente estadounidense, George W. Bush.
Si se cumple la tradición, el presidente israelí, en este caso Simón Peres, encargará la formación de gobierno al líder del partido con más escaños en la Knesset. Sin embargo, la forja de una coalición de gobierno será difícil. Si gana el Likud deberá lograr el apoyo de YB, del Kadima o del Partido Laborista. Lieberman y el laborista Barak parecen los más dispuestos a apoyar a Netanyahu, pero exigirán contrapartidas.
La alternativa a Netanyahu sería la líder del Kadima, Tzipi Livni, quien sin embargo ya dejó patente hace semanas, tras el anuncio de dimisión de Olmert, su incapacidad para articular una mayoría de gobierno estable. Así pues, todo apunta a que el próximo jefe de gobierno israelí será un antiguo miembro de las fuerzas especiales militares, Netanyahu; una ex espía del Mossad, Livni; un ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Ehud Barak; o un ultraderechista antiárabe, Lieberman.
Una sociedad heterogéneaEn Israel viven 7 millones de personas -5,3 millones con derecho a voto- de origen muy diverso. La mayoría son judíos de origen europeo, africano, asiático o de la propia región de Oriente Próximo, pero los drusos y los árabes constituyen un 20 por ciento de los ciudadanos con pasaporte israelí.
En consecuencia, la mayoría se consideran de religión judía, pero los árabes son cristianos o musulmanes, importantes minorías que también esperan contar con una parte de los 120 escaños de la Knesset.
Además, Israel no se libra del impacto de la crisis económica global. El ministro de Hacienda israelí, Roni Bar-On, reconoce que Israel podría estar ya en recesión -el PIB israelí creció una media del 5 por ciento anual entre 2003 y 2007- y las previsiones apuntan a un incremento del paro hasta el 7,6 por ciento.