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Programas ocultos

Alejandro Muñoz-Alonso
martes 12 de febrero de 2008, 19:55h
Parece lógico que en periodo electoral la atención mediática se centre en los programas que presentan los partidos contendientes. Aunque, como muestran diversas encuestas, si bien los electores dicen guiarse preferentemente por los programas a la hora de decidir su voto, una amplísima mayoría confiesa después que no ha leído el programa del partido al que votó... Y menos aún los de los otros. El elector se queda con la "la letra grande" de los mensajes electorales, pero ignora casi por completa "la letra pequeña". A pesar de todo, los programas son muy importantes porque en ellos están -o deben estar- las bases de la acción de gobierno del partido que triunfe en las elecciones. No es serio ni admisible la recordada afirmación de aquel gran cínico que fue Tierno Galván para quien "los programas electorales están hechos para no cumplirse". En los antípodas de esta actitud está lo que hizo en la legislatura 1996-2000 el entonces vicepresidente Álvarez-Cascos que desgranó el programa del PP en varios centenares de propuestas y mes a mes contabilizaba el porcentaje de cumplimiento del programa que se había propuesto a los electores.


Pero si pasarse el programa por el arco del triunfo es, ciertamente, una estafa a los electores, no lo es menos aplicar un programa que no se presentó en la campaña electoral. No se trata de una hipótesis de escuela pues es exactamente lo que ha ocurrido en la legislatura que ha terminado en enero. En el programa que presentó el PSOE -y que, por cierto, ya había desaparecido de Internet al día siguiente de los comicios- nada se decía de la ruptura de los consensos básicos que han presidido nuestra vida política desde 1978. Allí no se decía que se fuera a echar por la borda el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, ni que se fuera a iniciar -en realidad ya se había iniciado- un proceso de negociación con ETA, en el que se escucharían y, al menos parcialmente, se atenderían las pretensiones políticas de esa banda. Tampoco se decía que se fuera a revisar el legado de la Transición, ni que se fuera a socavar el sistema político entonces establecido, con el especioso pretexto de que la nuestra sería una democracia "de baja calidad", porque no hubo ruptura con el franquismo, lo que exigiría enlazar con la supuesta legitimidad de la II República. Toda la ideología, la manifiesta y la latente, que nutre la malhadada peripecia de la memoria histórica, va por ahí. Tampoco se dijo que se fuera a revisar, contra el espíritu y la letra de la Constitución, el modelo de Estado y su estructura territorial, admitiendo la existencia de "naciones preambulares" (porque sólo se atreven a aceptarlas en los preámbulos de los estatutos) que se situarían al mismo nivel que la Nación española (la única reconocida en nuestra Carta Magna), como en anticipo de una futura Confederación de Naciones. Ni que España fuera a renunciar al prestigioso lugar alcanzado entre las más importantes democracias para jugar en esa liga de quinta regional formada por dictadores y ayatolás.


Poco importa, por eso, el programa que presente ahora el PSOE. Lo más importante -y lo más preocupante- es su programa oculto en el que, sin bola de cristal, no es difícil adivinar que está prevista la reanudación de la negociación con ETA, el avance hacia la confederalización; el paso de la no confesionalidad a un Estado laico, en pugna con la Iglesia Católica pero "comprensivo" con el islam; más "ampliación de derechos", desde más aborto hasta la eutanasia y avanzar hacia “mayor comprensión” con esos países que, según Moratinos, "nos adoran". Todo ello como dice alguien, puede hacer de España una especie de "república bolivariana" versión europea. Y, como el contenido de este programa oculto no se puede publicitar, Zapatero pide a sus electores un acto de fe. Un acto de fe en este nuevo Hamelin que quiere llevar a España al abismo con una sonrisa y a los alegres sones de su flauta, supuestamente mágica.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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