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una foto con venados en el suelo

Las claves de la dimisión de Bermejo

lunes 23 de febrero de 2009, 14:50h
No es corrupción, como le decía al diputado popular para devolverle de revés, como Nadal, la pelota que había lanzado al ministro. Pero es otra cosa. Mariano Bermejo se refiere a la cacería como un asunto estrictamente privado. Y los medios de comunicación afines hablan de “encuentro” entre Bermejo y Garzón, como si fueran dos submarinos colisionando a causa del azar en mitad del océano. Pero es claro que estaban juntos porque querían (era la segunda cacería que compartían), y es claro también que esa actividad privada tenía importantes consecuencias políticas.

Primero porque cualquiera puede preguntarse si durante la cacería celebrarían ministro socialista y juez socialista (fue número dos del PSOE detrás de Felipe González), además de brindar por los 20 años por venir de gobierno del PSOE, celebrarían también la instrucción por el juez de la Audiencia Nacional de varios presuntos casos de corrupción, no todos relacionados entre sí, pero todos relacionados con el Partido Popular. Ambos, Bermejo y Garzón, podrían hablar de instrucciones y detenciones con Juan Antonio González, jefe de la Policía Judicial, encargado de investigar estos casos. Todo el asunto comprometía la debida independencia del poder judicial, y desataba todas las sospechas sobre la oportuna instrucción de este caso a pocas semanas de dos elecciones regionales importantes: gallegas y vascas.

Por si fuera poco el “hecho cinegético”, como se le ha llamado, a Bermejo se le pusieron en huelga los jueces, la primera de la historia de España. El malestar entre las asociaciones judiciales por las condiciones en que trabajan es palmario. Y no sólo los jueces, sino los funcionarios de justicia, que habían protagonizado una huelga muy importante. Pero es la personalidad de Bermejo la que pone a todos los funcionarios en su contra.

La personalidad es, de hecho, la tercera clave de la dimisión de Mariano Bermejo. Es un hombre desenvuelto y con confianza en sí mismo. O un “chulo”, como dicen los más críticos con el ministro. Su popularidad estaba por los suelos, y en parte se debe a su marcada personalidad.

Pero la cuarta clave de la dimisión de Bermejo, y que es la más importante, es de nuevo la primera. No tanto el hecho en sí de la cacería con Garzón, como la foto del ministro socialista, con los cadáveres de venados esparcidos por el suelo, y su mirada feliz y orgullosa ante la cámara.

José Luis Rodríguez Zapatero da especial importancia a la imagen. Y la foto de un ministro del PSOE cazando, las filtraciones sobre el coste de la cacería, no de mil sino de varios miles de euros, y el hecho de que, por añadidura, el ministro de Justicia fuera un cazador furtivo, era letal para la imagen del propio gobierno ante los socialistas.

De hecho, el anuncio de la dimisión coincide con la portada de este lunes del diario El Mundo en la que el amigo personal de Rodríguez Zapatero Patxi López, que se juega nada menos que el gobierno vasco, dice: “A ningún socialista le gusta la cacería de Bermejo”.

El PP ha pedido insistentemente a Zapatero que destituya al de Arenas de San Pedro, al fiscal “ultraizquierdista” como le calificó en su momento. Pero no ha sido suficiente para que Bermejo siguiese en el cargo.
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