Escuelas basura… o ¿basura de escuelas?
miércoles 25 de febrero de 2009, 22:20h
Reza un proverbio popular finlandés: ‘Cada cual es herrero de su propia felicidad.’ Hermoso dicho que junto con otra máxima finlandesa forman una juiciosa guía de vida: ‘El valiente se come el potaje’. Estos proverbios dan a entender que cada uno es responsable de su propia vida; nuestro destino está en nuestras manos.
La socialización de la persona comienza en casa, y continúa de forma feroz en la escuela, esa institución de límites y estructura rígidas e invasivas. ¿Cuál es la función de la escuela? En primera instancia dar información y formación a los niños. Pero rascando un poco, y si nos atrevemos a ser honestos, veremos que se dedica a crear soldados para la sociedad. La escuela se alza sobre el glorioso pilar de la disciplina, ese conjunto de normas severas impuestas desde fuera (una de sus acepciones en el María Moliner es: “Sometimiento a la autoridad”). Dicen que es bueno vivir en disciplina. Pero la disciplina puede surgir desde dentro. Si una persona no es capaz de imponerse una disciplina propia, significa que carece de voluntad y backbone –o sea, columna vertebral –, necesita ser forzado desde fuera para poner orden en su vida, en otras palabras, no se responsabiliza de su vida.
La escuela, institución autoritaria que tanto aman los adultos, no enseña la verdadera responsabilidad; la escuela enseña a obedecer. Si pasas la infancia y la juventud obedeciendo sin rechistar sometido a un estricto y estresante programa diseñado para la masa informe, no para el individuo, no desarrollarás la intuición que capta los movimientos de tu psique, por lo cual no sabrás quién eres, qué piensas, ni qué quieres, y no podrás responsabilizarte de ti mismo ni de tu vida. Serás un robot adaptado a esta sociedad que utiliza a las personas como piezas de un engranaje inmenso y aterrador. Serás un soldado obediente, condecorado con la estrella del Gran Robot Sin-voluntad; te darán palmaditas en la espalda, pero tu vida la estará viviendo otro. Además, en la escuela se castiga el pensamiento independiente, y se premia la obediencia ciega. El sistema educacional masacra al individuo rebelde, y le cataloga de ‘fracaso escolar’.
La escuela está equivocada. Los padres están equivocados al mandar a sus hijos a estas fábricas de robots de consumo social. El mundo nunca cambiará si no cambiamos radicalmente ese sitio donde destruyen la individualidad, la autoestima y la inteligencia de nuestros hijos.