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La ruptura del frente peronista y kirchneriano

viernes 27 de febrero de 2009, 01:51h
En los últimos días, en Argentina, el oficialismo parece debilitado y las deserciones en el peronismo ponen a dura prueba la estabilidad del Gobierno de Cristina Fernández y de su esposo, Néstor Kirchner. En la actualidad, el aparato peronista y justicialista ya no representa un bloque único y sin fisuras, sino una agrupación de intereses diversos que a veces oscila y se rompe en varios frentes.

Hace poco más de un año, Cristina Fernández asumía la presidencia con la sensación de que, después de la cesión del bastón presidencial por parte de Néstor Kirchner, el “matrimonio presidencial” se quedaría al poder por mucho tiempo más. Néstor había dejado un imagen altamente positiva, había logrado ser el presidente del Partido Justicialista, el mayoritario del país, mientras Cristina había sido elegida con el 44 % de los votos y se presentaba como una “woman power” capaz de gobernar el país y garantizar la continuidad de las políticas de su esposo.

Sin embargo, en la actualidad, es evidente que el Gobierno sufre una crisis política y, sobre todo, una crisis de sus políticas. De gran importancia serán las elecciones legislativas del próximo octubre, en las que se renuevan la mitad del Congreso de Diputados y un tercio del Senado. Será el primer test electoral para la actual mandataria y definirá las condiciones de gobernabilidad del país. Los datos actuales y las defecciones dentro del oficialismo deben preocupar al matrimonio presidencial ya que se registra un “importante retroceso” electoral del kirchnerismo, tanto que varios analistas ya hablan de un ciclo agotado. Una eventual derrota del oficialismo podría abrir a una grave crisis institucional.

La presidenta deberá intentar recuperar la unidad perdida o se verá obligada a enfrentarse no sólo a una oposición tradicional (radicales y socialistas, que mantienen un acuerdo propio), sino también a una guerra dentro del peronismo. Ambos con el mismo objetivo: quitarle la mayoría a los Kirchner en el Congreso. El actual resultado es consecuencia de una gestión política y económica cuestionable y, sobre todo, del conflicto con el campo. La batalla perdida evidenció las autoritarias maneras de Néstor Kirchner y su incapacidad para comprender el alcance del conflicto. De ahí, los enfrentamientos con los diputados peronista que votaron contra de su ley. Por eso, Cristina deberá gestionar este nuevo conflicto con mayor cuidado y sacar enseñanzas de los errores precedentes.

La estabilidad política de los Kirchner ésta cada vez más débil y es probable que el adiós al kirchnerismo de Carlos Reutemann, de Felipe Solá, de Juan Carlos Romero y de Jorge Obeid (todos ex gobernadores peronistas) tendrá una importancia política considerable. Cristina Fernández debe preocuparse de reconstruir el Estado ya que ha cumplido su primer año como presidenta entre pocas luces y demasiadas sombras: por eso debería replantear políticamente su gestión y garantizar mayor gobernabilidad en el país, antes de que la situación empeore y Argentina se convierta en un país ingobernable.
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