Los bermejos gallegos
sábado 28 de febrero de 2009, 20:06h
Tiene gracia que ahora que gobiernan los progres se llene la prensa de imágenes propias del NO-DO que retrotraen a otros tiempos y costumbres, ilustrando informaciones que, además de a chamusquina, huelen a rancio, y mostrando la cara más burquesa de estos bermejos y otros rojos que dicen gobernar por el bien de la clase proletaria, arriba parias de la tierra.
A la versión actualizada de La escopeta nacional que protagonizó el ya ex ministro con su cacería, le ha seguido aquí en Galicia, no vamos a ser menos, una moderna rememoración de aquellos paseos marineros en el Azor del caudillo protagonizada por el nacionalista vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, invitado de excepción en el yate de un importante empresario al que unos meses después se le adjudicó una parte importante del pastel de la energía eólica. Y eso que, al parecer, en aquella travesía de recreo cuya foto ha dado la vuelta al mundo sólo se habló, por supuesto, del hecho marítimo en sí.
Mientras, el actual conselleiro de Medio Ambiente, socialista él, está haciéndose unas obras en su casa que ni las del Valle de los Caídos, pero ha obviado solicitar y pagar la licencia correspondiente y se ha limitado a abonar unos eurillos disfrazando la cosa de “obras menores”. Al tiempo, su colega de partido y de gobierno, la responsable de las obras públicas, se ha metido en unas privadas de cambio de mobiliario de su departamento que nos han salido a los gallegos por la friolera de medio millón de euros.
Así las cosas, no es de extrañar que el presidente Touriño, que tendría que estar ya bermejo de vergüenza, se esfuerce en convencer a los estupefactos votantes a base de prometer limosnas a los parados, a los que ofrece ahora, justo antes de ir a votar, una paga de algo más de cuatrocientos euros como aquella de Zapatero que la mayoría aún estamos esperando.
En el sprint final de la campaña electoral, vemos a un Touriño algo desesperado por salvar los muebles, cosa que tampoco es de extrañar teniendo en cuenta la millonada que se ha gastado en ellos. Un Touriño que ha concentrado sus esfuerzos en estos últimos días, además de suplicar el voto a los no pocos decepcionados, en aparentar que él no tiene nada que ver con los del BNG, ni con sus desmanes nacionalistas, ni con sus manías de imponer el gallego, ni con sus paseos en yate. A él no lo verán, ha dicho refiriéndose al paseo del vicepresidente y el empresario, con “compañías peligrosas”. Como si los gallegos pudiéramos olvidarnos en unos días de carrera electoral de los cuatro años en los que el presidente ha tenido que plegarse a los antojos de Quintana para poder ocupar el sillón. O fuéramos tan ilusos como para creernos que el socialista no volverá a darle el “sí, quiero” al nacionalista si las urnas le dan la oportunidad de volver a ganar perdiendo mediante la renovación del matrimonio de conveniencia. Y de repetir aquello de “los nada de hoy todo han de ser” que cantarían gustosos, puño en alto, los bermejos y otros rojos que, también en Galicia, haberlos, haylos.