www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

México: ¿Estado fallido? Acaso la 'falla de San Andrés'

Artemio Benavides
x
artemiobenavideshotmailcom/16/16/24
viernes 06 de marzo de 2009, 21:15h
El liberalismo, se ha dicho, es mucho más que un temperamento: es una doctrina que siempre presenta ideas, sustenta el Estado de Derecho y mucho más. Se puede agregar su simpatía por la igualdad, su aprecio por la tolerancia y la apertura constante a los desafíos que plantea el progreso, con un talante preferente por el realismo y la búsqueda de gobernabilidad.

Todo ello implica, sin duda, la convicción de un inquebrantable compromiso con la política, que nos lleva a pensar que el problema es un mal gobierno o un gobierno ineficiente, que nos convence que los seres humanos debemos atender con la firme seguridad de que podemos siempre reinventarnos, ya que si bien el liberalismo no haya creado la modernidad, es la respuesta adecuada a los desafíos de la diversidad religiosa, de la expansión global, de las crecientes demandas igualitarias, del dinamismo tecnológico y, en fin, a las crisis económicas recurrentes.

En el caso mexicano o colombiano, por ejemplo, no se trata de un Estado fallido sino de gobiernos que no acaban de enderezar un pretérito imperfecto de desintegración constante o de un período largo de corporatismo autoritario, que esta aún vivito y coleando.

Así lo ha expresado con rigor la politóloga mexicana Dennis Dresser en el Foro “México ante la crisis”, a finales del pasado enero: ¿Por qué México no crece a la velocidad que podría y debería?, se preguntó. Su respuesta fue contundente: México es un ejemplo de lo que el economista Joseph Stiglitz describió como un capitalismo, sí, pero un ‘capitalismo de compadres’ que no se sustenta en la competencia sino en poner obstáculos al capitalismo democrático. Modelo económico, a su entender, en el cuál “las autoridades crean condiciones para los mercados abiertos, competitivos, innovadores, que proveen mejores productos a precios más baratos para los consumidores, para los ciudadanos”.

¿Y qué nos plantea este modelo peculiar mexicano? Una sociedad rentista, una red de protegidos y de concesionarios, una clase empresarial que exige manipular el entorno económico para asegurar sus cuantiosas ganancias. Ellos son los ‘jugadores dominantes’, pues, que inhiben el crecimiento de México ante un mundo de desafíos crecientes por ‘la creatividad destructiva’ del capitalismo.

Y la dama politóloga no se anda con rodeos: nos gobiernan no los legisladores, sino los poderes fácticos de dos televisoras que cierra la puerta a una tercera opción; los bancos y no la entidad reguladora, que se rehúsan a toda transparencia; el sindicato de los maestros y, de ninguna manera, la secretaría de educación; el sindicato petrolero y no la entidad a cargo del gobierno y así hasta el desarreglo corporativo en las universidades que, claro está, son entidades sometidas a su feudo interno y cerradas al exterior.

No se trata, entonces, de un gobierno fallido sino de “un gobierno doblegado… un gobierno coludido”. “El crecimiento económico está ligado a la competencia… el dinamismo y la creación de empleos se desprenden de la competencia”. Para ello, este capitalismo nuestro tan singular no llegará a la calidad democrática sin echar de lado a estos obstáculos, sin enfrentar esta debilidad endémica de corporativismo populista que todavía domina a esta casta política que parece prisionera del arreglo autoritario que dice superar.

Así que, para ‘fallas’, las de Valencia. O bien, la ‘falla de San Andrés’, allá por el mar pacífico norte. Es un asunto académico, de intelectuales públicos que se portan mal en su entorno privado tal vez, porque este México ya no es el que era y tampoco acaba de ser el país que ellos añoran.

Artemio Benavides

Historiador

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios