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récord de taquilla

Gran Torino bate récords de taquilla con un Clint Eastwood en estado puro

sábado 07 de marzo de 2009, 14:08h
Aunque la crítica no aplaudió esta cinta, ignorada tanto en los Oscar como en otros premios prestigiosos, se ha impuesto tras haber recaudado hasta el momento más de 110 millones de euros en taquilla sólo en Estados Unidos. Un drama sobre la evolución de un hombre solitario, amargado y racista en el que la amistad hace mella y logra cambiar sus prejuicios. Otro papel brillante de Eastwood.
La cinta, que se estrena en nuestro país este fin de semana, ha sido toda una sensación en Estados Unidos. Ignorada por los Oscar y por la mayoría de los premios de la temporada, la última película dirigida e interpretada por Clint Eastwood está batiendo records de taquilla y ya ha recaudado 110 millones de euros sólo en aquel país. Y ello, a pesar de que se trata de un modesto drama cuyo coste fue de 26 millones de euros y que se rodó en sólo 33 días en el extrarradio de Detroit (Michigan).

Un esperado regreso
Desde que en 2004 protagonizara la oscarizada Million Dolar Baby, el veterano cineasta no había vuelto a ponerse delante de las cámaras. De hecho, a pesar de su continuo trabajo como director (su último estreno ha sido El Intercambio, con Angelina Jolie), muchos habían creído finalizada su faceta como actor. El propio Eastwood afirmó que no tenía previsto interpretar muchos más papeles, porque “siempre quiere retirarse uno cuando está aún en forma”. Sin embargo, no pudo resistirse al personaje de Walt Kobalsky, el veterano de guerra de Corea, jubilado del sector del automóvil, amargado y racista, alma de Gran Torino. Es un tipo duro, de esos a los que nos tiene acostumbrados el actor, a quien las circunstancias acabarán por obligarle a evolucionar y a ver las cosas como nunca hubiera imaginado.

La acción arranca cuando Walt acaba de enviudar. Sus relaciones con los demás no pueden ser peores, no aguanta a sus hijos ni a sus nietos, y muchos menos a los vecinos que han “invadido” su barrio en los últimos tiempos. En su mayoría son inmigrantes de la etnia Hmong, que procede de las montañas del sudeste asiático y cuyas familias tuvieron que emigrar a EEUU en 1975 huyendo de Laos y Vietnam, después de haber combatido junto a los norteamericanos en aquella terrible contienda.

Y como Eastwood es un clásico perfeccionista, autor de un cine franco, directo y sin retóricas, ha querido que los protagonistas Hmong de la historia estuvieran protagonizados por miembros reales de la etnia. No fue tarea fácil. Se realizaron cientos de audiciones antes de elegir a los jóvenes Bee Vang (Thao en la película) y Anney Her (su hermana Sue), en su debut como actores. Una muy buen elección a juzgar por la impecable interpretación de ambos, que junto al protagonista, construyen una agridulce historia de las que quedan para siempre en la memoria del espectador.

Enfadado con el mundo, el único placer que le queda a Walt Kobalsky es el de sacar brillo a su Ford Gran Torino de 1972, cuidadosamente conservado en su garaje bajo una lona de seda. Igualmente aislado está su vecino Thao, un tímido chaval de 16 años que vive con su abuela, su madre y su hermana y que, presionado para unirse a una pandilla intenta robar el Gran Torino. Esta será la clave para que los vecinos inicien una peculiar relación, de evolución y consecuencias totalmente inesperadas.
En los títulos de cierre, no se pierdan la voz quebrada de Eastwood entonando la melancólica canción “Gran Torino”, compuesta por él mismo junto a su hijo, Jamie Cullum y Michael Stevens. Es la fantástica guinda para un filme al que no falta de nada.
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