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Análisis

Iberoamérica, aún muy lejos de la igualdad

sábado 07 de marzo de 2009, 23:41h
El 8 de febrero se conmemora el Día de la Mujer Trabajadora, un homenaje a aquellas mujeres que sacrificaron sus vida por defender la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. En Iberoamérica, a pesar de los logros de mujeres como Bachelet o Fernández Kirchner, son muchas las féminas que tratan de salir adelante en sociedades machistas en las que apenas tienen posibilidades de avanzar. Queda mucho por hacer.
En el año 1995 tuvo lugar en Beijing la Conferencia Mundial sobre La Mujer, en la que se formó una Plataforma de Acción Mundial a través de la cuál los gobiernos asumieron ciertos compromisos para avanzar en el camino de la igualdad entre géneros y la desaparición de la discriminación contra la mujer. 18 países latinoamericanos suscribieron el acuerdo y en el 2004 el Área de Estudios de Género de FLACSO-Chile elaboró un Índice de Compromiso Cumplido (ICC) Latinoamericano para comprobar los avances o retrocesos logrados en la materia, basándose en tres grandes áreas: participación y acceso al poder, autonomía económica y pobreza y salud de la mujer y derechos sexuales y reproductivos.

El estudio reveló que, si bien ha habido avances importantes, el proceso está siendo excesivamente lento y se hace necesario un mayor compromiso por parte de los gobiernos. Ana María Muñoz, una de las responsables del proyecto, declaraba en 2004 que aunque los resultados del ICC son ” todavía queda “mucho zcamino por recorrer”, y que a este ritmo “faltan unos 50 años antes de que las mujeres alcancen niveles de vida adecuados en la región”.

El valor femenino





Cuatro años después parece que la situación no ha cambiado y la exigencia sigue siendo la misma: una mayor implicación de los gobiernos de América Latina en el avance de la mujer, como valor fundamental para la consecución del desarrollo de sus respectivos países. Así se expresaba, al menos, hace un año Teresa Rodríguez, representante de UNICEF en México, durante las celebraciones del Día de la Mujer Trabajadora.

“Básicamente, los presupuestos de educación y salud, y todo el proceso presupuestario, apunta a que exista igualdad de oportunidades. Pero al hacer el análisis, tenemos que aún con un enorme avance en la educación, en las zonas indígenas, las zonas rurales y las mujeres afrodescendientes, siguen siendo todavía las principales analfabetas”, aseguraba.

Y es que los países no pueden obviar el hecho de que el aporte femenino a su desarrollo en enorme, llegando, según algunos estudios al 20% del Producto Interior Bruto, como es el caso de México. Eso sin contar el importantísimo papel de las mujeres emigrantes, que envían remesas de divisas a sus países de origen. El problema, como siempre, es la invisibilidad es estas trabajadoras, que se mueven en empleos informales o alegales y que, por lo tanto, no aparecen en las estadísticas y cuya labor es difícil de cuantificar.
Violencia machista

Asimismo, se observan grandes contrastes entre sociedades enormemente machistas y otros países en los que las mujeres acceden a grandes cotas de poder. Sólo hay que ver el caso de Michelle Bachelet en Chile y Cristina Fernández en Argentina, mujeres al frente de dos de los países más poderosos de la región. Sin embargo, llegada a sus respectivas presidencias de ambas mujeres no puede ser un espejismo que oculte una cruel realidad existente en muchos países latinoamericanos y que supone el primer problema de la mujer en la región: la violencia machista.





En países como Guatemala sólo el año pasado murieron 722 mujeres a manos de hombres, en su mayoría sus parejas, víctimas de una violencia cuya crueldad aumenta si cabe por la impunidad legal con la que actuaban los verdugos. Afortunadamente, existen movimientos civiles como el encabezado por Norma Cruz, una ex revolucionaria que tras la violación de su hija cambio la lucha política por otras más visceral y primaria: la erradicación de la violencia contra las mujeres. En un encuentro realizado en la Casa América de Madrid a finales de 2008, Cruz, que preside la Fundación ‘Sobrevivientes’, que se encarga de dar cobijo y orientación a las mujeres maltratadas, aseguraba que en su país, hoy por hoy, “la lucha elemental es por que no se nos mate, ni siquiera por la igualdad”. Gracias al esfuerzo de Cruz y sus compañeras en 2007 se aprobó en Guatemala la primera "Ley contra el Femicidio y otras formas de Violencia contra la Mujer", que si bien no va a solucionar al problema en su totalidad sí supone un importantísimo primer paso para la visibilidad de esta lacra.

México es otro país en el que la violencia de genero, agravada por el aumento de la narcoviolencia vivido en los últimos meses, supone el pan nuestro de cada día sin que las autoridades tomen las medidas necesarias para combatirla. La mujer sigue siendo invisible en muchos ámbitos y, en consecuencia, las agresiones, violaciones y asesinatos siguen siendo una especie de crimen menor visto con indulgencia.

El poder y las mujeres





El otro capítulo a tener en cuenta es el acceso a las mujeres a puesto de poder y liderzazo. A lo largo de los 90 el papel de las mujeres en la política se incrementado notablemente, favorecido por la consolidación democrática vivida en muchos países. Ya ha principios de la década del 2000, las mujeres representaban el 13% de los miembros del Congreso y el Senado de América Latina y muchos países, desde entonces, han puesto en marcha medidas como el establecimiento de cupos del 20 al 40% de participación de mujeres en procesos autonómicos. Esta misma semana, se hacía público un informe de la Unión Interparlamentaria (UIP) que revelaba que casi uno de cada cinco cargos parlamentarios que se eligieron en 2008 en todo el mundo fueron mujeres, un porcentaje que, en el caso de América Latina, alcanza el 26,5%.

Sin embargo, el acceso de las mujeres al poder es dispar según el país. Mientras que éste es una realidad en países como Argentina, Chile o Uruguay, es prácticamente inexistente en otros como Paraguay.



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