Una de las consecuencias de las crisis en la que menos hincapié se está haciendo es el cambio en los hábitos de consumo de sustancias estupefacientes. El incremento de los casos de adicción a las drogas, en especial a las más baratas, como el alcohol parece, según varios expertos consultados por EL IMPARCIAL, directamente relacionado con las dificultades económicas que afectan, cada día, a más españoles. Por Miriam Carmona.
Aún no hay datos oficiales, porque la última
Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y Drogas en España es del año 2007 con respecto a los datos de 2005, y en consecuencia no tiene en cuenta la crisis económica que azota a nuestro país especialmente desde el último año. Sin embargo, poco a poco cada vez se escuchan más voces que apuntan a la relación directa entre la situación actual y el consumo de estupefacientes.
Almudena Pérez Hernando, directora gerente de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid ha explicado para EL IMPARCIAL los factores de riesgo que incrementan la posibilidad de consumir drogas. "La falta de seguridad, la inmadurez, el fracaso escolar, no tener aficiones o los comportamientos antisociales. En cuanto a las condiciones sociales que rodean a una persona, hay que destacar que son elementos de riesgo el que haya una fácil disponibilidad de drogas,
el desempleo, la escasez de relaciones sociales, la escasa oferta de ocio y tiempo libre y formar parte de un grupo de amigos en el que se consumen drogas".
La crisis económica: ¿riesgo u oportunidad?Las organizaciones que se dedican a la prevención y el tratamiento de las dependencias se encuentran ante una doble realidad. Por un lado, la
crisis hace prever que aumenten las adicciones y, sobre todo, las más baratas, porque la mayoría de los consumos de drogas se dan en los momentos críticos. Y, si el contexto global lo favorece, como sucede ahora, parece lógico pensar que se incorporarán nuevas personas a la dependencia de sustancias. De otra parte, la crisis y sus efectos también afectarán a los modelos de ocio, imponiéndose un recorte de las salidas y del gasto lo que puede favorecer al retroceso en el consumo tanto de drogas legales como ilegales.
"Las sustancias son una excelente vía de escape para huir de los problemas", afirma
Fernando del Río, experto y psicólogo de Proyecto Hombre en Burgos. "Las adicciones tienen una capacidad de adaptación sorprendente, se ajustan a las circunstancias, a los tipos de sociedades, a la cultura. Y por supuesto a los diferentes niveles adquisitivos de las personas".
En este momento es previsible que aumenten las adicciones, en especial las más baratas, como el alcohol. "En líneas generales, lo que si podemos encontrar es que cambian las sustancias, todos estos años de bonanza España ha sufrido y sigue sufriendo una epidemia de cocaína, de alguna manera encontramos una correlación entre la economía y las sustancias consumidas. Con la crisis probablemente cambien nuevamente algunas pautas. Nos encontraremos con personas que desarrollan problemas con sustancias más baratas".
Por otro lado, la situación del consumo de drogas ha cambiado mucho en los últimos años y se ha relacionado poco el consumo de cocaína con el poder adquisitivo, según la Agencia Antidroga. "Ciertas sustancias como la cocaína ya no se asocian a las
altas clases económicas y a determinados segmentos laborales, como los ejecutivos, o al ambiente de los artistas y las celebridades. Hoy día esta sustancia, al igual que la mayoría, tiene precios asequibles en el mercado y está al alcance de cualquiera (según las últimas encuestas, el 47% de ciudadanos de Madrid cree que es fácil conseguir cánnabis y el 40% cocaína). Su consumo y adicción no tienen tanto que ver con el dinero sino que depende más de otros factores como la edad (los jóvenes consumen más), el entorno laboral o de ocio, el sexo o el ambiente familiar", según afirma Almudena Pérez desde la Agencia Antidroga.
Ignacio Calderón, director general de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), apunta a que "el problema de la droga es igual al de cualquier otro producto de cualquier mercado. Los narcotraficantes se adaptan las leyes del mercado clásico de oferta y demanda y estoy seguro de que los precios se adaptarán para que no caiga el mercado. Estamos hablando de uno de los negocios más importantes del mundo".
En esta línea, el presidente de la ONG Controla Club,
Vicente Pizcueta, afirmó que la crisis provoca "retrocesos muy importantes" del consumo de drogas más caras como la cocaína o el cristal, y la proliferación de "alteraciones de la pureza" de las sustancias para adaptarse al mercado. Por ello, alertó de la extrema peligrosidad que presenta el "abaratamiento" de las drogas mediante adulteraciones, "porque se pueden producir cócteles desconocidos sin ningún tipo de garantía", en los que se incluyan "todo el abanico de medicamentos psicoactivos como los somníferos que, combinados con alcohol tienen efectos muy negativos".
Calderón de la FAD también encuentra el lado positivo a esta crisis con respecto a los consumos. “Las crisis son un riesgo y una oportunidad. La sociedad de la máxima opulencia y el todo vale para divertirse de la pasada década, contrasta con la época de restricción que nos toca vivir ahora. Una crisis de este tipo obliga a la sociedad a la austeridad y probablemente hará que se modifiquen estos valores muy proclives al consumo”.
La crisis y el problema de la reinserciónLas desoladoras cifras de paro, que son por desgracia noticia un mes tras otro, son un efecto muy negativo para el panorama de la drogadicción, ya que dificulta la reinserción social de quienes han pasado satisfactoriamente por un proceso de rehabilitación, tras el comienza la búsqueda de empleo.
Los números son desalentadores. Un
70 por ciento de las personas afectadas conseguían empleo en el plazo de uno a dos meses; ahora, después de cuatro meses muchos siguen buscando. "Hoy, si cabe, se da mucha más importancia a la inserción sociolaboral. Hace tres o cuatro años las personas que habían sufrido problemas con las sustancias, no tenían apenas problemas para encontrar trabajo. En muchas ocasiones no se les pedía ni el currículo y además, la construcción asimilaba a gran parte de estos afectados", cuenta Fernando del Río.