La idea de su investigación ha sido elaborar un análisis exhaustivo sobre racismo y cine. Imagino que ha significado mucho más.
Lo cierto es que me he visto afectado anímicamente. Dado que se trata de una investigación, el autor se implica emocionalmente. En racismo es un problema íntimamente vinculado a la forma de ser del hombre. La realidad es que se trata de una constante muy difícil de erradicar que parte de una equivocada apreciación de los otros y de uno mismo.
Ha debido despertarle sensaciones gratas y otras no tan gratas.
Me alegra mucho haberlo escrito porque quería ver el panorama histórico y actual del racismo en todo el mundo. Es un tema que me atrae porque creo que cualquier investigación que suponga un acto de conciencia merece la pena. No son asuntos gratos pero son temas obligados. Me sorprendió que nadie hubiera tratado de una forma global el trabajo que han hecho grandísimos directores sobre este asunto tan ingrato e injusto. Pese a que no es un tema taquillero ni que atraiga a las masas, hay que reconocer que pusieron todo su empeño en denunciarlo.
¿Qué hay del impacto popular de este tipo de cine?
Se han abordado libros sobre el racismo, sobre todo del Holocausto, pero no de forma global. He hecho averiguaciones históricas que luego me ha confirmado el cine. Es decir, el cine ha refrendado hechos muy execrables. Han tenido repercusión películas de grandes producciones, como “Arde Mississippi” o “En el calor de la noche”. Se trata de títulos en los que extrañamente el productor ha concedido un voto de confianza al cineasta. El resto es un cine muy minoritario que casi siempre parte de un testimonio estremecedor e, incluso, que han vivido los guionistas o los autores de la idea original.
Habla de que los 90 es la década con más producciones sobre este tema. Pero, ¿qué hay del siglo XXI?
En los 90 es la década con más producciones: concretamente 27. En el siglo XXI, sin duda “Hotel Rwanda” ha representado un maravilloso punto de inflexión. Se trata de una película con una gran fuerza y un ejemplo de cine de denuncia, que es muy necesario y que espero que se siga haciendo. Estamos en un receso pero confío en que podamos disfrutar del punto de vista crítico de muchos cineastas.
¿Con qué no se ha atrevido nadie todavía?
Hay un cine urbano que se necesita hacer sobre todo en España. Se ha retratado con directores como Uribe o Armendáriz, pero se trata de pequeños retazos sobre el racismo aquí. Es necesaria una película que trate todos los brotes racistas que hay en España: desde el racismo urbano, el más íntimo, el rechazo al otro, al inmigrante hasta el de los neonazis. Quizá nosotros no seamos tan capaces de ejercer una autocrítica como lo son los norteamericanos. Al cine español le falta ejercer esa crítica para que funcione el sistema social. Es una de nuestras asignaturas pendientes.
La temática mayoritaria en EEUU, según su estudio, es el racismo sureño. ¿Por qué ha interesado tanto?
Estados Unidos tiene la historia racista más intensa y sistemática. Se ha hablado mucho del Tercer Reich pero no tanto del racismo de los EEUU con los indios y los esclavos. Esa cultura del rechazo viene de un concepto romántico en el peor sentido, como nacionalismo extremo. Los colonos del siglo XVIII se creían herederos de una superioridad frente a otros pueblos. Es lo que ellos llamaban en el Congreso de los EEUU “Destino manifiesto”, es decir, un pueblo que se creía tocado por la mano de Dios para exterminar a los que ellos creían otras razas inferiores si se interponían en su camino de dominar el mundo. Con el paso de los años eso cala muy profundo.
Sin embargo, producciones norteamericanas sobre la islamofobia o la comunidad latina escasean.
Los cineastas norteamericanos se han ceñido a la realidad que conoce el pueblo. El islam no lo conocen por lo que no lo tratan. Su realidad, su imperio, su unión de los Estados y las razas con las que se han topado han captado su atención. Es cierto que los latinos, sobre todo los de la frontera con México, acaparan cada vez más su atención. Cuando en 1830 se habla de la conveniencia o no de anexionar México a los EEUU ya por aquellos años plantean la idea de frenar su expansión porque los norteamericanos no querían mezclar su raza. Pero no hay duda de que la realidad se va imponiendo.
Donde ha ocurrido un genocidio, la tendencia es que sea un escenario más proclive para producir este tipo de películas. ¿Qué hay de Alemania?El dolor que aún tiene el pueblo alemán hace muy difícil abordar el tema del Holocausto sin provocar un dolor colectivo. No sólo cineastas no alemanes no se atreven, tampoco lo hacen los propios germanos. Debe pasar tiempo.
¿Son también más proclives si han sido testigos o protagonistas de algún acto de racismo?
Hay un ingrediente en muchos cineastas que parte de una experiencia propia y de una necesidad de dar respuestas. Son ensayistas detrás de las cámaras. Realizan un cine de tesis que propone un estado de la cuestión que nace de un contacto con la realidad o de un testimonio. Pero sí creo que aparte de que haya un ingrediente genético, religioso o familiar, hay otros cineastas que han percibido en un momento dado una realidad que no les ha gustado y se han implicado sin tener una vinculación directa.
¿Con qué películas se queda?
Del exterminio indio, “El gran combate” porque John Ford - emblema de la supremacía, del vaquero de raza aria y dominador de razas inferiores- se da cuenta en el año 64 de que se ha equivocado y filma una retractación de este asunto. Del tema africano, “Atrapa el fuego”, con Tim Robbins, plantea qué situación se vivía en el Mozambique de los 80 y cómo se había segregado a toda la raza negra. Del racismo de los Balcanes, recomiendo mucho “Savior” dirigida por Pedrag Antonijevic y producida por Oliver Stone. Y del Holocausto, hay una serie que se llama “Holocausto” del año 78, aunque también es redonda “La lista de Schindler” de Steven Spielberg.