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Estrategias contradictorias

lunes 09 de marzo de 2009, 23:13h
Tras las elecciones del pasado 1 de marzo –con el limpio y claro triunfo del PP en Galicia y el tan ambiguo como esperanzador resultado en el País Vasco- las dos cuestiones que han ocupado preferentemente a los medios de comunicación durante la semana pasada han sido la de la formación del futuro Gobierno vasco y la nueva fase del sumario abierto por el juez Garzón contra diversos dirigentes del PP. Dos cuestiones aparentemente bien distintas y diferenciadas entre sí que, lógicamente, obligarían al PSOE a elegir entre dos estrategias totalmente contradictorias aunque todo hace pensar que tratará de hacerlas compatibles, al menos por el momento.

Nadie ignora ya que el sumario de Garzón responde a la estrategia diseñada por el PSOE y sus aliados desde finales de 2003 y simbolizada por el Pacto del Tinell, que pretende excluir al PP de la vida política, presentándolo ante la opinión pública como un partido político apestado y corrompido con el que no se pueden tener ningún tipo de trato. El juez que, en su momento, militó e hizo campaña electoral contra el PP, sigue en el mismo empeño utilizando ahora tan aviesa como incompetentemente los instrumentos de que dispone como magistrado. La colusión entre el Poder Judicial, por él representado, el Poder Ejecutivo (el entonces ministro de Justicia), la Policía y la propia Fiscalía se ha exhibido coram populo con motivo de la famosa cacería, aunque la enemistad manifiesta de Garzón contra el PP no necesitaba de tales pruebas porque “cantaba” por sí sola. Esa animadversión era bien conocida, dada la trayectoria del mediático juez (más estrellado que estrella), y sería causa suficiente de recusación, a falta de inhibición, en cualquier país donde el Estado de Derecho fuera una realidad actuante.

Otra cosa es que las capacidades de Garzón como instructor de sumarios estén muy alejadas de lo exigible en un juez competente e imparcial, según muestra esa misma trayectoria. La técnica de la filtración al medio más propicio –siempre el mismo- con la consiguiente violación del deber de secreto y el olvido culpable de la presunción de inocencia no son sino variantes modernas de aquella máxima insidiosa: calumnia que algo queda.

Los resultados electorales vascos, con la necesidad para el PSE-PSOE de recurrir al PP para conseguir que su líder, Pachi López, pueda llegar a ser lehendakari exigirían descartar pública, contundentemente y con hechos y gestos esa estrategia de exclusión del PP a que responde la garzonada. Los socialistas vascos –y en buena lógica todo el PSOE- deberían declarar que del mismo modo que desean dar por cerrada la etapa de hegemonía nacionalista ( y eso lo ha explicado muy bien López) también se proponen dar por cerrada la etapa del “cordón sanitario” contra el PP. Pero de esto último no hemos oído nada, como si solo se tratara de conseguir los trece votos populares y después… si te he visto no me acuerdo. El PSE-PSOE, desde que eliminó, por mandato de Madrid, a Redondo Terreros por su “pecaminoso” entendimiento con Mayor Oreja, hace hora siete años, ha emprendido una trayectoria que inspira muy poca confianza. Han usado los socialistas vascos como texto de cabecera, al igual que Zapatero, aquel libro titulado “El futuro ya no es lo que era” y fueron ellos los que más insistieron para que se iniciara con ETA aquel famoso, triste y fracasado “proceso de paz”. Después han rectificado y han abandonado –al menos en apariencia- aquel suicida apaciguamiento, pero no les hemos oído ni una sola palabra no ya de perdón ante toda la opinión pública sino ni siquiera la mínima explicación de aquel garrafal error que, mientras duró, fue el más grave desafío al Estado de Derecho que se ha vivido en esta democracia.

A partir de todos estos precedentes, ¿se puede considerar fiables a los socialistas vascos? El PP ha planteado como su prioridad estratégica que el PNV abandone el poder desde el que, tras treinta años ha creado una red clientelar corrupta y antitética de cualquier criterio democrático. Va a ser difícil democratizar –porque eso es lo que hay que hacer- a un País Vasco al que, tras tres décadas, todavía no ha llegado la normalidad democrática. Y para eso el PSE-PSOE solo puede contar con el PP. Compleja tarea porque ese mismo PP es la oposición a nivel nacional y en un momento como este de profunda crisis económica y ante un Gobierno manifiestamente incompetente, más allá de eventuales y fugaces acuerdos concretos es impensable un gran pacto nacional, como el que quizás sería necesario en una situación como la presente. Pero Zapatero no tiene hechuras para tal empresa. ¿Volverán a caer los socialistas vascos en los brazos del PNV como en tantas otras ocasiones? Nada se puede excluir porque la acusación de un “frentismo españolista” hace mucha mella en muchos de ellos. Aunque la crítica venga de los que, con el Pacto de Estella, no vacilaron en hacer frentismo con los terroristas. Si además tenemos en cuenta que Zapatero puede necesitar imperiosamente los votos del PNV en el Congreso de los Diputados, la cosa se complica aún más. Lo que está claro es que el PP no puede dar un cheque en blanco. Solo un acuerdo escrito podría garantizar, al menos en una primera etapa, el viejo principio romano: Pacta sunt servanda.
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