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La economía brasileña ante la crisis financiera internacional

Julimar da Silva Bichara
martes 10 de marzo de 2009, 00:24h
La idea de que los países emergentes de mayor dinamismo económico, los llamados BRICs (Brasil, Rusia, China e India) estarían aislados de las consecuencias negativas de la actual crisis financiera internacional ha desaparecido. Se empiezan a observar los primeros efectos del contagio internacional a través del lado real de la economía, es decir, por la reducción de la demanda externa, la restricción del crédito y un deterioro de las expectativas y, por consiguiente, reducción de la actividad económica e incremento del desempleo. En Brasil no ha sido diferente, a pesar de que el crecimiento económico de 2008 alcanzó el 5,2 por ciento, frente al 5,4 por ciento de 2007, aunque todo indica que este ciclo de crecimiento acelerado iniciado en 2004 sufrirá una interrupción. La cuestión clave se refiere a las dimensiones temporales y a la intensidad de esta crisis, sobre todo, en la economía internacional. El análisis, por lo tanto, de las consecuencias de la crisis financiera en Brasil debe considerar dos aspectos relevantes, la evolución de la economía internacional y de la demanda interna.

El ciclo de crecimiento brasileño (2004-2008), así como el de los países latinoamericanos, ha sido impulsado desde la demanda exterior, protagonizado por el fuerte incremento de los precios de las materias primas y de las exportaciones, sobre todo, a China, que se ha transformado en muy poco tiempo, en uno de los principales socios comerciales de la región. Por lo tanto, una cuestión clave para evaluar las perspectivas futuras de la economía brasileña es entender como la crisis económica afectará a los países asiáticos y, especialmente, a China.

Sin embargo, Brasil tiene sus particularidades, que deberían ser analizadas para entender mejor las dimensiones que puede alcanzar la crisis en este país. Interesa analizar la evolución de la producción industrial, del mercado de trabajo, del saldo exterior y de la demanda interna, en donde se observan las primeras señales de desaceleración. En lo que se refiere a la producción industrial, en el mes de diciembre de 2008, según el IBGE, la contracción ha sido del 12,4 por ciento respecto al mes de noviembre; y del 14,5 por ciento en el total del año; lo que se revela como el peor desempeño de la industria brasileña desde 1991. Por otro lado, aunque se ha incrementado el empleo formal y la renta real de los trabajadores, las perspectivas son preocupantes, puesto que la confirmación de la desaceleración de la actividad productiva impactará de forma negativa en el mercado de trabajo. De hecho, algunas grandes empresas ya han puesto en marcha planes de ajuste de plantilla: Volkswagen Brasil ha anunciado el despido de 1.633 trabajadores y ha dado excedencia de un mes a otros 900; la multinacional brasileña Embraer, gigante del sector aeronáutico, ha anunciado el despido de 4.270 trabajadores, equivalente al 20 por ciento de su plantilla; Volvo de Brasil, otros 430, etc.; además, según el DIEESE, la tasa de desempleo abierta de las 6 mayores zonas metropolitanas del país presentan los primeros signos de crecimiento del paro, del 12,7 por ciento en diciembre hasta el 13,1 por ciento en enero de 2009.

El saldo exterior ha mejorado en el último trimestre, sobre todo a causa de una fuerte desaceleración de las importaciones y del incremento relativo de las exportaciones (resultado de la devaluación cambiaria y de los incentivos a la exportación impulsados por el gobierno); sin embargo esto también refleja un señal inequívoca de enfriamiento de la actividad económica en Brasil.

Por lo tanto, considerando este contexto general de crisis internacional y desaceleración de la actividad económica brasileña, sólo le quedará a Brasil la evolución de la demanda interna, que podría funcionar como un atenuante y convertirse en un instrumento dinámico de recuperación económica. Su evolución, reflejará la capacidad de recuperación a través de fuerzas autónomas y endógenas. Para ello son importantes las políticas de expansión del crédito tomadas por el gobierno, la continuidad del plan de inversiones en infraestructuras (el PAC), y el fortalecimiento de la políticas sociales, como el salario mínimo, el programa “beca familia” y la ampliación de la prestación por desempleo. Sin embargo, las expectativas siguen siendo negativas. Algunos analistas brasileños prevén que la crisis no se notará de forma muy acentuada en Brasil; sin embargo, todo dependerá de la dinámica de la demanda internacional y de la capacidad de la demanda interna sustituir la demanda internacional. En cualquier caso, todo indica que las consecuencias serán menos intensas que en el mundo desarrollado.
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