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País Vasco: pensar a largo plazo

martes 10 de marzo de 2009, 22:27h
Las decisiones que hay que tomar para formar Gobierno en el País Vasco se lo ponen muy difícil a todos los partidos. Empecemos por el que ha obtenido más votos y escaños, el PNV. Ibarretxe no puede reeditar el tripartito porque los votos de sus hasta ahora socios (EA y EB) no suman la mayoría necesaria en el nuevo Parlamento, ni siquiera aunando los de Aralar en una especie de frente nacionalista. Así que su única opción factible (si damos por supuesto que el acuerdo con el PP y con UPyD es ideológicamente inviable) es contar con el apoyo del PSE, pero esta solución tampoco parece fácil y esta puerta está de momento cerrada. Si el PSE diera sus votos para la investidura a Ibarretxe, lo que en el domingo electoral se vio como una victoria socialista se transformaría rápidamente en una derrota, no sólo del PSE sino del PSOE a nivel nacional, pues no hace falta recordar el resultado de las elecciones gallegas. Además, cualquier acuerdo del PSE con el PNV -y más si es para mantener a Ibarretxe en la Lehendakaritza- sería explotado por el PP como una entrega de los socialistas a los nacionalistas, como una sumisión enmascarada del PSOE al Plan Ibarretxe. La crítica del PP no se quedaría en algo circunstancial sino que sería un elemento clave de su campaña en las próximas elecciones generales, para lo que removería también los casos de Cataluña y Baleares, donde el PSOE gobierna con partidos nacionalistas radicales.

Apoyar a Ibarretxe tendría presumiblemente un coste electoral demasiado alto en el conjunto de España para el PSOE y, además, si Patxi López no gobierna, la sensación que se generaría en la opinión pública es que el PSOE ha perdido dos importantes elecciones, las gallegas y las vascas. A esta sensación de derrota se podría sumar un resultado no muy positivo en las próximas elecciones europeas, que se celebrarán dentro de tres meses. Si a todo esto le añadimos los pésimos indicadores económicos que la crisis va dando a conocer cada día, incluido el muy preocupante del paro, y las previsibles dificultades que el PSOE encontrará en el Parlamento para sumar mayorías que saquen adelante sus proyectos de ley, incluidos los presupuestos (el BNG, por ejemplo, ya empieza a marcar distancias), podemos estar ante una segunda parte de la legislatura muy movida, incluso no es descartable un adelanto electoral.

El PP podría jugar esta baza y 1) negar finalmente sus votos a Patxi López para la investidura alegando que no hay una verdadera voluntad de cambio y que el PSE va a continuar las políticas nacionalistas, y 2) apoyar a Patxi López para dejarlo caer después; esto obligaría a López a disolver el Parlamento o a ponerse en manos del PNV, lo que sería utilizado por el PP como una confirmación de sus planteamientos.

López y el PSOE están, por tanto, en el dilema de arriesgarse a un apoyo siempre condicional y frágil del PP o de arriesgarse al coste electoral que un acuerdo con el PNV pudiera tener, el cual sin duda sería mucho mayor si es el PNV quien encabeza el nuevo Ejecutivo vasco, de ahí que la apuesta más clara ahora mismo es dejar que Ibarretxe se choque contra la realidad de su falta de apoyos en el nuevo Parlamento y se tenga que abrir la opción de un Gobierno del PSE. Patxi López lo seguiría teniendo muy difícil no para conseguir ser Lehendakari sino para gobernar, pero la pelota estaría entonces en el tejado del PP y del PNV. ¿Prefiere el PP un Gobierno vasco dirigido por los socialistas pero en coalición o con apoyos del PNV o prefiere un verdadero cambio que aparque algunas de las políticas peneuvistas? ¿Y prefiere el PNV un Gobierno dirigido por los socialistas pero en coalición o con apoyos del PP que de un giro a las políticas nacionalistas de estos últimos años o prefiere condicionar desde dentro o desde fuera un Gobierno dirigido por los socialistas?

Cada uno hará su cálculo electoral y tomará sus opciones, pero también es posible plantear las cosas de otra manera y más a largo plazo. El PNV debería replantearse si la vía soberanista lleva a alguna parte o es una vía muerta que sólo se mantiene paradójicamente viva por las muertes que causa ETA. Una larga temporada en la oposición, alejado de los resortes del poder, puede ayudar a los militantes del PNV a plantearse seriamente esta cuestión y abrir una vía claramente autonomista y fielmente constitucionalista. CiU está en Cataluña haciendo su travesía del desierto, aunque a veces acentuando la retórica y los gestos del nacionalismo independentista. La situación, no obstante, es diferente porque allí un partido independista, ERC, mantiene a los socialistas en el Gobierno, y esto condiciona un verdadero autonomismo.

Por su parte, El PP debería plantearse si en una cuestión tan fundamental como es el papel que el nacionalismo independentista tiene en España, se puede jugar con cálculos electorales cortoplacistas. Si finalmente apuesta por el cambio en el País Vasco, esta apuesta debe ser firme y no sólo para permitir gobernar al PSE durante esta legislatura, sino seguramente para permitir que gobierne también la próxima.

Si el PSOE se decide finalmente a gobernar el País Vasco con los votos populares, habrá asumido un riesgo muy grande a nivel nacional para la estabilidad parlamentaria de las presentes Cortes. Los dos grandes partidos, PSOE y PP, deberían atreverse a pensar en grande, a pensar a largo plazo y aprovechar la crisis económica para un gran acuerdo, cuyos puntos esenciales esbozamos brevemente:

1) Reformas económicas de calado que permitan luchar contra la crisis económica, con dos objetivos claros: a) paliar la situación de los desempleados y garantizar unos mínimos del Estado del bienestar, e b) impulsar un cambio de modelo productivo hacia una sociedad del conocimiento, lo que implica una apuesta muy fuerte por una educación de calidad financiada con fondos públicos.
2) Regeneración de la vida pública, o dicho en roman paladino una buena limpia de toda la corrupción.
3) Reforma constitucional en el sentido del informe que preparó el Consejo de Estado durante la legislatura pasada. Un objetivo clave es actualizar el diseño del Estado autonómico teniendo en cuenta la realidad presente.
4) Reforma electoral. Los dos grandes partidos deberían pensar si quieren ir hacia un modelo bipartidista o hacia otro que permita la existencia de terceros partidos que condicionen las mayorías parlamentarias junto a los partidos nacionalistas.
5) Modernización de la justicia, que garantice la independencia de este poder del Estado.

La situación económica es suficientemente grave y esto tendrá consecuencias sociales evidentes como para que los dos grandes partidos no sean capaces de alzar la vista un poco por encima del horizonte de sus propios intereses inmediatos.
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