¡Olé los artistas valientes!
jueves 12 de marzo de 2009, 22:45h
El arte se viste de luces para denunciar sus sombras. Por primera vez unos artistas se atreven a coger al toro por los cuernos y poner las cosas en su sitio desde los adentros. El asunto se ha llevado peligrosamente hacia los terrenos rosas, donde los espontáneos toman partido planteando esta estocada en lo alto como un bajonazo, pero habría que sacarlo a los medios. Morante de la Puebla, Paco Camino y José Tomas no están hundiendo su acero en Francisco Rivera Ordóñez, sino en la autoridad competente que ha contribuido con su desacertado lance a frivolizar el escalafón. Venderlo como una guerra entre toreros y una falta de compañerismo es quedarse en la superficie del albero.
Su arriesgado envite lleva prendida una denuncia de mayor calado que es la banalización del arte en todas sus manifestaciones. Lo que ellos han tenido el valor de denunciar desde el planeta taurino es un clamor en los mentideros más íntimos de la música, las letras, la escena, la pintura, la danza, el cine… La terna ha puesto en evidencia lo que muchos artistas piensan y no se atreven a decir. A saber: no son los que están ni están los que son. Una cosa es ser un respetable profesional y otra haber sido tocado por los dioses. Habría que distinguir entre artista y artífice, pero en el redondel del arte, hoy más que nunca, triunfan los artífices. Fuera del ruedo, el hambre sigue dando cornadas.
No se puede pedir a los artistas que sigan asistiendo al bochornoso espectáculo desde la barrera. Están hasta el hoyo de las agujas de guardar un discreto silencio. Han salido al quite los toreros, pero tal vez entren al trapo músicos, escritores o pintores para expresar sin tapujos quienes son, artísticamente hablando, muchos de los que llenan plazas y salen por la puerta grande; que el arte es un toro encabestrado por los medios de comunicación y que en muchas ocasiones cornea al bulto; que en los carteles siempre figuran los mismos, privando al respetable de otras faenas; o que el rasero sea el espacio y el tiempo que se ocupa en el circo mediático. No es envidia ni resentimiento lo que mueve a los toreros puestos en entredicho en espacios que muestran querencia por la descalificación y el insulto, sino el amor al arte que profesan y la indignación ante el intento de trivializarlo desde las más altas instancias de un país. Su desplante a cuerpo limpio y sin engaño es también bravo, adjetivo que en el argot taurino implica nobleza. ¡Qué valientes son los toreros dentro y fuera de la plaza!