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No aprenden

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 23 de marzo de 2009, 21:51h
El chapucero y sorpresivo anuncio de la retirada de las tropas españolas en Kosovo es la última prueba, la demostración definitiva de la torpeza con que este Gobierno maneja cuanto se refiere a la política exterior. Después de cinco años, siguen sin aprender las más elementales reglas que rigen el comportamiento en la escena internacional, en la que se conducen como paletos introducidos por error en una recepción de gente de mundo. Su triste desmaña se parece a la inmensa torpeza del personaje encarnado por Peter Sellers en la película “El guateque” y provocaría la carcajada si no fuera porque golpea gravemente el buen nombre y el prestigio de España. Es bochornoso, además, que como cobertura de su ramplona incapacidad utilicen a unas Fuerzas Armadas, cada vez más UME-decidas y en franco proceso de desmilitarización, abocadas a convertirse en una ONG de uniforme. No dan una. Desde que llegaron al poder transitan por los ámbitos internacionales como extraños especímenes que no se enteran de la misa la media y que van a su bola, aunque nadie sabe cuál es esa bola.

Pocas veces lo han tenido más fácil. Con el apoyo de la oposición se negaron a reconocer la unilateral independencia de Kosovo. Era una actitud razonable, en primer lugar por el posible precedente que podría implicar esa acción y que fue aprovechado por Rusia, en cuanto se presentó la ocasión, para “independizar” a Abjacia y Osetia del Sur. Pero, sobre todo, porque suponía un abierto desafío a la legalidad internacional. La propia Resolución 1244 del Consejo de Seguridad, en la que se basa la creación de la KFOR por la OTAN en 1999, insiste en que Kosovo es parte de Serbia y recuerda el Acta de Helsinki, que estableció el principio de la intangibilidad de las fronteras europeas. Nada ha cambiado desde entonces en la normativa internacional. Otra cosa es que los Estados Unidos, por motivos nunca suficientemente explicados, se precipitara a reconocer al supuesto nuevo Estado, marcando una pauta seguida después por algo más de medio centenar de países. Por cierto que en el flamante Gobierno de Pristina son bien patentes las influencias no solo de la UCK, el grupo terrorista albanokosovar (para ellos grupo de “liberación nacional”), sino también de las potentes mafias allí residenciadas y, según algún analista, del yihadismo internacional.

A partir de estos supuestos, lo lógico es que el Gobierno de Zapatero hubiera anunciado desde el mismo 17 de febrero de 2008 -fecha de la unilateral declaración de independencia- su voluntad de retirar el contingente español, al haber cambiado drásticamente los supuestos del mandato de Naciones Unidas. Y entonces se debió emprender una negociación con los mandos de la OTAN para evitar que la retirada española afectara al objetivo de la seguridad y para establecer coordinadamente un calendario de evacuación. Nada de eso se hizo, salvo que las tropas españolas evitaron los contactos con las nuevas autoridades kosovares. Es falso, como dice la vicepresidenta, que “se supiera” que España iba a retirar su contingente, porque en la vida internacional las decisiones no “se saben” hasta que, en un caso como este, se negocian y se acuerdan. La prueba es la durísima reacción de la OTAN, de los EE UU y de la presidencia de la UE, de su Alto Representante, el socialista español Solana y hasta de Bernardino León... Reacciones suavizadas después en algunos casos porque eso es lo normal en diplomacia. Pero el daño ya está hecho y es toda una broma que el portavoz socialista Alonso haya dicho que España es un “socio fiable” porque, desgraciadamente, ya nadie cree en la fiabilidad de España como actor internacional, dada la conducta de Zapatero y sus adláteres.

¿Por qué hace estas cosas el Gobierno Zapatero? Una política exterior fuertemente ideologizada, que antepone los intereses de partido a los intereses nacionales y que es utilizada como un señuelo electoral es uno de los signos de identidad de este Gobierno desde el principio. Alguno de esos seis centenares de asesores (que, por cierto, no sé como caben en La Moncloa) le habrá dicho a Zapatero que en un momento como este en que el Gobierno hace agua por todas partes, que no sabe como hincar el diente a la crisis, que acaba de ser derrotado en Galicia y que tiene a la vista unas elecciones europeas traer las tropas “a casa”, como dice la ministra Chacón, puede arañar algunos votos. Entonces ¿para qué esperar una compleja negociación cuyos resultados pueden no conocerse hasta dentro de varios meses? Además, mientras se comenta lo de Kosovo pasará más inadvertida la seria advertencia del Consejo Europeo a España, acerca de la incapacidad de su Gobierno para tomar las medidas adecuadas para hacer frente a la crisis. Y a ver si se olvidan de que de cada diez nuevos parados europeos, nueve son españoles.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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