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Venezuela: una democracia semántica

jueves 26 de marzo de 2009, 21:52h
Aunque esta semana no se ha hablado de otro asunto que el protagonizado por la Ministra Chacón (uno de los integrantes destacados de la “Champions League” de Rodríguez Zapatero) y en espera de saber cómo va Patxi López a formar su Gobierno y a concretar, más importante que lo anterior, su programa de gobierno, la columna ha decidido saltar el charco.

Con tantísima letra impresa y la imposibilidad de asimilar tanta información, desconozco si alguien ha recurrido a Valle-Inclán para definir al Caudillo Hugo Chávez. En su madurez el enjuto autor gallego nos ofrece con su “Tirano Banderas” la culminación del esperpento. Define con rasgos grotescos la figura del dictador bananero en un libro magnífico que ha tenido su continuidad en novelas como “Señor Presidente”, “El otoño del patriarca” o “El recurso del método”. Con fresca acidez y con no disimulada brutalidad desguaza a Santos Banderas, Presidente de la República de Tierra Firme, tirano egoísta, demagogo, caprichoso, vengativo, sectario, atrabiliario, tramposo, carente de principios, fanfarrón pero cobarde.

Santos Banderas fue impuesto. Se impuso. Pero Hugo Chávez ganó unas elecciones. Y le gustó tanto el poder que, rompiendo con la sagrada tradición del constitucionalismo americano, ha conseguido quitar el tope o límite de mandatos de modo que es reelegible hasta que él quiera. Esa victoria pírrica la ha obtenido en un segundo referéndum que ya no se ha acomodado a las exigencias mínimas de cualquier consulta popular libre:

- No ha habido libre comunicación de ideas, pues los partidarios del “no” contaron con notables obstáculos, cortapisas e incluso medios económicos para defender su posición.

- No se ha dado la imprescindible igualdad de oportunidades entre los partidarios del “sí” y los del “no” para esa libre comunicación.

- No ha concurrido tampoco la igualdad de acceso a los medios públicos de comunicación. La desproporción ha sido absoluta.

El Caudillo Hugo Chávez ha roto los moldes históricos de Derecho Constitucional al instituir una democracia sui generis o una paradictadura con elecciones periódicas. Pero a los constitucionalistas nos gustan las calificaciones más expresivas. Y lo puede ser la de “democracia semántica”. Tomamos prestado de Karl Loewesteins el adjetivo. Según el profesor alemán, la Constitución semántica es aquella que, si bien plenamente aplicada, su realidad ontológica es la formalización de la existente situación del poder político en beneficio exclusivo de los detentadores del poder fáctico, que disponen del aparato coactivo del Estado. La conformación del poder está congelada en beneficio de los detentados fácticos del poder. Si no hubiese en absoluto ninguna Constitución formal, el desarrollo del proceso de poder no sería muy diferente. La Constitución semántica es aquí el instrumento para estabilizar y eternizar la intervención del dueño del poder. El traje, concluye, no es un traje sino un disfraz.

La democracia chavista es una democracia aparente, virtual, semántica, hecha a medida de un bonapartista de barrio, enterrador de la separación de poderes, caudillo de hierro que campea sobre los tres poderes de los que se sirve y a los que usa para sus fines y ocurrencias. Si se rasca un poquito en el régimen venezolano se percibe que la democracia es el disfraz del que se sirve su líder máximo. Es cierto que en algunos municipios o en algunos Estados ganó la oposición en las últimas elecciones, pero no molestan mucho y les sirve de coartada para mantener la apariencia de normalidad. No se sabe, sin embargo, que muchos de esos opositores electos no han podido tomar posesión de sus cargos o están imputados en procedimientos penales impulsados por fiscales provisionales (que son nombrados a dedo) o, en fin, se encuentran ahogados económicamente por la falta de transferencia de fondos o el bloqueo de las obras públicas que promueven. No hay una opción real de reversibilidad o alternativa en el poder. El acceso está bloqueado.

Ahora que tanto se habla de trajes, debemos empezar a desenmascarar los disfraces.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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