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Pacto por la libertad en Euskadi

sábado 28 de marzo de 2009, 01:57h
Las reacciones al acuerdo alcanzado el pasado jueves entre PP y PSOE para que Patxi López sea investido lehendakari no han aportado nada nuevo. Y no lo han hecho porque ya se conocía lo mal que le está sentando al nacionalismo en su conjunto -no importa de qué latitud- el que el pacto alcanzado en Euskadi pueda ser el comienzo de una nueva etapa. Porque, con independencia de las diferencias que separan a ambos partidos, PSOE y PP suman entre ambos más de veinte millones de votos. Traducido a aritmética parlamentaria, los españoles han decidido que 324 de los 350 escaños con que cuenta el Parlamento sean para ellos. Lo cual es extrapolable -aunque en menor porcentaje- a la cámara vasca, donde una mayoría no nacionalista podrá gobernar Euskadi por primera vez desde la llegada de la democracia.

Ninguno de estos argumentos convence a la actual dirigencia radical del PNV, para quien resulta inconcebible que un no nacionalista pueda gobernar en Euskadi. Bastaba escuchar ayer al peneuvista Josu Ercoreca para comprobar el resquemor que les produce esta situación. Al sentimiento de rabia por la pérdida del poder que creían sacralizado se une el temor de ver cómo puede empezar a desaparecer la tupida red de clientelismos políticos tejida durante más de un cuarto de siglo en la poltrona. Resulta por tanto gratificante ver cómo uno de los mecanismos más significativos de la democracia, la alternancia, se abre paso en quizá la parte de España donde más falta hacía. Hay mucho en juego. De lo que hagan PP y PSOE dependerá en buena medida que el nacionalismo note que a partir de ahora le va a resultar más difícil seguir con su vergonzante dinámica de chantaje irresponsable. Dicho lo cual, lo que salga de eses pacto por la libertad es importante que acierte y dure. Y para ello, hay que ganarse el respeto de la sociedad vasca, incluido el de la mayoría de los votantes nacionalistas. Por eso, sobrarán trágalas y revanchas y habrá que saber combinar una política de firmeza en la defensa de los derechos y libertades fundamentales con tolerancia y mano tendida. Será la mejor manera de facilitarle al propio PNV una digestión positiva de la que surja reforzada la línea autonomista frente a la soberanista. Ya suponemos que el camino no será fácil: el PSOE sufrirá en el Congreso de los Diputados, ya que el PNV le hará pagar allí su salida de Ajuria Enea. Con todo, debe resistir. No sólo por el bien de los vascos, que se merecen una bocanada de libertad, sino por el conjunto de España, ansiosa de ver un ejercicio de responsabilidad política en sus representantes. A quienes, por cierto, una mayoría abrumadora de la ciudadanía les han enviado el inequívoco mensaje de que les prefieren a ambos como socios constituyentes que a uno de ellos entregado a opciones nacionalistas radicales. Que tomen nota Blanco y Zapatero: a la postre, en los temas fundamentales, como es el de la estructura territorial del Estado y la política de libertades y derechos, ambos partidos están condenados a entenderse.
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