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la educación diferenciada a debate

Los colegios sólo de niñas o de niños, en el punto de mira del Gobierno

Castilla La Mancha, Baleares, Aragón, País Vasco, Cataluña y Cantabria son algunas de las comunidades autónomas que apuestan por retirar los conciertos a los colegios que desarrollan una educación diferenciada por sexos al considerarla discriminatoria. Está cerca la revisión de la financiación pública de los centros concertados y muchos ven las orejas al lobo. El debate de la educación diferenciada toca aspectos tan sensibles como la libertad de los padres a elegir el centro donde quieren educar a sus hijos, la financiación pública a colegios religiosos y los índices de fracaso escolar. EL IMPARCIAL analiza esta cuestión con expertos pedagogos, profesores y padres.
Recientemente la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, desveló las preferencias del Gobierno: “La coeducación es la mejor escuela”. En sus esfuerzos por consolidar la igualdad entre hombres y mujeres, el Ejecutivo elige la educación mixta frente a la diferenciada. Cabrera ha declarado que la LOE es “muy clara” en cuanto a las condiciones que deben reunir los centros para luchar contra la discriminación por sexo, raza o religión.

Como el Ministerio de Educación, el Gobierno cántabro ha enarbolado la bandera de la igualdad para retirar el concierto educativo a Torrevelo, un colegio masculino del Grupo Fomento, vinculado al Opus Dei. Este es un ejemplo que se repetirá en varias comunidades autónomas. Los ejecutivos se apoyan en la última sentencia del Supremo sobre este asunto que otorga a las administraciones educativas la competencia para mantener o rescindir conciertos a los centros de educación diferenciada. Esta decisión judicial difiere de anteriores sentencias de este Tribunal que en 2006 consideró que la educación diferenciada no es discriminatoria.
Ante esta situación, los directores de estos centros temen perder sus conciertos. El de Torrevelo, Gaspar Pérez, asegura que cumple con la LOE, la Constitución y la Convención de la Unesco. Por ello pide ser respetado y protegido por la Administración pública al igual que los colegios mixtos. Detrás de esta “campaña” está, según ellos, una preferencia ideológica, dado que la mayoría de estos centros son religiosos.

Joaquín Moreno, de la Federación de Sindicatos Independientes de la Enseñanza (FSIE), ha explicado a este periódico que este modelo “no deja de ser una opción más que responde a una demanda social” y ha rechazado vincularlo a cualquier connotación sexista. Para FSIE tanto la educación diferencia como la coeducación “deben de ser compatibles en un sistema democrático”. Moreno ha subrayado que “las preferencias ideológicas o pedagógicas de un Gobierno no pueden condicionar la concesión de conciertos”. No es a su parecer constitucional la idea de quien quiera un modelo de educación diferente del público que se lo pague porque “sin financiación no hay igualdad de oportunidades y sin igualdad no hay libertad”. En su artículo 27, la Carta Magna exige que los poderes públicos garanticen el derecho de los padres para que sus hijos reciban la formación de acuerdo a sus convicciones y ayudar a los centros que cumplan los requisitos establecidos por la ley.

Sin embargo, la portavoz de la Confederación de Sindicatos de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza (STEs), Isabel González López, ve discriminación en este modelo y considera que, por ello, “no puede financiarse con fondos públicos”. STEs opina que este sistema “va en contra de la realidad de la sociedad en la que hombres y mujeres aspiramos a convivir en igualdad”.

¿Discrimina o diferencia?
En el debate sobre este modelo educativo se enfrentan de forma clara estas dos posturas en torno a la idea de la separación por sexos: unos la consideran discriminatoria y para otros permite respetar la disparidad entre chicos y chicas. Todos ellos enarbolan la bandera de la igualdad para rechazarlo o defenderlo.

Entre los detractores, la portavoz de STEs ha indicado que este modelo “reproduce el sexismo que queremos erradicar, perpetúa las desigualdades y nos ancla en el pasado” y ha calificado a sus defensores como defensores de “las viejas ideas ultraconservadoras de siempre”. Para González “resulta desconcertante determinar qué tiene de innovador un modelo educativo que no es capaz de crear en las aulas lo que deseamos para la sociedad”.

Por su parte, la presidenta de la Asociación Europea de Colegios de Educación Diferenciada, EASSE, María Calvo Charro, asegura que “este tipo de centros atienden a las problemáticas propias de cada sexo, y buscan alcanzar el mayor desarrollo personal y mejorar su rendimiento académico”. Calvo reconoce que chicos y chicas “son iguales pero diferentes en su forma de aprender”.
Para sus defensores, esta educación respeta el diferente ritmo cognitivo y de maduración de los alumnos. Según una reciente investigación británica, las alumnas que estudian en aulas mixtas sacan peores notas que las que acuden a colegios femeninos. Al parecer, al estudiar junto a chicos muchas de ellas se distraen.

Muchos chicos, opinan expertos que están a favor de este sistema, tampoco obtienen un buen rendimiento porque pueden sentirse frustrados ante la superioridad de sus compañeras que han comenzado a desarrollarse antes que ellos. En algunas clases mixtas se impone incluso el llamado “ideal femenino” por el que el profesor exige a los niños, más activos y “despistados” que las niñas, ser igual de ordenados, puntuales y obedientes que ellas.

Este argumento no convence a Isabel González de STEs que se cuestiona hasta qué punto es verdad este estudio porque considera que en muchas ocasiones las niñas, más maduras, animan a los niños a mejorar su rendimiento académico. Además, la portavoz sindical rechaza una “escuela que pretende poner el rendimiento académico al margen del desarrollo integral de todas las capacidades humanas del alumnado”.

¿Una vuelta al pasado?
Debate a parte, lo cierto es que muchos de los países que tradicionalmente han apostado por la educación mixta, Inglaterra, Estados Unidos, Filandia y Alemania, están volviendo a la formación específica por sexos.

La psicopedagoga y profesora de Antropología de la Universidad CEU San Pablo Patricia Martínez, ha explicado a EL IMPARCIAL que “se trata de una cuestión psicobiológica y no ideológica o religiosa”. La neurociencia y neurobiología han comprobado que los cerebros de los hombres y mujeres se distribuyen de forma diferente. En el femenino cobra importancia el sistema límbico, también llamado cerebro medio, que desarrollan más intensamente el campo sensible y afectivo. Mientras que, en el masculino, más lateralizado, se concentra más en la faceta espacio temporal. “Esta diferencia no se percibe en la primera infancia (7-12 años) pero sí en el Bachillerato con la preadolescencia cuando, a partir de su primera regla, las niñas experimentan un proceso de maduración muy rápido” frente a los niños que evolucionan de más lentamente. Durante varios años, desde los 12 hasta los 16 años aproximadamente, las chicas destacan en el conjunto de la clase y se convierten en las “empollonas”. A partir de cierta edad, justo antes de acceder a la Universidad, el rendimiento académico se iguala.
Ante esta situación, algunos expertos recomiendan separar por clases a los alumnos durante los años de la adolescencia y preadolescencia para concentrarse en su rendimiento académico y juntarlos en las zonas de recreo para fomentar su sociabilización. Este sistema se está desarrollando en algunas escuelas de Estados Unidos.
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