Musa, madre, “femme fatale” y deidad. La imagen de la mujer ha estado siempre presente en la obra de todos los artistas a lo largo de la Historia del Arte. Y no ha sido menos para Joan Miró. Las composiciones del pintor catalán son un fiel reflejo del empeño de todos los creadores, desde Picasso hasta Klimt, por captar la verdadera esencia femenina. Por este motivo, la fundación Pilar i Joan Miró y Bancaja han organizado la muestra “Joan Miró. Evocación de la imagen femenina” que realiza un recorrido por la obra del pintor a través de 157 piezas, algunas nunca expuestas.
Con motivo del
25 aniversario de la muerte del pintor Joan Miró (Barcelona 1893- Palma de Mallorca 1983), las fundaciones Pilar i Joan Miró y Bancaja han organizado la exposición
“Joan Miró. Evocación de la imagen femenina” que rastrea las huellas de la obsesión del pintor catalán por recrear el universo femenino. La muestra, que estará abierta al público hasta el 21 de junio en Valencia, está compuesta por 157 piezas, entre obras de Miró, objetos originales de los talleres del artista, recortes de prensa y tarjetas postales.

“Joan Miró. Evocación de la imagen femenina” repasa todas las facetas de la
mujer mironiana. Su producción está cargada de desnudos, bailarinas, mujeres bañadas por el agua y seducidas por pájaros o estrellas. Sugiere una mujer “juguete”, activada con cuerda o con un mecanismo de rueda, como en
Danseuse. La muestra refleja “el interés surrealista por la mujer-niña, más próxima a la naturaleza, más pura” afirma María Luisa Lax, comisaria de la exposición. Pero la producción de Joan Miró también evoca a la
femme fatale con todo su erotismo y poder de seducción.
Esta
vertiente erótica y sexual de la mujer mironiana es la que destaca el pintor Robert Motherwell, figura destacada del expresionismo abstracto, al afirmar que en las pinturas de Miró “nada sexual se reprime o se describe de manera circunspecta, los penes son grandes como mazas o tan pequeños como cacahuetes, […] los pechos son redondos y grandes, pequeños en forma de pene, ausentes, dobles, cuádruples, montañosos y generosos, suspendidos o volantes, plenos o vacíos, las vaginas existen en profusión en todos los tamaños y formas, ¡y el pelo!, el pelo está en todas partes […]”. Un claro ejemplo de esta afirmación es
Sin título 1972, un cuadro de nueve metros de largo pintado con tinta china en la que el pecho femenino cobra todas las formas imaginables.
Siendo la mujer un elemento tan importante en la obra de Joan Miró, no lo fue tanto
su mujer, Pilar, la cual le reprochaba de manera constante el poco protagonismo que el artista le daba en sus obras. Sin embargo, en el reverso de
Sin título1936, regalo a su esposa por el aniversario de su boda, se puede leer: “Pour Pilar, de tout coeur” (“Para Pilar, de todo corazón"), reflejo del amor que éste le profesaba.
Las diferentes
influencias que recibe el pintor catalán a lo largo de toda su vida van modelando toda la imagen de la mujer, tanto en la pintura como en la escultura. Desde los desnudos de 1917, en los que el artista dibujaba a las bailarinas del barrio del Paralelo al salir de sus clases en el Círcol Artístic de San Lluc de Barcelona, hasta las pinturas de mediados de los 50, en las que el artista va cediendo terreno a una
imagen más imprecisa y evanescente de la figura femenina, cargada de simbolismo y representaciones metafóricas.
Las otras mujeres del arteAl igual que para Miró, las figuras femeninas han sido el tema central en la obra de muchos artistas. El motivo de la mujer siempre ha estado rodeado de significados míticos y simbólicos.
Un claro ejemplo es
Gustave Klimt (1862-1918), pintor austríaco que ganó fama de retratar a mujeres hermosas. En su obra es frecuente el uso de la alegoría de la
femme fatale como en
Judit I (1901), en la que representa a una mujer sensual, que mira a los ojos y se cubre de forma provocadora los pechos y hace olvidar la imagen de la verdadera Judit que salvó a los judíos de los asirios dando muerte a Holofernes.
Johannes Vermeer (1632-1675), en cambio, no representa a una mujer fuerte y guerrera. Las mujeres del pintor holandés se presentan tranquilas, en ambientes iluminados de forma suave y sutil. Es
la mujer como madre, como esposa y trabajadora. Sin embargo, en
La joven de la perla demuestra que no es sólo un pintor de encantadoras escenas costumbristas y aporta a la protagonista un aire de
misterio y extraña sensualidad.
En el extremo opuesto a Vermeer se encuentra
Egon Schiele (1890-1918) para el que la mujer y su erotismo innato sirvieron como excusa para sumergirse en las profundidades del espíritu y la vulnerabilidad humana. Sus cuadros perturban casi un siglo después de haber sido pintados.
A
Pablo Picasso (1881-1973) le gustaba explorar los límites de la sexualidad, uniendo el sentimiento de violencia elemental con la manifestación erótica.
Gran amante de las mujeres y de la vida, el pintor llegó a decir en una ocasión “las mujeres son máquinas para sufrir”. La figura femenina despertaba en el genio malagueño un gran impulso creativo. Fiel al cubismo, desfiguraba de manera compulsiva la fisonomía femenina.