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LOS TALLERES FAMILIARES SOBREVIVEN A LA CRISIS GRACIAS A LOS PROYECTOS A LARGO PLAZO

La tercera generación de orfebres mantiene el trabajo tradicional de la plata

martes 07 de abril de 2009, 01:18h
La plata salida de los talleres de orfebrería ha envuelto, un año más, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en toda la geografía española e, incluso, ha traspasado nuestras fronteras. El oficio ha pasado de padres a hijos y, en muchos casos, alcanza ya a la tercera generación. Por Cristina Carbón.
De sus manos han salido auténticas piezas de museo que en estos días procesionan por toda la geografía española. Llevan años entregados al trabajo del metal, un oficio que aprendieron de sus padres y que legarán a sus hijos. Trabajan la plata con el mimo del aprendiz y, al mismo tiempo, con la determinación que aportan décadas de cincelado.

La labor de los orfebres se hace más visible en estos días, si bien hay “faena” para todo el año. Los pasos de plata, candelabros, coronas, insignias… que lucen en Semana Santa por las calles son el fruto de un esfuerzo sostenido a lo largo de doce meses.

Maqueta de una corona de los hermanos Delgado. Cristina Carbón Un trabajo en equipo que parte del dibujo
La obra de arte nace en el momento en el que la Hermandad –ya sea de Penitencia o de Gloria- se pone en contacto con el taller. En esta primera reunión “es básico captar el estilo de la corporación, la idiosincrasia, qué es lo que busca”, afirma Paco, de Orfebrería Villarreal.

De ello dependerá el acierto de los bocetos que luego se transformarán en multitud de proyecciones de cada parte y despieces técnicos, incluso en maquetas, con el objetivo de que quien hace el encargo se haga una idea lo más exacta posible de cómo quedará el trabajo final.

El dibujo es esencial, puesto que funciona a modo de plano. No se trata sólo del trabajo en plata, sino de todos los elementos que componen el proyecto como, por ejemplo, la carpintería de la estructura.

Un orfebre cincela en el taller de orfebrería Villarreal. Cristina Carbón Ello permite dividir el trabajo y repartir las tareas entre los empleados, especializados en cada uno de los “sub-oficios” que conviven en un taller de orfebrería.

La labor del cincelado y el repujado es la más conocida, pero no la única. El diseño de la pieza se “pica” sobre el metal (oro, plata y algunos materiales no nobles como el cobre, el latón y la alpaca), y se abulta por el revés para dar los últimos trazos por el derecho.

Cuando la plata ya está labrada tiene que pasar por la lampistería, donde se ensamblan las distintas piezas que conforman el conjunto.

De ahí, pasan a la pulidora, donde se eliminan los arañazos y se da brillo al metal para que, finalmente, tome el baño de plata o de oro.

Un arte que cruza fronteras
La orfebrería, al igual que las procesiones de Semana Santa, ha trascendido los límites geográficos imaginables. Los talleres con más trayectoria, asentados en su mayoría en Sevilla, reciben encargos no sólo de las hermandades andaluzas, sino de toda España y, cada vez más, del extranjero.

Es el caso del taller de orfebrería de los Hermanos Delgado, donde este año han trabajado para Miami. El lazo de unión entre ambos continentes no es otro que un sevillano que un día tuvo que cruzar el Atlántico y que ha querido exportar sus costumbres. Se trata de una Hermandad de la Macarena que este año ha recibido, desde el corazón de la capital hispalense, varios enseres de plata, entre ellos, un juego de ciriales.

Carreta de la localidad sevillana de la Algaba, obra de Orfebrería Villarreal. Rafael Campano Y después de Semana Santa, el Rocío
El arte religioso, que permite que la orfebrería tradicional perviva, abarca mucho más que el ajuar de las corporaciones de Semana Santa.

El Corpus Christi, las hermandades de Gloria y el Rocío generan una gran cantidad de trabajo que permite a los orfebres mantener la actividad tras el Domingo de Resurrección.

Lo saben bien en Orfebrería Villarreal. Desde que en 1954 Manuel Villarreal fundara su taller en el barrio de Triana, esta familia de artesanos puede llevar a gala que de sus manos ha salido el mayor número de carretas de España. Los Simpecados de Murcia, Almería, Camas (Sevilla)… son sólo algunos de los que cada año hacen el camino envueltos por la plata de estos orfebres.

La crisis aprieta pero no ahoga
Los hermanos Delgado llevan trabajando la plata desde 1985. En estos 24 años el arte de la orfebrería ha llegado a su tercera generación. Los actuales maestros bebieron el oficio de su padre, José Delgado García, y del mismo modo se lo han transmitido a sus hijos, que ahora les acompañan en el oficio.

Su trayectoria está marcada por el palio de la Hermandad de la Resurrección de Sevilla (1992). “El paso de la Virgen de la Aurora fue casi nuestra tarjeta de visita”, si bien entre la nómina de obras de estos orfebres sevillanos también destacan los respiraderos y la peana de la Virgen del Rosario (Hermandad de Monte-Sión, Sevilla) o la restauración del palio de la Macarena.

A día de hoy, a los hermanos Delgado la crisis les empieza a inquietar. “Lo que preocupa es el trabajo después de Semana Santa, porque somos nueve y hace falta mucho dinero para mantener el taller”, reconocen los hermanos Ángel, José y Francisco Javier.

Los encargos no han faltado, si bien este año han notado un descenso “considerable” en la actividad. “Son trabajos muy costosos, y las Hermandades tienen recursos limitados”, explican los hermanos Delgado, quienes reconocen que “hay voluntad de hacer cosas, pero con la crisis hay miedo y la gente no quiere embarcarse en nada”.

Pese a todo, la vida sigue y en el taller de la calle Goles, en pleno corazón de Sevilla, lo que reina es la ilusión por cumplir el año que viene las bodas de plata de una vida entregada al trabajo del metal.