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Destinos cruzados: Fujimori y Guzmán

jueves 09 de abril de 2009, 06:01h
Un martillazo sentenció el destino del ex presidente peruano Alberto Fujimori, condenándole a pasar 25 años de su vida tras las rejas por las matanzas de Barrios Altos (1991) y La Canuta (1992), perpetradas por el comando paramilitar Colina; así como por los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer, ambos ocurridos en 1992.

El proceso judicial ha sido calificado de modélico por las principales organizaciones internacionales de derechos humanos como Human Right Watch, Asociación Madres de Plaza de Mayo, Amnistía Internacional y el Centro de Acción Legal para los Derechos Humanos (CALDH). La sentencia sienta un importante precedente en la historia de América Latina, al ser Fujimori el primer mandatario latinoamericano en ser oficialmente juzgado y condenado por crímenes de lesa humanidad en un tribunal de su propio país, lo que supone un ejemplo a seguir para una región en donde la impunidad está la orden del día y la justicia sólo se aplica a unos cuantos.

A pesar de haber presentado inmediatamente un recurso de nulidad, el acusado y otrora presidente de Perú, no podrá escapar del profundo estigma que le ha tocado llevar a cuestas: el de un criminal que atentó contra su propio pueblo. Aquel pueblo que en 1990 y 1995 confió en él para llevar las riendas del Estado peruano.

Como insinuábamos hace unos días atrás en un editorial dedicada a este controvertido personaje, Alberto Fujimori, por ironías y giros de la vida, le tocó compartir un destino común con su enemigo a ultranza, Abimael Guzmán. Tal como sucedió hace 16 años, Fujimori, al igual que el líder maoísta de Sendero Luminoso (SL), se vio inmerso en un juicio de envergadura internacional por el asesinato de personas inocentes, pero en esta ocasión, el ex mandatario se presentó ante el tribunal en traje y corbata. Una imagen muy distinta a la instantánea de hace más de una década que mostraban al jefe de SL aislado por los barrotes de una jaula y ridiculizado con un traje a rayas. Y es que más allá del mutuo rechazo que sienten el uno hacia el otro, ambos han terminado unidos por el protagonismo mediático, el acoso de los flashes y el mismo veredicto: ¡culpable! Toda una ironía que demuestra lo paradíjica que puede ser la vida.
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