Periodismo viejo y periodismo ciudadano: una nueva oportunidad para la mayoría de edad kantiana
Mariana Urquijo Reguera
x
lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 11 de abril de 2009, 15:23h
Hoy por hoy, las noticias se generan en la calle y se recogen en la red. El clientelismo político de los medios de comunicación tradicionales se ha convertido en su propio veneno, por el que, ya intoxicados, sólo pueden esperar la muerte tras una lenta agonía.
Y mientras el gobierno cambiaba ministros y ministras y los periódicos hacían lo de siempre, la red, ya estaba en ebullición. Foros, chats, perfiles de redes sociales, periódicos sociales... mostraban a las 13 hs del martes 7 de abril de 2009, informaciones de todos los colores sobre los cargos salientes y entrantes. Datos olvidados, fotos que los protagonistas desearían esconder, anécdotas sórdidas, comentarios audaces, opiniones fundadas.
En resumen: todo lo que los ciudadanos quieren saber pero ningún medio de comunicación tradicional les cuenta (a no ser que con ello se quiera generar un escándalo que de rédito económico).
La red habla, chilla, la red comparte y escucha. La red es gratis y libre (a pesar de la nueva ministra de Sin-de-rechos para la libre circulación de contenidos en internet). Antes del primer telediario del mediodía, la opinión pública, sin escuchar a los líderes de opinión pública, sin atender a ninguna autoridad que dice lo que hay que pensar, en la red, se habían puesto ya a pensar, a opinar y a decir, a denunciar y a criticar. La democracia en la red, libremente, había establecido sus propias posiciones.
Los tiempos del periodismo ciudadano pueden ayudar a potenciar, a propagar y a generalizar aquella idea de Kant sobre la necesidad de dejar la minoría de edad para poder participar, con plenas capacidades, en el juego de la democracia. Dejar la minoría de edad es dejar de obedecer órdenes de otros a la hora de pensar y sentir nuestras acciones y opiniones, dejar de escuchar a los consejos editoriales de las grandes multinacionales de la información, para así, lograr ser mayores de edad, personas con autonomía, independencia y libertad para opinar, para imaginar, para actuar, hombres de voluntad libres que no permiten que otros les digan lo que es bueno o malo, conveniente o no, sino que lo piensan y lo construyen por sí mismos, en red, en la red.
La sustitución de los medios tradicionales de opinión es también la sustitución del papel de los grandes líderes de opinión, de los grandes bloques de ideas que engarzan (sin aparentes fisuras), grandes intereses económicos, grandes partidos, grandes ideologías. Quizá hoy es el tiempo de que lo grande deje de ser protagonista y lo pequeño tome las riendas del cambio, hacia una verdadera democracia que supere el paternalismo del proyecto ilustrado, cuya multitud de autoridades (políticas, editoriales, comerciales, publicitarias, académicas y científicas) no ha permitido la verdadera ilustración de los ciudadanos, que convenía siguieran siendo menores. Revertir esta situación es la verdadera revolución esperada durante siglos que hoy es más posible que nunca.
El otro día una amiga me decía que quizá toda esta crisis era una gran oportunidad para cambiar verdaderamente el mundo, las bases sobre las que construimos nuestras vidas, nuestros deseos y nuestros proyectos. Las bases de la convivencia y de las convicciones. Cambiar la necesidad de un coche, de una tele de plasma, de miles de toneladas de carburante, de tomates que no saben a nada, de agricultores arruinados e intermediarios montados en el dólar. ¡Y qué razón tiene!
El tiempo para que los que hasta ahora eran pequeños, hagan este mundo más grande, no porque dupliquemos el espacio que ocupa la tierra para que millones de hombres con hambre y sin recursos, mutilados física y anímicamente "vivan" en ella, sino grande en su acepción moral, esa que olvidamos normalmente y de la que carece este gran mundo que se está desmoronando y para cuyo rescate no deberíamos invertir ni una gota de sudor, sino que quizá deberíamos dejar que terminara de caerse para poder reinventarnos y reinventar nuestra vida colectiva. La crisis como una oportunidad para crear un mundo diferente, sostenible, igualitario, con valores prudentes (y sí, estoy pensando en Aristóteles), con personas ricas (no en dólares ni en euros) en posibilidades personales y colectivas: libres y creativas.
|
Filósofa, profesora e investigadora.
|
lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
|