33 años de Radio Universidad de Baja California
domingo 12 de abril de 2009, 15:15h
Treinta y tres años han pasado desde que salió la señal al aire de Radio Universidad de Baja California: fue la primera en su tipo en esa región del país y además, en la frontera: no pocos de sus escuchas fueron por esos años iniciales residentes del sur de California y de Arizona. Los buenos acordes de las Sinfónicas Nacional y la de Guadalajara; el sentimiento de los Folkloristas e Inti Illimani; los bien hechos noticieros de Radio Educación y los programas locales de comentarios de Jesús A. Ochoa, Enrique Priego, Luis Llorenz, Ma Teresa Bastillas, Francisco Oviedo y Sergio A. Burquez, fueron el alimento de una etapa heroica en que la carencia era la constante y la mística la fuerza que aglutinaba.
Por esos años era yo estudiante de sociología en la propia Universidad de Baja California. Entre las clases me escapaba para producir y generar ese cúmulo de más de 400 horas de grabación de música que fueron el legado más palpable de mi paso por la radiodifusora. Claro que lo más trascendente fue la gestión para obtener el permiso de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), la adquisición del equipo y la formación de un cuerpo de colaboradores y simpatizantes que le han dado continuidad a ese proyecto cultural y de comunicación universitaria. Recuerdo que por la falta de recursos, yo mismo operaba y cuidaba de las trasmisiones en feriados y días como la Semana Santa, cuando acompañado del pequeño Toño, que se divertía ordenando cajas de discos y escuchando una programación que en buena medida orientaba hacia su oído y complacencia.
Privilegiar la trasmisión de música formal fue una necesidad a la par de abrir un espacio de reflexión: ambos propósitos fundacionales del ser universitario. Así, la barra se oriento a difundir música barroca por las mañanas, sinfónica por la tarde y encuentros con la música latinoamericana en las últimas horas de la noche. Siempre, cerrando con un concierto sinfónico y un poema alusivo al tiempo y la estación. En este sentido, recreamos a Neruda, Machado y a Benedetti, pero también a Margarita Paz Paredes, a Valdemar Jiménez Solís, Horacio Enrique Nansen, Miguel de Anda Jacobsen, pero particularmente a Jesús Sansón Flores.
Como toda obra humana, Radio Universidad ha sido el rompecabezas de múltiples esfuerzos, equipos y enfoques. En el resumen hay que decir que ahora la cobertura llega hasta sus grandes ciudades: Mexicali y su valle, Tijuana, Rosarito y Tecate, así como Ensenada. La tecnología permite que su sintonía por Internet sea una realidad mundial. La diversidad de géneros y programas hacen de su programación algo atractivo para los distintos auditorios –no sólo el universitario- que la han adoptado como su favorita.
Fue un esfuerzo constructivo para lograr una institución que no existía en el contexto de nuestra –entonces joven- universidad: cuando la UABC celebraba 17 años, nosotros andábamos conectando el tornamesa, lavando los discos de acetato para erradicarles el polvo y montando la antena en una vieja torre donada por los dueños de Radiorama. Establecer la discoteca, definir una barra de programación, ampliar el horario de trasmisiones, y cumplir.
Ahora ambas instituciones entran en la madurez; hay una revaloración de propósitos y lo más importante, la certeza que el relevo humano enaltece la institución.