Perfección tecnológica vs. imperfección moral
José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
martes 14 de abril de 2009, 20:22h
Según Castells, la “nueva economía” surge en Estados Unidos a partir de los años 90 sobre la base de las industrias de tecnologías de la información y comunicación y los servicios financieros. Las políticas de desregulación serán también propias de una época que conduce al mundo a una economía global que funciona de forma unitaria e integrada. En el capitalismo informacional, la productividad y la competitividad dependen de la capacidad para generar, procesar y aplicar la información y el conocimiento.
Las redes de comunicación y las tecnologías asociadas a ello muestran cada vez más sofisticación. Las computadoras son capaces de ofrecer en tiempo real las variaciones financieras, generar índices, y utilizar complejos algoritmos para prever escenarios. Los gestores de esta economía virtual aumentan su poder a través de terminales móviles como PDA's y microordenadores conectados por WiFi. La información actualizada de forma constante les permite adaptarse a la incontrolable variación de millones de cifras.
Pero hay algo que no ha cambiado en absoluto. Un defecto congénito heredado por el ser humano no logra corregirse y convive dentro del nuevo paradigma sociológico, con consecuencias desastrosas. La creciente perfección tecnológica choca irremediablemente con la grave imperfección moral del hombre.
Por un lado, la codicia y el engaño, y por el otro, el consumismo exacerbado se han unido en una combinación fatal. Los expertos del sector clave de la economía juegan a especular haciendo uso de una injusta ventaja: el desnivel de información. Y es que la sociedad de la información es también sociedad de la desinformación. Por mucho que se nos detallen las caídas de la bolsa en cada momento, nos será harto difícil comprender un sistema económico lleno de productos financieros indescifrables. El capitalismo informacional se ha valido los últimos años de la ocultación (precisamente ahora que contamos con la tecnología adecuada para conocer, prever y actuar), como método privilegiado para la creación de valor. No nos son ajenos algunos casos de personas que sólo ahora son conscientes, entre el miedo y la impotencia, de qué demonios firmaban al financiar sus sueños, y al otro lado, los de quienes depositaban tranquilamente sus ahorros animados por algún sonriente banquero ávido por ascender. Y haciendo de intermediarios, los magos de las finanzas, los expertos en contabilidad creativa, los irresponsables cuya ambición no parece que vaya a ser duramente castigada. Sólo quienes eran conscientes de la volatilidad de un juego así se apresuraron a asegurar sus ingresos mediante maliciosas cláusulas. Los demás están condenados a contratar créditos e hipotecas, o juegan al póker financiero con sus planes de pensiones, confiando todos ellos en la estabilidad de un sistema económico que hace honor a U. Beck y su concepto de “sociedad del riesgo”.