Chávez, el Leviatán
miércoles 15 de abril de 2009, 00:35h
En el balcón del Palacio de Miraflores, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, se eleva cuan Leviatán en un océano rojo de fervientes seguidores que se suman a la celebración del séptimo aniversario del “retorno” de la revolución bolivariana, tras el fallido golpe de Estado que tuvo lugar del 11 al 12 de abril de 2002. Una fecha que será recordada por la mayoría de los venezolanos como el día en que Venezuela tomó las calles. Semanas antes de los acontecimientos de abril de 2002, miles de venezolanos se concentraron en la sede de Petróleos de Venezuela en Chuao (Caracas), con cacerolas y pancartas en mano para protestar contra las medidas y los despidos injustificados que el gobierno chavista estaba poniendo en marcha contra altos ejecutivos de PDVSA -y un destacado grupo de marinos mercantes que, en diciembre de 2001, habían tomado la iniciativa de encallar a los buques de la petrolera estatal en las costas venezolanas.
Sin embargo, aquella soleada mañana del 11 de abril, Venezuela y no un “escuálido” grupo de manifestantes como los sectores oficialistas quieren hacer ver, salió a las calles desde Plaza Altamira y Chuao rumbo a Miraflores para exigir la aplicación del artículo 350 de la Constitución, que hace referencia a la “desobediencia civil”: aquel derecho que le otorga el documento constitucional, instaurado por el mismo Chávez en 1999, para que la ciudadanía se alce contra el gobierno y pueda exigir la dimisión del Jefe de Estado en curso. Lo que comenzó como una protesta pacífica terminó en un cruce de balas y golpes entre ciudadanos y Guardias Nacionales, incitados por grupos oficialistas que se apostaron en las inmediaciones de Puente Llaguno para dispararle indiscriminadamente a una multitud que estaba ejerciendo su derecho a manifestarse. La muerte de 19 ciudadanos, forzó a que el General Lucas Rincón, en nombre del Alto Mando Militar venezolano, anunciara la dimisión de Hugo Chávez.
Pero en un tramo de 48 horas, a causa de una “cacería de brujas” y de las precipitadas decisiones asumidas por el Ejecutivo de facto, encabezado por el Presidente de Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga -sumada a la astuta estrategia asumida por el ex Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez, así como un destacado grupo de líderes del lobby chavista- el cerebro de la revolución bolivariana emergió prácticamente de la nada, con más fuerza si cabe. A siete años del “retorno” al poder, Hugo Chávez no ha dejado de ensañarse contra una democracia que poco a poco se queda sin oxígeno. En el séptimo aniversario del “renacer de la revolución”, Chávez sólo tuvo, como siempre, improperios contra una oposición que cada vez se encuentra más limitada para actuar. De nuevo, el ex teniente coronel de la República de Venezuela, aquel que en 1992 atentó contra la legalidad constitucional -y hasta se atrevió a cambiarle el nombre la nación a la que juro servicio y fidelidad- demostró que su intención no es otra que instaurar una dictadura en este país suramericano, manipulando las institucionalidad democrática para lograr dicho fin. Y es que al Leviatán Chávez le va mejor el nadar en una marea roja de embelesados seguidores que sentarse a gobernar.