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Repaso a diferentes formas de antagonismo internacional

Víctor Morales Lezcano
viernes 17 de abril de 2009, 17:22h
Hace treinta años, la revolución clerical que generó el islam shii en la milenaria Persia (actualmente Irán) produjo una segunda versión de la alianza entre el Trono (de Dios) y el Altar (del ayatollá Jomeini).

Si bien es cierto que la corriente de renovación del legado tradicional islámico o salafismo, venía cocinándose desde hacía otros treinta años antes de 1979, el hecho de la connivencia entre las esferas pública y religiosa iraníes, abriría un horizonte de expectativas considerables a los “hijos de la cólera” actuantes dentro del Templo -o Hábitat- del islam (Dar el-Islam). Desde Jakarta en Indonesia, a Kabul, en Afganistán; desde Teherán en Irán, a Kartún, en Sudán (oriental, para distinguirlo del Sudán occidental de los tiempos coloniales, hoy troceado entre los Estados “frágiles” de Chad, Níger y Mali); y desde el conflictivo Levante de las escalas marítimas u Oriente Próximo, hasta los países del Magreb o Poniente, “sopló un viento que se llevó mi casa” -por expresarlo con el verso furioso de León Felipe-.

Han transcurrido tres decenios llenos de agitación política y social en Dar el-Islam. Es algo sabido y acabamos de recordarlo aquí.

De otra parte, la red de intereses occidentales centralizada principalmente en la Europa anglo-franco-germana y en los Estados Unidos, ha venido demonizando a los líderes musulmanes encarnadores de la alianza entre el Trono y el Altar (incluso en su edición más secularizadora), a la que se aludía en un principio.

En un ayer no muy lejano, la encarnación se manifestó -según siempre Occidente- en las figuras del temerario coronel Nasser, o en la del aventurero Muhammad al-Gadafi, sobre las que recayó la condena occidental por ciertas démarches egipcio-libias ocurridas en los decenios–cúspide del movimiento nacionalista en el mundo árabe. Más recientemente, lo han sido Jomeini y los líderes del partido libanés Hezbollá y del palestino Hamás -sin dejar fuera de este travelling revisionista, a la pléyade del salafismo sunni que se abatió sobre Túnez y Argelia desde finales de los 80 hasta la normalización presunta del Magreb unos diez años más tarde, al ocupar el trono de Marruecos Mohamed VI y decretarse la pax Bouteflika en Argelia.

La figura que encarna el desafío en estos años de crisis financiera, se llama Omar al-Bashir, hombre todopoderoso donde lo haya, en Sudán. Bashir, un discípulo de Hassan al-Turabi, ideólogo de fuste en el ámbito sunni y, sin embargo, “revolucionario”, fue el protagonista del “cambio” de 1989 en Sudán. Bashir es hoy por hoy el líder musulmán más reprobado por las instancias jurídicas occidentales, tales como el Tribunal Internacional de La Haya y el Tribunal Penal Internacional.

La última tournée realizada por Omar al-Bashir a lo largo de varios países de tónica predominantemente musulmana -caso de Arabia Saudí y Egipto- ha provocado indignación en las instancias judiciales de nuestra parte del mundo.

Occidente y Oriente (musulmán) prosiguen, pues, la carrera de su antagonismo. Ello por no incluir en esta instantánea al ausente (permanente) en el subrogado occidental: un tal Osama ben Laden. En ocasión futura habrá que excavar en las cuevas fronterizas del noreste afgano-pakistaní con vistas a saber si la acción estadounidense del presidente Obama en este territorio-gozne, obtiene en sus dominios fórmulas de conveniencia que distiendan el pulso entre Occidente y el Islam. Distensión tan necesaria como deseable.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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