Retórica del poder
Mariana Urquijo Reguera
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lacajadelostruenosyahooes/18/18/24
sábado 18 de abril de 2009, 12:59h
En un libro que cayó hace poco entre mis manos, el autor revisaba el fenómeno del liderazgo mediante el análisis de ejemplos de líderes del siglo XX. Encontré, no sé si en este libro o simplemente, en mí misma, una idea que me rondaba hace tiempo y que por fin se hacía consciente y que complementaba la noción tradicional de líder no cómo aquel que ostenta un poder (de la índole que sea), sino como aquel que se posiciona y se mueve en su ámbito de liderazgo utilizando de modo excelente la comunicación. Es decir, que un líder es una combinación de habilidades comunicativas que aportan poder a esa persona, sobre otras personas, que en estas circunstancias, se ha convertido en un líder respecto a sus oyentes. Y ese poder de comunicación es lo que se suele llamar retórica.
Al aplicar esta observación al panorama actual, es fácil ver que poder y comunicación van siempre de la mano. Encontramos así líderes puros: que concentran en su persona ambos atributos, por ejemplo Obama y Chávez, o bien líderes impuros, que sólo poseen uno de los dos. En este caso, el más general, es no poseer capacidad de comunicación pero sí tener el apoyo o el monopolio de los medios de comunicación: Berlusconi y sus televisiones, o Zapatero y el apoyo de Prisa y la Sexta.
Pero la pregunta que se me presenta traslada el tema a otro terreno. Ortega y Gasset en 1939 hablaba de la necesidad de desenterrar la vieja retórica y convertirla, tras 20 siglos de olvido, en la nueva física del siglo XXI en occidente. Entiéndase: en la ciencia fundamental para que la sociedad vertebre su conocimiento y genere una técnica extremadamente útil para los ciudadanos en ese momento.
Ahora bien, los líderes son los que hoy por hoy conocen esa técnica y la aplican en sus procesos de comunicación. Pero cuando Ortega proponía y reclamaba la necesidad y la urgencia de esa teoría y de esa técnica, se refería a su socialización, a que la sociedad, o más bien, todos y cada uno de los hombres que viven en Europa, la conozcan.
Por lo que no se trata de refundar la sofística para que los políticos sean más líderes, sino que se trata de que los ciudadanos conozcan las estrategias, los instrumentos y el tremendo poder que tiene el lenguaje. Conocimiento que posibilitará la defensa. Defenderse de ideas ajenas que quieren entrar en nosotros, defenderse de opiniones e intenciones de otros que no son las propias y que impiden incluso la formación de una personal visión del mundo.
Defenderse de todo lo que mediante el lenguaje llega, anida y crece en nosotros a pesar nuestro y en detrimento de nuestra voluntad, que quiera o no, está sometida a esta especie de colonialismo que es una lacra y es una ventaja a la vez. Convertirlo en ventaja, en conciencia, en instrumento no sólo de colonización sino de crítica y de ejercicio de la propia libertad es el modo en que cada uno sería líder de su propia alma, de su voluntad y de la lengua en que vive y que a su vez vive en él. ¿Socialismo del liderazgo o mayoría de edad?
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Filósofa, profesora e investigadora.
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