www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

el yacimiento de oranjemund en namibia

Descubra cómo se recupera y conserva un barco hundido desde el siglo XVI

sábado 25 de abril de 2009, 19:08h
Cómo se recupera un pecio del siglo XVI, qué se necesita y cuánto tiempo se invierte son peguntas a las que sólo puede responder la arqueología subacuática. Sin embargo, son muchos los que dirigen cada vez más su atención a un patrimonio cargado de historia y de misterio. El pecio de Oranjemund, es un ejemplo.
El Museo Nacional de Arqueología Subacuática (ARQUA), inaugurado hace menos de un año, suma cinco proyectos dedicados al patrimonio arqueológico nacional e internacional. Entre prospecciones, sondeos y excavaciones, esta institución cultural invierte parte de su tiempo y recursos en iniciativas de colaboración de gran valor científico. La conservación del pecio de Oranjemund, cuyos restos fueron descubiertos en Namibia en abril de 2008, es un ejemplo.

Pero, ¿cómo se lleva a cabo la recuperación de este tipo de yacimientos? En el caso de este pecio, a pesar de que la atención la ha copado su cargamento, entre 2500-3000 monedas -de las cuales el 70 por ciento son excelentes de oro de los Reyes Católicos- lo cierto es que se trata de un yacimiento que alberga multitud de materiales, además de los objetos más dispares. Lo dice Rocío Castillo, una de las arqueólogas subacuáticas de ARQUA, que ha participado en los trabajos de excavación en la mina namibia donde el barco fue hallado, una de las mayores explotaciones de diamantes de todo el mundo.

Pecio de Oranjemund (Namibia): excavación de urgencia en seco, con muro pantalla al fondo. 2008 © Archivo ARQUA
El pecio, de nacionalidad portuguesa, pudo naufragar en la costa namibia por las fuertes corrientes del lugar. Pero no ha sido hasta abril de 2008 cuando la comunidad arqueológica ha podido celebrar su hallazgo, quinientos años después de su hundimiento. Tras las primeras fases de excavación, el proyecto de Namibia afronta ahora un proceso de conservación que se ha visto frenado por la mala situación económica. “Sabes cuando empiezas pero no cuando acabas”, dice Castillo, que achaca a la falta de materiales e infraestructuras “la paralización del proceso”.

Estudio minucioso
El tiempo que exige cavar el yacimiento demuestra que la paciencia es una constante en el trabajo de todo arqueólogo subacuático. Sin plazos fijos ni prisas, estos profesionales allí destinados –entre los que se encuentra Rocío Castillo- han llevado a cabo la retirada total del barco del lugar donde fue hallado. Pese a que estaba localizado a -6 / -7 metros a nivel del mar, se ha cavado en seco. Cómo se hizo lo sabe Castillo: “Se ha desecado la zona a través de un gran muro de arena de contención que separa la playa del océano, y se ha utilizado un sistema de motobombas para sacar el agua”. El resultado –aclara- “ha sido como trabajar en una piscina vacía”.

Ya que el trabajo se ha hecho en superficie, los arqueólogos no han tenido que utilizar el equipo y la tecnología que acostumbran. En condiciones normales, descienden como máximo hasta los 30-35 metros y hasta los 45-50 metros en casos puntuales. Bajo el agua, cuentan con una tablilla en la que escriben notas, así como con una cámara y una plomada. Como es natural, la tecnología punta también se ha hecho un hueco en la arqueología subacuática. Castillo cita como ejemplos los robots ROV (vehículo operado remotamente), el sonar, para captar la topografía del fondo, y el perfilador, que hace cortes que te permiten observar las capas del material. “Como si lo hicieras en una tarta”, aclara.

Carta Arqueológica de la Bahía de Cartagena en 2008 © Archivo ARQUA

Mucho más que oro
Al cargamento del pecio de Oranjemund, que incluye el conjunto de monedas de oro de los Reyes Católicos -el mayor cargamento de este tipo nunca antes encontrado-, se unen trece toneladas de lingotes de cobre, con marcas de la familia Fugger –suministradora de materias primas y dinero-, barras de estaño y más de 50 colmillos de elefante. Entre otros materiales, la tripulación contaba con una vaijlla de cocina, espadas, calderos de bronce, un peine o un juego de pesas. Todos, “materiales excepcionales porque suministran muchísima información”, dice Castillo, y además "sumamente delicados". Así, después de un arduo proceso de documentación de cada una de las piezas, éstas no se extraen hasta que no han sido equilibradas. “Cualquier material que tiene procedencia subacuática es fundamental estabilizarlo; es decir, no puedes provocar un cambio brusco del medio en el que estaba a otro”, explica.

Pero para poder llevar a cabo esta fase de conservación, hace falta presupuesto. “Se trata de la etapa más cara”, apunta, y la más larga. Un ejemplo es uno de los proyectos en los que está inmerso ARQUA en España: una embarcación de época fenicia, localizada en Mazarrón, excavada entre 1999 y 2001, cuya conservación no se hizo efectiva hasta 2007.

Barco de Mazarrón 2 (s. VII a.C.). Sección del barco en 2008 © Archivo ARQUA
Ha sido en esta fase cuando en Namibia se ha tenido que paralizar el proyecto. A la escasez de infraestructuras y tecnología hay que tener presente la falta de personal apto para este tipo de tareas. Y todo pese a la colaboración internacional, que responde a uno de los puntos fundamentales de la Convención de la Unesco de 2001, firmada por una veintena de países entre los que se incluye España.

Para fomentar el compromiso con este patrimonio, el Ministerio de Cultura creó en 2007 el Consejo de Patrimonio Histórico, que planteó un Plan de Protección del Patrimonio Nacional Subacuático. Pero el expolio y el mercado negro siguen siendo los grandes enemigos de estos tesoros bajo el agua. Para protegerlos, está prevista la elaboración de unas cartas arqueológicas, que permitirán localizar cada uno de los pecios, y unos convenios de colaboración con la Armada y la Guardia Civil para promover su vigilancia. Como en la profesión de arqueólogo, este proceso requiere espera y “mucho apoyo", dice Castillo.




¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios