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Selección de embriones: un progreso de la investigación médica

domingo 26 de abril de 2009, 02:04h
Las declaraciones del secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, en las que calificaba la selección genética de embriones con fines terapéuticos de “técnica eugenésica” han vuelto a reabrir el viejo debate entre ciencia y religión. Si nos ceñimos a la etimología del término “eugenesia”, cabe inferir que la Iglesia tiene razón. Efectivamente, la Real Academia Española entiende por eugenesia la “aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana”. En base a ello, nada hay reprobable en el argumento dado por la Conferencia Episcopal.


De quedar ahí todo, no habría objeción alguna. Pero hay más. Y es que Martínez Camino denuncia la selección embrionaria por tratarse de un procedimiento que “elimina a los (embriones) enfermos para dejar vivir a los sanos”. Surge entonces la cuestión del momento en que una célula debe dejar de ser considerada como tal para pasar a adquirir la categoría de ser vivo, para cuya respuesta la ciencia -que es la más indicada a la hora de resolverla- no ha hallado todavía una contestación incontrovertible.


Además, la polémica se origina por una decisión del Ministerio de Sanidad, quien hace bien poco autorizaba la selección genética de embriones para prevenir el cáncer. El fin no puede ser más acertado. Del mismo modo, conviene recordar que Sanidad tiene a la ley de su parte, ya que la Ley de Reproducción Humana Asistida permite la selección embrionaria “en enfermedades genéticas graves, precoces y sin tratamiento”. Probablemente lo que la Iglesia tema sea el uso inadecuado que pueda hacerse de esta técnica, lo cual es ciertamente posible. Un riesgo, por otra parte, inherente a todo progreso científico y técnico. Pero, al mismo tiempo, Roma debería considerar determinados aspectos científicos en su conjunto. Sin ir más lejos, la energía nuclear puede tener aplicaciones médicas sumamente beneficiosas y bélicas igualmente perniciosas. Y también, refrescar conceptos tan manidos por la teología como el del libre albedrío. Aquí, la voluntad del hombre sirviéndose de la ciencia no es otra que la de curar. Y no hay nada malo en ello. Antes al contrario.
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