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Escritor

Juan Manuel de Prada: "España, mientras siga siendo España, será católica"

lunes 27 de abril de 2009, 15:34h
Juan Manuel de Prada reúne en “La nueva tiranía” (LibrosLibres) los textos que, durante años, ha publicado en prensa. El resultado es un libro en el que nada pasa desapercibido y en el que cada línea es un dardo al poder, a la sociedad y a la pérdida de principios y valores.
No sé si está de acuerdo en que estos 136 artículos permiten conocerlo mejor a usted.
Sí. Sin duda es una buena forma de hacerlo.

Aterra leer esa teoría que expone sobre la nueva tiranía y la creación de un hombre nuevo.
Esa ha sido la aspiración de todas las tiranías en el mundo: crear un hombre nuevo. Coges a todas las personas, las metes en una trituradora, haces con ellas una pasta y luego haces hombres iguales. Es decir, matar lo que tienen de irrepetibles y de criaturas absolutamente distintas. A partir de ahí, lo que les infiltras es un injerto emocional a través del cual los adoctrinas y los conviertes en personas que reaccionan de forma idéntica ante tus estímulos. Esto es algo que siempre han intentado las tiranías. La novedad de la tiranía de hoy, frente a otras, es que este proceso no se hace como en el comunismo: de forma brutal mediante una especie de entrenamiento crudelísimo que acaba despojándote de voluntad y convirtiéndote en un esclavo. Hoy, la tiranía actúa de una forma mucho más inteligente.

¿Es más sutil?
Sí. Las tiranías tratan de imponer una obediencia mediante la represión. Pero en esta nueva tiranía no funciona así, sino mediante la exaltación de la voluntad individual. Lo que se le dice a la gente es “eres libre para hacer lo que te dé la gana”. Y no sólo eso; también, “yo voy a conseguir que sea un derecho o una libertad reconocida”. Esa es la gran aportación de esta nueva forma de tiranía. La gente a lo largo de la historia, a la hora de considerar si debía hacer una cosa o no, miraba a ver si era acorde a su naturaleza y si se debía hacer en términos morales. Hoy en día eliminas toda referencia a una moral y le dices a la gente que “podéis hacer lo que os dé la gana”. Entonces, a partir de este momento, todos los caprichos de la gente, sus deseos y apetencias, lo que les conviene, los hacen.

¿Entonces lo que prima es el bien individual sobre el bien común?
Sí, por supuesto. Y no sólo eso. La sociedad se convierte en un ambiente de conflictividad insoportable de todos contra todos. Comunidades autónomas disputándose privilegios, la sociedad totalmente atomizada hasta el ámbito más pequeño de la familia, matrimonios rotos, hijos que no reconocen a sus padres… Es decir, la conflictividad más absoluta porque cada uno se cree portador de derechos que, naturalmente, quiere hacer valer sobre los demás. Derechos que no son verdaderos derechos.

Juan Manuel de Prada, autor de La nueva tiranía (Foto: Manuel Engo)
Y entretanto, ¿qué papel tiene el poder?
El poder no sólo los tolera, sino que les da carta de naturaleza. Los derechos, hasta que llegó esta tiranía, eran algo que formaba parte de la naturaleza humana. Había una serie de derechos, recogidos luego en la carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que nacen de la capacidad que tiene el hombre para dirimir lo que está bien y lo que está mal. Por tanto, el hombre descubre en su propia naturaleza una serie de derechos. La nueva tiranía le dice al hombre: “No, los derechos se pueden establecer ilimitadamente según nos convenga”. Hoy podemos hablar de derecho al matrimonio homosexual, mañana al derecho al aborto y al otro, al de la eutanasia. Es decir, lo que nos dé la gana siempre y cuando tengas a la gente contenta. Ahora lo que ocurre es que a partir de ese momento, ya los derechos no son una posesión natural suya, sino que son concesiones graciosas del poder. De tal manera que te has vendido y te has esclavizado. A cambio, eso sí, de poder convertir todos tus caprichos en supuestos derechos y libertades, y ese es el gran misterio de esta forma de tiranía.

Dice usted sentirse honrado cuando le tachan de fundamentalista. ¿Por qué?
Es uno de los problemas a los que nos enfrentamos hoy. Uno de los sostenes del Mátrix progre es que ha conseguido llevar todo al ámbito de la confusión ideológica. Es decir, hoy todo se trata de explicar ideológicamente. El aborto no es un asunto ideológico, el amor a la naturaleza tampoco es un tema ideológico. Creo que forman parte de la naturaleza humana y que tú puedes ser de izquierdas o de derechas pero no puedes renunciar a ellos. Sin embargo, se ha conseguido, mediante este fenómeno de confusión ideológica, llevarlos a ese territorio. Ahora mismo, ya es muy difícil salir de ese tirabuzón de confusión que ha generado la ideología, de tal manera que todo es ideológico. Yo lo que trato es sacar los grandes temas de debate de este ámbito de confusión, en donde al Mátrix progre le interesa que estén para que la gente pueda ascender hasta los principios, hasta las raíces.

¿Su batalla es crear una España mejor?
Mi deseo más profundo es que la gente reflexione un poco sobre su naturaleza. Es decir, yo creo que hay una serie de cuestiones que habría que iluminar. Deberíamos recuperar esa capacidad de la que hablaba Aristóteles; la que nos distingue de los animales. La capacidad para discernir el bien del mal. Es algo natural al hombre y que creo que estamos extraviando. A partir del momento en que lográramos apartar toda esta especie de pienso ideológico con el que nos están abasteciendo todos los días y lográramos alimentarnos de algo que nos iluminara un poco la vida, íbamos a ser capaces de distinguir entre el bien y el mal y que, realmente, las cosas iban a ir mucho mejor. Pero, desgraciadamente, pienso que el dominio de esta nueva forma de tiranía se sustenta en mantenernos en un ámbito de confusión y oscuridad.

Juan Manuel de Prada (Foto: Manuel Engo)
De sus artículos se desprende que la izquierda es más osada mientras que la derecha permanece agazapada.
La división entre izquierdas y derechas es falsa. Hay progres de derecha y progres de izquierda . La izquierda, históricamente, fue muy dogmática. La misión de las grandes corrientes de pensamiento de la izquierda siempre ha sido derruir el orden cristiano y la visión del mundo derivada del cristianismo. Para enfrentarse a los dogmas cristianos, la izquierda siempre plantea unos dogmas alternativos. Mientras los dogmas religiosos se asientan sobre algo verdadero, porque la naturaleza humana tiene una vocación de trascendencia, los dogmas de la izquierda se apoyan en una base materialista que no satisface los profundos deseos del corazón, porque el ser humano es religioso por naturaleza. Entonces estos dogmas de la izquierda fracasan, y la izquierda desarrolla una maniobra, a mi modo de ver, muy inteligente. Dicen algo así: “Nuestros dogmas han fracasado y los que pretendíamos que fracasaran siguen ahí. ¿Qué tenemos que hacer entonces? Digámosle a la gente que no hay dogmas. Lo que tú quieras hacer está bien hecho. Lo que quieras hacer se puede convertir en dogma, e incluso te lo voy a reconocer”. La única ley que hay es “haz lo que quieras”. Ese es el gran hallazgo de la izquierda, y a partir de ahí la izquierda desarrolla una visión del mundo que se convierte en hegemónica. El drama de la derecha hoy es que no tiene una visión del mundo alternativa a la de la izquierda. Las reglas del juego y el territorio en el que se desarrolla la vida, están delimitados por la izquierda, que establece cuales son los valores dignos de ser defendidos, cuáles son los que deben ser condenados, y así sucesivamente. Este es el drama de la derecha, que juega siempre en un campo en el que todo está trucado y en donde todas las claves para vencer las tiene la izquierda.

Hábleme de la espiritualidad, que está presente en muchos de sus artículos.
Creo que la vocación de recuperar la trascendencia y una visión moral da un sentido a la vida. En el momento en que arrebatas eso, la vida deja de tener sentido y te entregas a la búsqueda de placeres, del dinero o del poder. Ya no tienes el deseo de construir una vida, sino de apurarla hasta la última gota.

¿Le preocupa a usted la intención de desvincular España de su identidad católica?
Creo que uno de los instrumentos a través de los cuales el Mátrix progre va ganando terreno, es la desvinculación. Es decir, romper la cadena de la tradición y transmisión de unas generaciones a otras y de una sociedad con su genealogía cultural. Es una herramienta muy evidente que está produciendo una sociedad que rompe su vínculo con sus orígenes; una sociedad tan desmenuzada que se va a convertir en una sociedad insostenible.

Manuel Azaña, presidente de la segunda república, había dicho que España dejó de ser católica. ¿Cómo hay que valorarlo hoy?
España, mientras siga siendo España, será católica porque forma parte de su idiosincrasia más profunda. Pero sí es cierto que evidentemente cada vez es menos católica.

Juan Manuel de Prada en un momento de la entrevista (Foto: Manuel Engo)


Dice ser un robinsón en medio del mundo literario. ¿La lucha de usted es una lucha en solitario?
Me apoyo en las personas que me leen. Pero sí, más bien es solitaria. Pienso que el trabajo del verdadero artista es solitario. Luego está el trabajo del artista que siempre ha existido, áulico; el que se acerca al poder para tener su protección. Hoy el poder es tan omnímodo, tan absolutamente hegemónico, que ha desarrollado una casta intelectual de creadores, de artistas, de pensadores, absolutamente lacayos del poder. Este es un fenómeno como quizá no ha habido en ninguna otra época. Es decir, que las elites, o presuntamente elites culturales, participen de un modo tan unánime en una determinada concepción del mundo.

¿Sufre por todo lo de hoy?
Hay una frase de Truman Capote refiriéndose al don del creador, que dice “cuando Dios te da un don, también te da un látigo”. Ese látigo es para autoflagelarse. Así que creo que sí; que cuando eres una persona que tiene una sensibilidad, pues que indudablemente te hace sufrir más.

¿También dudará entonces?
Por supuesto. Creo que la duda es saludable y beneficiosa. Hay mucha gente desde fuera que se piensa que eso de tener fe te soluciona todos los problemas y las dudas, y es al contrario. Las personas de fe suelen ser personas que constantemente se están planteando preguntas. De manera que sí: esas dudas y esa agonía interior, existen siempre.

Su abuelo y su padre influyeron profundamente en usted, al igual que intelectuales como Chesterton o Castellani. Últimamente, atrae su atención el Papa Benedicto XVI. ¿Por qué?
Como católico es mi guía. Naturalmente que sí. Reconozco que soy una persona con vínculos, porque creo que son lo que nos encadenan a la vida y lo que dan un poco de sentido a la misión que nos hemos encomendado. Tengo vínculos familiares e intelectuales, y otro profundo, como persona católica, con el Papa, que en mi caso se une el vínculo intelectual. Si algo destaca en la figura de Benedicto XVI es su condición de intelectual, y en ese sentido me siento especialmente vinculado con él.
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