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artículo

Jaime Salom y la Academia

sábado 16 de febrero de 2008, 20:49h
Digamos que, muchos de los que no accedieron, fue porque estos posibles candidatos, con méritos literarios suficientes y contrastados o no lo desearon, no lo intentaron o no contaron con los apoyos necesarios para llegar a ocupar un sillón de la docta Casa. A través de la historia, conocemos casos de notables escritores que, con sobrados méritos literarios, se quedaron una o varias veces "a las puertas de la Academia", ya fuera por la política de la RAE, o en otras ocasiones porque coincidieron con otros candidatos que tenían más méritos, mayores apoyos o eran más necesarios en ese momento.

Desde nuestro modesto punto de vista, el problema del ingreso es el de lograr un buen padrinazgo, no coincidir con otros candidatos con más méritos y que su entrada signifique cubrir unas necesidades académicas; y es que comprendemos que muchas veces una elección viene forzada por estas necesidades de escoger un determinado tipo de miembro; aunque insistimos que, de los tres condicionantes, el del padrinazgo es el principal, pues sabemos que actualmente se necesita un apoyo mínimo y de peso, de tres académicos de número.

Opinamos que con los años, con los difíciles tiempos que vivimos y con los cambios surgidos en la sociedad, ha cambiado y evolucionado, también, la política de entrada en la Academia, forzado, como decíamos antes, por la necesidad de incluir un determinado tipo de miembro que resuelva problemas lingüísticos cada vez más científicos o técnicos; aparte de lograr una relación fluida y de consenso con otras Academias Españolas de Hispanoamérica para la introducción de nuevos vocablos.

Por ejemplo, en el caso de la Medicina, que es mi profesión, comprendo perfectamente que la Real Casa para abordar el continuo problema del aumento de materias y nombres técnicos -que casi a diario aparecen por los continuos avances y descubrimientos científico-médicos-, necesita incluir a especialistas en esta ciencia.

Pero, al margen de los escritores de auténtica talla literaria o cultural que se quedan ahora fuera, o de los que se quedaron en el pasado por muy diversas razones, los que conocemos este mundillo e incluso los que no lo conocen pero tienen una cultura media, nos sorprendemos que hayan entrado o que incluso lleguen a candidatos personas que no tienen la categoría, ni el perfil cultural de académicos. Sin embargo, se comenta que accedieron a ella por diversas circunstancias que, en cada caso, sería prolijo y a veces difícil de explicar.

Como consecuencia de lo que decimos surgen muchas veces, entre escritores periodistas, y lectores bien documentados, éstas o parecidas preguntas: ¿Por qué no han ingresado prestigiosos escritores en la Academia y en cambio accedieron algunos que sabemos tienen currículos muy inferiores e, incluso, que pertenecen a otros a campos de la cultura o del arte? ¿Es perentoria la necesidad de tener super-especialistas en determinadas ciencias o materias, aún siendo dudosa la calidad de sus obras y la de su categoría intelectual como académicos? ¿Por qué la propia Academia no selecciona e invita a entrar a determinados escritores de reconocida talla intelectual o científica que den el adecuado perfil? ¿Cuántos escritores hay actualmente en España que, teniendo el reconocimiento general de lectores y entidades culturales -y a veces no sólo en nuestro país, sino también allende las fronteras- con frecuencia ni siquiera llegan a ser candidatos?

Y tras estos prolegómenos sobre candidaturas, queremos romper una lanza a favor de un gran escritor, Jaime Salom, un notable y brillantísimo literato que ha escrito novelas, ensayos, artículos periodísticos... pero sobre todo teatro; y que actualmente está considerado como uno de los mejores dramaturgos de España, pero no sólo de prestigio nacional, sino también internacional, como se puede demostrar por su extraordinario currículo que es uno de los más brillantes que existen en el panorama literario de nuestro país. No hay más que leer la extensa página web de Internet, que le ha dedicado la Sociedad General de Autores de España, para confirmarlo.

Pero como es imposible incluir su excepcional historial en un corto artículo periodístico, daremos unos cuántos datos estadísticos y algunas pinceladas para valorar mejor los abundantes méritos que adornan a Salom para optar a un sillón de la Academia.
Jaime Salom, digamos primero que es un autor catalán, que nació en Barcelona pero que, curiosamente, casi toda su obra la ha escrito en un excelente castellano. Durante casi medio siglo, ha ejercido de médico cirujano especializado en oftalmología, una profesión que ha simultaneado con la literatura. En este tiempo, ha escrito 73 libros en castellano, de los que la mayoría son obras teatrales, publicados en editoriales de gran prestigio, como Espasa Calpe, Planeta, Plaza & Janés, Círculo de Lectores, Aguilar, Cultura Hispánica, Excelicer, Fundamento...; y gran parte de sus obras teatrales, han sido publicadas en otras lenguas: inglés, francés, italiano, portugués, árabe, eslovaco... Tiene publicados, además, cinco libros en prosa (tres novelas y dos ensayos) y ha colaborado en capítulos de nueve libros de temas diversos.

A parte de los estrenos de sus libros de teatro español, ha realizado cinco traducciones de obras extranjeras al castellano; y sus dramas y comedias teatrales, han sido representadas, numerosas veces, en países de alto nivel cultural y en sus respectivos idiomas, como Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Alemania, Portugal, Brasil y en los más importantes países hispanoamericanos, como México, Argentina, Chile, Perú…

Ante la extraordinaria y abigarrada producción literaria, que abarca casi medio siglo de creación teatral, lógicamente ha tenido numerosos y muy acreditados premios y galardones, tanto nacionales como extranjeros. Por ejemplo: el Premio Nacional de Literatura, en 1970; los Premios de la Crítica de Madrid, de los años 1969, 1972 y 2002, el Premio de Crítica de Barcelona, en 1952; también el Premio de la Crítica de Nueva York, en 1991; y el de la Crítica de la Ciudad de México, en 1992.

Y, sobre todo, tiene premios que consideramos muy importantes, precisamente por haber sido concedidos por la Real Academia Española de la Lengua: El Fastenrath (premiado por su obra teatral "El baúl de los disfraces"); el de "Hermanos Quintero" (por "La Casa de las chivas"); y el "Espinosa y Cortina" (por "La piel del limón").

Como vemos, Jaime Salom tiene un extraordinario, singular y acreditado curriculum vitae, por lo que creemos que es merecedor de entrar en la Academia y ocupar uno de los 46 famosos sillones, marcados por las letras mayúsculas y minúsculas del alfabeto. Seguiría la tradición de tantos prestigiosos médicos literatos y humanistas que le precedieron, como Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Gregorio Marañón, Laín Entralgo, Rof Carballo... o los actuales Carlos Castilla del Pino y Pedro García Barreno.

La Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas y más de cien entidades académicas, sanitarias y culturales, en general, sabemos que lo apoyarían decididamente, tanto por su prestigio profesional y personal como por su gran formación y talante liberal y humano, pues se le podría considerar como "un hombre del Renacimiento".

Añadamos que nuestra Asociación Médica lo tiene, desde hace unos cuantos años, como Presidente de Honor, ya que anteriormente fue primero vicepresidente de nuestra institución y, luego, presidente de la Junta Directiva durante ocho años.

En conclusión, sin entrar a valorar otros méritos, ni cualquier inconveniente que pudieran encontrar para su entrada los responsables de la Academia, opinamos que por lo dicho Jaime Salom tiene méritos más que suficientes para llegar pronto a ser lo que se conoce en España -también en Francia- como uno de los "inmortales de las letras españolas".

Y terminemos con sus citas de los ilustres académicos. Pedro Laín Entralgo dijo: "Todas sus obras tienen como fuente una concepción a la vez poética, irónica y compasiva de la naturaleza humana y al servicio de ella una buena técnica y un buen lenguaje que hace que sus criaturas sientan, piensen y hablen". Y Luis María Anson: "Es un autor al que le brinca el teatro en la sangre de las venas. Y afirmo que en Jaime Salom, hay un dramaturgo excepcional".


Doctor Jesús Sevilla Lozano, vocal de la Junta Directiva de la Asociación Española de Médicos Escritores y Artistas
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