Casi ninguno de los que estaban allí, aglomerados frente a unos escaparates de la calle Preciados, sabía porqué aquellos modelos iban quitándose la ropa poco a poco, pero poco importaba, porque gracias a ellos, el habitual paseo para hacer unas compras se vio revolucionado en un ambiente más que caldeado.
Los maniquíes de una tienda de ropa cobraban vida gracias a una campaña publicitaria que proponía un pequeño divertimento a los clientes que realizaran una compra enseñando una lata del refresco que también entraba en la promoción. Aquellos que lo quisieran, podrían elegir al modelo que más les gustara e invitarle a quitarse una prenda de ropa.
Al cabo de poco menos de quince minutos desde que comenzara la iniciativa, los maniquíes humanos ya estaban en ropa interior, y frente a ellos, al otro lado del escaparate, ya estaban amontonados docenas de viandantes intrigados.
"Yo me he acercado porque pensaba que regalaban algo, pero esto es mucho mejor", asegura una joven que acababa de comprar unos pendientes para su madre en una tienda cercana.

Muchos de los curiosos, sin conformarse con "recrear la vista", decidían sacar móviles y cámaras, y hacer fotos a todo lo que allí estaba ocurriendo. "Luego esto se lo enseño a todos mis amigos", explica un alicantino que ha venido a pasar unos días por Madrid.
Mientras, dentro del escaparate, los modelos se van rotando, y toman el relevo de los que no tienen qué quitarse -se quedan en ropa interior- por los que aún están vestidos.
Pero el "destape" en la calle no gusta a todo el mundo, y entre el bullicio también se escuchan las quejas de más de una persona que tacha la situación de "bochornosa" y califica como "morbosa" la iniciativa publicitaria.
"Sólo se trata de bajar a la calle la promoción y que la gente se divierta con ella", explica una de las responsables del evento, "y, desde luego, no se pretende molestar a nadie porque, quién quiera, puede pasar de largo y no verlo", añade.
No son sólo los modelos los que llaman la atención de los transeúntes, sino también las cámaras de televisión, los fotógrafos y los periodistas que allí se encuentran, que se meten dentro de los escaparates, que hacen posar a los modelos y que entrevistan a los paseantes.
"Hemos visto desde lejos que estaba la tele y creíamos que era Carla Bruni que estaba aquí", bromean unas chicas que se han saltado las clases para aprovechar el buen tiempo.
Igual que un grupo de jubilados que ante el cambio de tiempo han decidido salir a desayunar y que se muestran encantados de ver "tanta vida" en la calle.
Y aunque alguna de las señoras reconoce que siente "algo de celos" de que a su marido "se le vayan los ojos", asegura que "en momentos de crisis, poder reirse de estas tonterías esta muy bien".
Los turistas son los que menos entienden lo que esta ocurriendo, aunque disfrutan de la experiencia como los demás, tanto de lo que no dudan en llamar "un espectáculo" como de las bromas y comentarios que se escuchan entre la gente.
La marca de ropa o la oferta que se anuncia "será de lo que menos hablen luego los que han estado aquí", asegura el dependiente de una tienda de la misma calle, "a la gente no le importa mucho lo que le intentan vender, sólo quieren pasarlo bien un rato", concluye.