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último cabo por atar de la guerra de los noventa en los Balcanes

De la limpieza étnica de Milosevic a la independencia de los albano kosovares

domingo 17 de febrero de 2008, 02:24h
El conflicto de Kosovo supone el último punto por resolver de la guerra de los años noventa en los Balcanes, una parte de Europa sobre la que ha recaído un histórico interés geoestratégico por parte de las grandes potencias mundiales.

Tras la caída del telón de acero fueron muchos los países comunistas que sufrieron las consecuencias de una mala administración económica y de un poder corrupto bajo el manto de la Unión Soviética. Serbia, integrada en la República de Yugoslavia, no fue una excepción.

Como resultado de la derrota serbia en la batalla de “El Campo de los Mirlos” en Kosovo a finales del siglo XIV, la etnia albanesa de religión musulmana penetró en el corazón de Serbia. Se apoderó de la cuna de su historia.

Kosovo ha sido testigo, desde entonces, de un conflicto interétnico que, según la Unión Europea y Estados Unidos, pronto alcanzará su fin gracias a la independencia de la pequeña región de Serbia.

En 1974, la Constitución yugoslava garantizó la autonomía de Kosovo dentro de Serbia, lo cual motivó nuevos conflictos religiosos y étnicos entre los eslavos, cristianos ortodoxos, y albano kosovares, de religión musulmana, que fueron profundizándose con el paso de los años.

Sloodan Milosevic, vencedor de las primeras elecciones libres en Yugoslavia de 1990, reprimió duramente a la minoría albanesa de la provincia de Kosovo, y extendió las enemistades eslavas en el resto de la Federación. Con el paso de los años fueron agravándose los enfrentamientos entre serbios y albano kosovares al tiempo que crecía la división interna.


Muertes, violaciones y desplazados

Milosevic, que soñaba con una gran Serbia totalmente eslava y ortodoxa, fue el responsable de la muerte de 480.000 bosnios, croatas, eslovenos, montenegrinos, macedonios y albanokosovares, además de la violación de centenares de miles de mujeres según un informe de la ONU de 1999.


Miles de personas protestaban en Kosovo contra la limpieza étnica y el gobierno de Milosevic, cuya respuesta contra la población albano kosovar fue terrible. Muchos huyeron de sus hogares, otros se alzaron en busca de una independencia cada vez más esquiva.
El Ejército de Liberación de Kosovo trató de obtener la independencia de Serbia por medio de la lucha armada, y sus acciones agravaron la represión sobre la población civil de etnia albanesa.

Después del asalto a centenares de Comisarías de Policía, el ELK, ya armado, comenzó su lucha independentista contra el Ejército yugoslavo, que tenía orden de atacar a las localidades donde presuntamente se escondían los rebeldes de etnia albanesa.

Ante esta situación, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pidió a Milosevic en 1999 que detuviera la violencia así como su política de “limpieza étnica”, además de permitir el regreso de los cientos de miles de refugiados que, por la represión, se vieron obligados a huir hacia otras regiones.

Tras dos meses de bombardeos, Milosevic aceptó la retirada de sus tropas y el cese de la violencia. Desde entonces Kosovo ha sido un protectorado de facto de las Naciones Unidas. Una misión militar, la KFOR y otra administrativa, la UNMIK, fueron enviadas por la ONU para tratar de estabilizar la región y garantizar la seguridad de la población civil. Un total de 50 mil efectivos se encargaron de supervisar el regreso de los albaneses expulsados por las fuerzas serbias de asegurar el respeto, basado en la no discriminación, a la minoría serbia en la región.
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