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PELIGRO en SOMALIA

Qué hacer para que los piratas no suban a bordo

jueves 30 de abril de 2009, 15:04h
“Espantapájaros”, alambradas, potentes chorros de agua… Los barcos que transitan por las aguas el Golfo de Adén, plagadas de piratas, han echado mano de su ingenio y las llamadas armas no letales para evitar ser atacados o secuestrados.
Los barcos de los piratas son mucho más pequeños que los buques que transitan en el Golfo de Adén, los esquifes son simples barcas de pescadores que, gracias a su ligereza y a su motor, pueden alcanzar una gran velocidad. La tripulación pirata tampoco es muy numerosa, cinco por embarcación como media. Pero su fuerza está en las armas. Con material adquirido a bajo coste tras las guerras de Afganistán o Camboya, los piratas no dudan en atacar e intimidar a pescadores y marinos. A su disposición tienen fusiles AK47, lanzadores de granadas RPG e, incluso, misiles anticarro.

Simulando ser pescadores, los delincuentes vigilan primero la zona y los comportamientos de su objetivo. En muchas ocasiones, las pequeñas embarcaciones de piratas escapan de la vigilancia de los radares que no consiguen detectarlos. Cuando deciden ir al abordaje, se aprovechan de la escasa velocidad con la que navega la víctima y se acercan rápidamente. La tripulación agredida se ve sorprendida por el lanzamiento de granadas o por disparos intimidatorios de los fusiles. En ese momento, comienza el asalto. Unos garfios sirven de enganche a la cubierta a las escalas de aluminio con las que los piratas suben a bordo custodiados por sus compañeros. Ya arriba, el barco queda en sus manos con unos cuantos tiros de más.




Cualquier barco que navega por el Cuerno de África corre el riesgo de ser atacado de esta manera. Por ello, mientras navieros y autoridades discuten si es o no conveniente incorporar equipos de seguridad armados, muchos han decidido recurrir a los llamados métodos “no letales” para defender sus navíos y disuadir de alguna manera la amenaza pirata.

Fuentes militares consultadas por este periódico aseguran haber visto en aguas del Golfo de Adén barcos con “espantapájaros” en la cubierta. Ataviados en ocasiones con uniformes militares y falsos fusiles, estos muñecos pretenden hacer creer a sus posibles atacantes que hay personal preparado para responder a sus disparos con el armamento adecuado.

En el caso de que se acerquen, activan unas mangueras que lanzan agua a alta presión por la borda. La fuerza hidráulica impedirá a los asaltantes subir a bordo. Además, según han explicado a EL IMPARCIAL marinos españoles, los comandantes ordenan subir la velocidad del barco y hacer zig zags para hacer complicar el acecho de los piratas. Si finalmente lo consiguen, los delincuentes marítimos que consigan subir a cubierta podrían ser electrocutados o bien heridos por las vallas eléctricas o de alambradas instaladas alrededor de la cubierta.



Otra técnica para impedir el abordaje consiste en la colocación de un haz de luz conocido como “rayo doloroso” que daña la piel y provoca un calor insoportable. También emplean el Lrad, siglas en inglés de Sistema Acústico de Largo Alcance (Long Range Aboustic Device), otra arma no letal que es capaz de proyectar una “franja de sonido” ensordecedora a unos 500 metros del buque. Los piratas que se encuentran a esa distancia se verán obligados a dar media vuelta al no poder soportar el sonido.

Por último, muchos buques optan por recurrir a una simple medida para evitar ser detectados: apagar sus luces e, incluso, su sistema de radio VHS que sirve para controlar el tráfico marítimo, localizar y conseguir información sobre los demás barcos que operan en una de las zonas más peligrosas del Planeta.
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