Las salas del madrileño Teatro Lara acogen, hasta el próximo 30 de mayo, la nueva propuesta del artista argentino Papín Lucadamo. Un escenario perfecto para enmarcar “El fin de la carne”, título de esta exposición en la cual el artista reflexiona sobre la vida y la muerte a través de las catorce radiografías de esqueletos que conforman la muestra.
Su nueva exposición lleva por título El fin de la carne, ¿por qué este nombre?Tiene un doble sentido, es una especie de juego de palabras. Por una parte, la carne que somos ahora se convertirá en hueso más tarde. El esqueleto es el soporte que nos acompaña toda la vida, lo que nos mantiene firmes y nos protege. Algo de lo que muchas veces no somos conscientes. Por otro lado, también hace referencia a la muerte como cambio. En estos tiempos de crisis es necesario un cambio y una reestructuración de valores. Los esqueletos son un símbolo de muerte, pero no como algo negativo, sino como símbolo de transformación.
Esto se podría interpretar como la necesidad de llegar hasta el final para luego renacer.Sí. Por este motivo, en la muestra se puede ver un “Ave Fénix” representado como una mezcla de avestruz y jirafa.
¿Dónde encuentra la inspiración?La idea surgió a partir de un libro que me regalaron. Mostraba todo tipo de esqueletos de animales y me impresionó mucho. Me pareció algo muy bello y supe enseguida que quería hacer algo sobre este tema. Empecé haciendo uno y ya no pude parar. Se convirtió en una especie de obsesión. Llegó un momento en el que veía el esqueleto de cosas que no lo tenían.
Ha retratado esqueletos de animales, pero también de seres imaginarios…Mi intención era metamorfosear animales entre ellos. Veía a los diferentes animales y me los imaginaba juntos como un único animal formado por miembros diferentes.
¿Por qué ha elegido el Teatro Lara para exponer su obra?El teatro no lo elegí yo. Su directora asistió a una de mis últimas exposiciones y me lo propuso. Ellos querían hacer exposiciones en el teatro y les parecía que el montaje de mi muestra era muy teatral por los juegos de luces. Una vez que lo vi, me encantó. Después me contaron las historias de fantasmas. Se dice que el espíritu de la actriz Lola Membrives, una supuesta amante de Alfonso XIII, vive en el teatro. Aproveché esta circunstancia para unirla a mis esqueletos y el tema de la muerte.
A la actriz Lola Membrives le ha colocado unos cuernos, ¿a qué se debe?En un principio, cuando me imaginé esta exposición, la intención era otra. Quería distribuir la muestra de la misma forma que se colocan los trofeos de caza. La primera idea consistía en una serie de cabezas de animales, además de la de Lola. El tema de los cuernos empezó por ese motivo.
En toda su obra hay constantes referencias a la cultura oriental, ¿qué es lo que más le atrae?Lo desconocido porque me gusta descubrir y aprender. Oriente representa eso para mí: lo desconocido. Conocí por casualidad a un maestro chino, Li Chi Pan, que me enseñó a pintar en papel de arroz, material que empleo desde que lo conocí. Pero también me gusta mezclar estilos porque mis obras no tiene nada que ver con la pintura clásica china.
¿Qué aporta su mujer, Aitana Sánchez-Gijón, a su obra? ¿Es su musa?Aitana es algo más que una musa, va más allá de la belleza exterior. Es la persona con la que quieres estar en todos los momentos y en todos los aspectos de tu vida.
Aitana es un personaje público, en cambio usted se deja ver poco, ¿cómo consigue mantenerse al margen?Intento aparecer lo menos posible para que no se me vea. Quiero ser reconocido por mi trabajo. No me interesa estar ahí como el marido de una actriz. Nunca hablaría en un programa del corazón ni daría un exclusiva enseñando mi casa. Eso es mi vida privada y yo no quiero vivir de eso. Lo que quiero es vivir de mi trabajo.
A sus dos hijos, Teo y Bruna, les ha dedicado cuadernos de dibujos, ¿cuál es la historia de esas pinturas?Con “Cuaderno de Teo” y “Cuaderno de Bruna” quise hacer un regalo a mis hijos y se me ocurrió pintar un cuaderno a cada uno durante el embarazo y sus primeros días en el mundo. Quiero que sepan lo deseados que son y que no son fruto de la casualidad.
¿Se los ha regalado ya?Todavía no, son muy pequeños y no lo entenderían. Se los daré en el momento justo.
En el “Cuaderno de Bruna” reza la frase: “La cuestión es hasta qué punto uno pinta la pintura o la pintura le pinta a uno”, ¿esto se cumple en su obra?Me siento muy identificado con esa frase. Siempre que quieres expresar algo con tu pintura y dejas salir lo que tienes dentro, lo que resulta es reflejo de ti mismo.