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Normalización en Euskadi

miércoles 06 de mayo de 2009, 00:55h
Este martes, Patxi López era elegido lehendakari. Por primera vez en democracia, un constitucionalista, no nacionalista, regirá los designios de Euskadi durante la presente legislatura. Ello es posible gracias a que, pese a no ser el partido más votado -lo fue el PNV-, los votos “constitucionalistas” en la Cámara Vasca son mayoría frente a los nacionalistas. Es el juego de mayorías inherente al funcionamiento democrático-parlamentario, nada más. Parte esencial de dicho funcionamiento es también la alternancia entre diversas fuerzas políticas, para que la ciudadanía pueda valorar entre diferentes maneras de hacer las cosas. Conviene a la salud del propio sistema.

Por eso mismo, lo vivido ayer en Ajuria Enea no debería de ser más que un hecho consustancial a una democracia como la que hay -ahora sí- en toda España. Porque hasta ahora había una comunidad autónoma, la vasca, en la que las libertades estaban –todavía lo están- recortadas. La oposición iba escoltada, ya que la amenaza terrorista era real: la lista de políticos del PP y PSOE asesinados por ETA es una prueba dramática del riesgo que corren los que se decantan por opciones no nacionalistas en Euskadi. El propio gobierno nacionalista vasco, aún cuando condenara de palabra la violencia, no terminaba de tener una postura clara y contundente de deslegitimación de la banda: colaboraba activamente con el entorno terrorista, pactando con ellos en muchos ayuntamientos, permitiéndoles actuar con total impunidad en sus “herriko tabernas”, dándoles un amistoso tratamiento en los medios públicos y financiando generosamente las excursiones por distintas cárceles de España donde cumplen condena algunos de estos asesinos.

El PNV lleva en el poder décadas, desde el inicio de la autonomía. No concebía su paso a la oposición y la digestión de la alternancia se le está haciendo particularmente pesada y difícil. Demasiado tiempo, demasiados intereses. Como prueba de ello es que, antes de dejar el poder, el Gobierno Vasco del PNV está ejecutando el presupuesto 2009 a una velocidad inusual y autorizando gastos tanto elevados como injustificados para un gobierno en funciones: es evidente que se trata de una actuación impresentable y de una práctica antidemocrática que denota, una vez más, la falta de estilo y el discutible modus operandi de los nacionalistas.

Como ya manifestaron en su momento Patxi López y Antonio Basagoiti, todo este lastre para la democracia debe acabar Y tras él empezará a tambalearse un entramado de clientelismos políticos y empresariales urdido en los “batzokis” durante 30 años. Razones suficientemente fundadas como para que el PNV se preocupe. Por otra parte, el PNV es un partido complejo que tiene diversas sensibilidades. A todos interesa –y al Partido Nacionalista Vasco más que a nadie- que los nacionalistas, o al menos parte de ellos, comprendan que el radicalismo soberanista les ha llevado a la oposición. Ahora es el turno del PSE, con el discreto apoyo del PP. Ojalá ambos partidos estén a la altura de la situación, y acierten a componer y ejercer un gobierno firme en la defensa de las libertades pero, al tiempo dialogante y tolerante. Hay mucho en juego.
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