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Lecturas de Hume

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 06 de mayo de 2009, 22:29h
Durante los últimos días me refugié en la lectura de algunos ensayos de David Hume (1711-1776), particularmente, de sus ensayos políticos. La moderación que destilan esas páginas (Hume se definió a sí mismo como un hombre “of mild dispositions... capable of attachment, but little susceptible of enmity”), contrasta sobremanera con el inmoderado afán de protagonismo que se advierte hoy dondequiera.

Uno de los ensayos aludidos lleva por título “Del origen y progreso de las artes y las ciencias”, de donde extraigo estas dos citas que me parecen sobremanera reveladoras. La primera dice: “Nada es tan favorable al auge de la civilización y el conocimiento como un número de estados vecinos e independientes relacionados entre sí por el comercio y la política. La emulación que de modo natural nace entre ellos es una fuente segura de su mejora”. En la segunda, que en su momento fuera recogida por Alexander Hamilton en los Federalist Papers, sostiene Hume: “Equilibrar un gran estado o sociedad, sea monárquico o republicano, mediante leyes generales es obra tan dificultosa que ningún genio humano, por capaz que sea, puede llevarla a cabo con la sola ayuda de la razón y la reflexión. En la tarea debe aunarse el juicio de muchos; la experiencia debe servir de guía; el tiempo debe llevarla a la perfección, y la percepción de los inconvenientes debe corregir los errores en que inevitablemente se incurrirá con los primeros ensayos e experimentos”.

Por un lado, la apelación al comercio y la política como instrumentos civilizadores, medios conducentes, o que deberían conducir, a la coexistencia pacífica entre los pueblos y a una conciencia, cada día más arraigada, de nuestra común humanidad y de la responsabilidad que nos cabe, por consiguiente, frente a un mundo del que todos somos ciudadanos. La política, en efecto, es el arte de conciliar soluciones que son siempre, indefectiblemente, parciales. Un arte que no se nutre de la imposición sino de la buena voluntad. El comercio, por su parte, es causa generadora de progreso, no sólo material sino también (y acaso fundamentalmente) cultural. Ambos, pues, política y comercio, nos evitan recaer en la barbarie.

La segunda cita me resulta igualmente significativa. Hume no sugiere renegar de la razón pero nos previene contra su idolatría. Nos propone una razón dialogante con la historia y, frente a todo voluntarismo, confiado en modelar la realidad a su antojo, nos invita a un ejercicio de modestia y a aceptar que las fuentes del conocimiento son muchas y que el tiempo, que cura algunas heridas, también corrige la impetuosidad y afirma nuestros pasos.

He aquí dos de las tantas lecciones que nos dejó David Hume. Como continúo inmerso en su lectura, en breve, probablemente, me referiré a alguna otra.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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