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KOSOVO, EN CLAVE INTERNACIONAL

domingo 17 de febrero de 2008, 23:30h
El domingo 17 de febrero de 2008 pasará a la historia de Kosovo (hoy país, mañana Dios dirá) como el día de su independencia de Serbia. En calidad de primer actor, Hashim Thaci, primer ministro kosovar y ex guerrillero, el cual protagonizó un discurso en el que garantizaba la tolerancia y diversidad tras la secesión de la ya ex provincia serbia. Añadió asimismo Thaci que "habrá buenas relaciones" con Belgrado. Ahora bien, no conviene perder de vista lo que suceda en el norte. Y es que siendo Kosovo una zona de mayoría albanesa (los serbios no superaban el 10%, pero esta cifra se ha visto considerablemente mermada los últimos años por mor la huida de miles de serbios ante el temor de represalias albanesas), el norte, mayoritariamente serbio, ya ha declarado que no piensa reconocer la autoridad de Prístina. Con el mismo razonamiento que ha esgrimido el parlamento de Kosovo para escindirse de Serbia.

Entre tanto, Europa mira con auténtica expectación todo cuando allí acontezca. Bien es cierto que lo hace porque no le queda otra. Desde luego, no es plato de gusto para los mandatarios del viejo continente que en suelo europeo sigan produciéndose movimientos secesionistas. No obstante, Francia, Alemania, Italia e Inglaterra ya se han apresurado a reconocerla, aunque podríamos denominar dicho reconocimiento como "de perfil bajo". Y es que estamos ante un asunto sumamente delicado. De hecho, la resolución 1.244 de Naciones Unidas reconocía la integridad territorial serbia. Aunque quien prometió a Kosovo su independencia fue la ex canciller americana Madeleine Albright. Con semejante aliado, se entiende que desde Prístina no han bajado un ápice el tono de sus reivindicaciones.

Pese a que el fantasma de la guerra asusta aún mucho, no parece que nadie esté interesado en abrir hostilidades. Bastante castigada está ya la zona. A propósito, no hay que olvidar que el bombardeo de Serbia por parte de la misión internacional fue para evitar la limpieza étnica, y no para apoyar movimientos secesionistas. Y de nuevo, en el fondo de la cuestión, subyace la causa última de todo: el nacionalismo. No está de más recordar que los puntos de Wilson, su aliento al nacionalismo, fueron las brasas que animaron el arranque de la Segunda Guerra Mundial.

Quizá la reflexión postrera que debiéramos apuntar en relación a este tema es si no ha causado ya bastante daño el nacionalismo en nuestro continente como para que empecemos a tomárnoslo mínimamente en serio. Y más aquí.

UN DEBATE DE PESO


Faltan pocos días para el esperado cara a cara entre Manuel Pizarro y Pedro Solbes, primeros espadas económicos de PP y PSOE. La fecha prevista, jueves 21 de febrero. Parece que, a diferencia de anteriores campañas, en ésta la economía ocupa un lugar preferente. Así lo indican las últimas encuestas. Con anterioridad, temas como inmigración, terrorismo y modelo de estado ocupaban el primer puesto en cuanto a motivos de preocupación. Hoy, la economía está en boca de todos. Tanto es así, que las estrategias electorales de los principales partidos pasan por dar una gran repercusión mediática a toda propuesta económica que formulen.

Y es que la crisis ha llegado a la calle. La subida generalizada de los precios, las altas cotas de desempleo, el imparable ascenso del Euribor y por ende, de las hipotecas; son asuntos que alcanzan de lleno al bolsillo del consumidor. Porque de lo que se habla aquí no es de grandes disquisiciones macroeconómicas, sino de cómo llegar a fin de mes. En este sentido, la celebración del debate entre dos contrincantes de la talla intelectual de Solbes y Pizarro es una buena noticia.

Estamos ante dos expertos que dominan la materia, saben de lo que se hablan. Son además dos tecnócratas que se desenvuelven con cierta soltura en la arena política, y sus formas son correctas, lo cual es de agradecer. Solbes es un hombre respetado por el PP, y el fichaje de Pizarro ha hecho mella en el PSOE, cuyos líderes no han dudado en atacar sin piedad a Pizarro "por do más pecado había", es decir, por su patrimonio personal. Aquello de que la envidia es el pecado nacional cobra estos días más relevancia que nunca. Pero es que no hay más. A Pizarro le precede su numantina defensa de los accionistas de Endesa, y en el PSOE han visto cómo se las gasta. No obstante, ellos tienen a un líder cargado de "auctoritas" económica, como es Solbes. Y de él saben igualmente en el PP que no es alguien que necesite dos tardes (Jordi Sevilla dixit) para moverse con desenvoltura en las procelosas aguas económicas. Oigamos lo que tienen que decir, ya que, con toda seguridad, estemos ante el debate más inteligente de toda la campaña.

OPERA PARA TODOS


Este fin de semana, aprovechando su día internacional, la ópera ha abierto sus puertas para salir a las calles y convencer al gran público de que las franquee. Y como éste siente hacia el bel canto cierto recelo mezcla del temor a no entender y del sambenito elitista que sufre la lírica desde hace ya largo tiempo, se buscan fórmulas para romper el hielo como estos espectáculos líricos fuera de los circuitos tradicionales. El nuevo modelo cultural operístico también se asienta en otras iniciativas como días del espectador, entradas más económicas, opciones de último minuto, o las colaboraciones entre diferentes instituciones para aprovechar los recursos y ofrecer montajes más espectaculares. En definitiva, mejorar la gestión y aprovechar el creciente interés por el género.

Los prejuicios y el desencuentro que sufren las sociedades de Europa meridional y de gran parte de América Latina con el mundo de la ópera pueden paliarse al menos en parte con estos esfuerzos de gestión universalizadora, pero poco se puede conseguir si nuestros sistemas de educación y nuestro quehacer cotidiano siguen obviando a Mozart, a Puccini y a Verdi. Ésta es la verdadera razón del alejamiento. No son los precios, superados en muchas ocasiones por otros acontecimientos lúdicos mucho más populares e incluidos en los programas educativos, ni tampoco las colas para obtener buenas entradas, que no son tan disuasorias en tamaño como las de los más afamados macroconciertos. La formación nos allana el camino del conocimiento y sin ella sólo los que lo conozcan por tradición y los que movidos por la curiosidad o la casualidad se asomen al mundo mágico de la ópera serán los únicos que puedan seguir disfrutándolo.
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