crítica
Nunca es tarde para enamorarse: ¿y si ya no hubiera más oportunidades?
domingo 10 de mayo de 2009, 12:19h
Hacía tiempo, demasiado, que no se veía a Dustin Hoffman en un papel protagonista. Andaba enrolado en papeles menores y de doblador en cintas de dibujos animados. Él lo achaca a la marginación que se hace en el cine y, en general, en toda la sociedad a las personas de mediana edad y a los mayores.
Desde luego, en Hollywood, especialmente, no es fácil sobrevivir al paso de los años. En su regreso a la gran pantalla le acompaña otra consagrada actriz que tampoco es ya tan joven, la británica Emma Thompson. Y precisamente, la cinta que se acaba de estrenar con esta famosa pareja de protagonista trata de cómo influye la edad y las experiencias acumuladas durante el camino a la hora de volver a enamorarse.
Aunque la recién estrenada “Nunca es tarde para enamorarse” se enmarca claramente dentro de la categoría de la comedia romántica, lo cierto es que este filme dirigido por Joel Hopkins pretende apelar a las segundas, e incluso terceras, oportunidades en el amor, sin caer irremediablemente en la indeseable cursilería. ¿Lo consigue? Por desgracia, sólo en parte. El retrato en clave sentimental de dos personajes fracasados socialmente y con profundas heridas por las esperanzas frustradas promete, sin duda, una historia más dramática que cómica y más gris que rosa. Además, la impecable interpretación de dos actores tan solventes como Hoffman y Thompson podría haber acercado más la cinta al cine independiente o incluso al europeo. Sin embargo, al final, Hollywood es siempre Hollywood y el guión, firmado por el propio director, acaba por sacrificar elementos de carácter intimista o filosófico para caer de lleno en terribles tópicos del cine con final feliz genuinamente norteamericano.
Dustin Hoffman interpreta a Harvey, un compositor neoyorquino divorciado que sacrificó su sueño de convertirse en un aclamado pianista de jazz y acabó en un trabajo que no le satisface componiendo música para publicidad, del que encima le acaban de despedir. Durante su accidentada estancia en Londres para la boda de su hija conoce a Kate, una solterona siempre pendiente de su acaparadora madre, cuya vida social se limita a humillantes citas a ciegas. Está claro que ambos se encuentran en un punto de estancamiento en sus vidas muy similar y, con el telón de fondo de la relación de Harvey con su hija y de Kate con su madre, tendrán que decidir si aprovechan o si dejan pasar lo que parece ser una última oportunidad para ser felices.