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feria de san isidro

Una buena corrida de "Los Recitales", lamentablemente sin torear

domingo 10 de mayo de 2009, 23:28h
Una buena corrida de "Los Recitales", aunque incompleta en número ya que los veterinarios habían aprobado sólo cinco toros, fue la nota sobresaliente de la tarde de hoy en Las Ventas, en un festejo en el que, sin embargo, destacaron también los toreros por su incapacidad para triunfar.
Cinco toros de "Los Recitales", correctos de presencia, bravos, nobles y de buen juego, con la excepción del sexto, menos claro. Aplaudidos los cuatro primeros arrastres. El quinto, "un remiendo" de Fernando Peña, más grandón y basto, también "sirvió".

Curro Díaz: metisaca y bajonazo en la mitad del toro (silencio); y tres pinchazos y estocada caída (silencio).

Iván Vicente: estocada que asoma, pinchazo, media y tres descabellos (silencio tras dos avisos); y pinchazo, media y descabello (silencio).

Ambel Posada: dos pinchazos y estocada (silencio); y bajonazo (silencio).

En cuadrillas, Domingo Navarro colocó sendos buenos pares de banderillas en los toros tercero y sexto, y en éste último pareó también con acierto y lucimiento Javier Ambel.

La plaza rozó el lleno, con ligeras "calvas" en los altos del "sol", en tarde soleada y agradable.

El toro, la garantía de sus hechuras
Se cumplió el dicho de que cuando hay toros no hay toreros, porque esta vez lució el ganado muy por encima de los toreros, que en definitiva se dejaron ir una buena oportunidad.

Corrida ideal en todo. Fue una pena que los veterinarios obligaran a "remendar" el buen conjunto que trajo para su debut en San Isidro el ganadero Salvador Martín, propietario de "Los Recitales". Se olvidaron de que el toro en tipo para embestir guarda necesariamente una armonía de hechuras que es necesario respetar.

Ese fue el toro que predominó hoy en Las Ventas, cuatro (buenos) de cinco. Y aunque el de Fernando Peña dio también de si, hay que advertir que lo normal es que el mastodonte, que impresiona por el volumen, sea pura lotería, ya que lo más probable es que se quede todo en la fachada.

Buena corrida, hay que insistir, más allá de las apariencias externas, también por su comportamiento. Sobresalen los toros buenos aún más cuando en las tres corridas anteriores que ya se habían lidiado esta feria, la media de embestir ha estado por debajo de cero.

Lo negativo de hoy ha sido que la terna, los tres espadas sin excepción, no han sido capaces. Para desgracia de ellos mismos, los toreros, y para desdicha también de los propios toros. Corrida a todos luces desperdiciada. Un grito muy común en esta plaza con un mensaje despiadado para los toreros en situaciones como ésta, se ha escuchado hoy -excepto en el primero y el sexto- en cuatro finales de faena: "¡se va sin torear!".

Tenía razón el maestro Antonio Chenel "Antoñete" cuando dijo que "un buen toro debería tener el derecho de elegir su matador". No fue así, y a estas horas hay que lamentar la injusticia con los toros.

No valen excusas por parte de Curro Díaz, que quiso exigirle mucho a su primero, obligándole con la muleta muy abajo en lugar de aliviarle cuando perdía las manos. Total para no pasar de hacer proyectos de pases, lo que se dice tirar líneas. También en el cuarto perdió el de Linares demasiados pasos entre pases, incapaz de quedarse en el sitio.

Iván Vicente se entretuvo en una larguísima faena a su primero, tanto que llegó a escuchar el primer aviso cuando todavía no le había montado la espada. El toro todavía embistiendo, y la faena sin ningún poso. En el de Peña que hizo quinto, que también "se dejó" una barbaridad aun con el pequeño defecto de "abrirse" ligeramente, tampoco se acopló, dando pie a que el tendido le apremiara con unas elocuentes palmas de tango.

Posada tampoco fue capaz, "bailando" mucho delante de su buen primero, toro pronto y repetidor, que embestía largo y por abajo. El sexto fue más molesto, tomando los engaños un punto rebrincado. Pero a esas alturas de la tarde, la balanza ya estaba definitivamente inclinada a favor de los toros. Los silencios al final de las seis faenas en contraste con las ovaciones a los toros, lo dicen todo.