El artista argentino Leando Elrich es un maestro de los efectos ópticos. Ha logrado que sus obras no pasen desapercibidas y que generen adeptos allá donde se exponen. Uno de esos lugares es el Museo Reina Sofía, que alberga desde noviembre “La Torre".
Desafiar los sentidos, jugar con las ilusiones o reflexionar sobre las primeras impresiones son algunas de las claves para entender la obra del artista plástico
Leonardo Elrich. Visitar cualquiera de sus instalaciones es sinónimo de asombro, como también de carcajadas.
El
Museo Reina Sofía alberga una de las instalaciones de este argentino nacido en 1973:
“La Torre”. Un edificio de once metros que funciona como un
gigantesco periscopio, en el que cuestiona la visión de la realidad y desafía la ley de la gravedad. Pese a que el centro de arte ya amplió su estancia desde febrero
hasta junio, lo cierto es que la instalación de Erlich no puede quedarse más. Desde el museo cuentan satisfechos que
"ha tenido una respuesta muy satisfactoria".
Y es que, lo cierto es que
Elrich engancha. Es un apasionado de los efectos que producen los
espejos y los reflejos, y ninguna de sus instalaciones pasa desapercibida. Es capaz de sumergir al espectador en una
piscina sin que se moje, hacer que trepe por una fachada sin que se caiga o permitirle traspasar un muro. Sus instalaciones confirman que su astucia hace que lo imposible suceda y se convierta en una
experiencia extraordinaria.
El espectador cuenta y muchoA diferencia de otros artistas, Elrich va un paso más allá de la obra creada para ser observada. La
implicación física y psicológica del espectador en sus trabajos es fundamental. De ahí que produzcan
perplejidad, inviten a reflexionar sobre cómo es posible y, sobre todo, terminen por arrancar carcajadas al plantear
situaciones inverosímiles.
La confusión y la simulación se aúnan en
espacios anodinos y cotidianos. El propio artista ha comentado en alguna ocasión que los espacios son para él
“lo que la paleta al pintor”. Así, Elrich escoge para dar forma a sus obras lugares como una escalera, una piscina, una consulta del psicólogo, un tiovivo o una peluquería. En todos ellos, el espectador es transportado a una dimensión en la que todo es posible y
nada es lo que parece.

A tres semanas de que la instalación de Elrich se despida del Reina Sofía y de España, galerías y museos de todo el mundo dirigen su atención al artista plástico. Sao Paulo, St Louise o Washington son algunas de las ciudades donde recalarán sus
atrevidas creaciones en los próximos meses e, incluso, años. Entretanto, el
PS1 MoMa de Nueva York expone hasta el 5 de octubre “Swimming pool”, mientras la Galleria Continua, en San Gimignano (Italia), muestra “Changing rooms” hasta el 30 de agosto.
Erlich es un artista de mundo.
Gusta a todos. Lo confirma su paso por centros de arte del calibre del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, The Museum of Fine Arts de Houston, la
Tate Modern de Londres, el Musee d´Art de París, el Museo de Arte Contemporáneo del siglo XXI de Kanazawa, en Japón, o el MACRO de Roma, entre otros. ¿Para cuándo una instalación permanente de Leandro Elrich en España?