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Lecturas de Hume. Segunda parte

Enrique Aguilar
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miércoles 13 de mayo de 2009, 19:04h
La semana pasada tuve ocasión de aludir, a propósito de una cita de Hume, a la importancia que la política y el comercio revisten a los fines de fomentar la convivencia pacífica entre los hombres y el progreso material y cultural.

Me valgo hoy nuevamente de una referencia al filósofo escocés con ánimo de destacar el valor que, a ese mismo fin (la vida civilizada, en suma), debe darse a la cortesía y las buenas maneras. El párrafo que me interesa reproducir al respecto dice: “... Dondequiera que la naturaleza ha dado al espíritu propensión a algún vicio o pasión desagradable para los demás, la buena educación ha enseñado a los hombres a volcarse al lado opuesto y conservar en todos sus comportamientos la apariencia de un sentimiento diferente a aquellos a los que naturalmente se inclinan”.

Parecería innecesario a estas alturas tener que recordar verdades tan evidentes. Y, sin embargo, la delicadeza de modales, “esa cortés deferencia y respeto que la urbanidad nos obliga a expresar o fingir hacia las personas con las que conversamos”, se revela actualmente como un bien escaso. En las calles, en el transporte público, en dependencias estatales, centros de esparcimiento o aun en nuestro propio recinto laboral, la amabilidad y el cuidado de las formas vienen cediendo espacio a la vulgaridad, el desplante y la impaciencia, tres formas entre otras en que puede expresarse la intolerancia.

Es cierto que, como afirma Hume, una excesiva cortesía puede llevar a la afectación y que, en el fondo, la urbanidad esconde siempre una dosis de hipocresía (Rousseau no se cansó de señalarlo). Pero es que de eso precisamente se trata. Puesto que no somos ángeles, debemos procurar que en nuestra relación con el prójimo sobresalgan aquellos rasgos de nuestra personalidad que nos preservan del enfrentamiento y nos permiten entablar, aunque más no fuera, una plática amigable.

Quizá sea la política el ámbito donde más se echa de menos la cortesía, por lo menos en algunos países. Pero no es el único, por cierto, y hasta es posible que ello sea reflejo de esa suerte de sociabilidad invertida que avanza e ignora a su paso a aquellos que todavía se resisten a abandonar sus buenos modos.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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