Zapateronsky y sus setas alucinógenas
miércoles 13 de mayo de 2009, 21:59h
Rosa Díez lo llama ‘el cuento de la lechera’, a lo que habló el Presidiario del Gobernario de España, J.L. Rguez Zapateronsky en el Estado de la Nación. Nuestro presidente imparcial, el sr. Anson, se refiere en su columna a este hombre como ‘presidente ludópata’; los compañeros columnistas lo dejan aún peor, y yo me pregunto si en ¡Viva Esepaña! habrá alguien –a parte de su familia y sus seguidores ciegamente fieles (Heil Cejas!) – que aún crea una palabra de lo que pronuncia este señor delirante que debe de desayunar todas las mañanas revuelto de setas alucinógenas.
No salgo de mi asombro, cuando cada nuevo día al bajar a la calle, no me encuentro con una masiva manifestación de gente normal y corriente (aquella que ya no tiene dinero pa’ ná, y que se pregunta de dónde va a sacar los leuros para ofrecer a sus hijos un verano bonito, si de atracar un banco o de pedir en la puerta de la iglesia) exigiendo la dimisión de este Presidiario del Gobernario de Megalomanía.
¿Qué le pasa a los españoles que se dejan mansamente malgobernar por un tipo tan inepto, tan cínico y tan mentiroso como es J.L. Rguez Zapateronsky? ¿Son cobardes? ¿Son imbéciles? ¿O están deprimidos? Yo pienso que los españoles en general son cobardes y poseen mentes de esclavo, pero F. Jiménez Losantos me dijo (una vez que conversé con él) que no son cobardes sino miedosos: las antiguas civilizaciones son miedosas debido a todas las conquistas que han sufrido, si uno calla, quizás no llame tanto la atención y salga con el pellejo de una pieza. Puede ser, es una teoría muy válida. Pero yo sigo opinando que son cobardes, y quizás la vena valiente les salga una vez cada cincuenta mil años, porque en fin, hasta el más cobarde guarda en su interior una semilla de valor.
Sería una grata sorpresa que a los españoles les saliera esa vena valiente ahora, y que se atreviesen a exigir responsabilidades y acción eficaz en voz alta y con contundencia, en la calle, en la cara del Presidiario, y le exigieran que deje de una vez de inventarse milongas y que si no sabe hacer su trabajo (y ya nos ha probado sobradamente que no sabe) que se largue Largo Lechero Zapateronsky a otros parajes y no nos arrastre a todos a la ruina y al ardiente infierno. ¡Viva Esepaña (y pásame una seta)!