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El tiempo pasa…

sábado 16 de mayo de 2009, 10:56h
El tiempo pasa, y nos vamos poniendo viejos...
Así cantaba Mercedes Sosa los versos de Pablo Milanés a la vida que es tiempo, que no cesa de transcurrir, inexorable, que todo lo cambia y a lo que nada sobrevive. Tarareaba yo esta canción que me ha acompañado desde mi infancia mientras disfrutaba de un día de fiesta gracias a San Isidro. Y en medio del tarareo, la alerta psicoanalítica me hizo preguntarme, ¿por qué tarareas esta canción ahora? De repente el tarareo dejó de ser inocente. De entre todas las canciones del mundo, ¿por qué ésta y ahora? Obviamente la respuesta no responde a la pregunta como lo hace el efecto a la causa en la física, pero aún así, la respuesta ayuda a hacer consciente algo que merodea por la cabeza y el corazón y que no se deja ver de frente.

Lo que merodeaba en esas horas era una cierta tristeza porque últimamente el paso del tiempo tiene la manía de llevarse a personas que admiraba. Antonio Vega y Carlos Castilla del Pino, por motivos completamente diferentes, me atraían y con ellos pasé mucho tiempo, con su música y con sus libros. Su muerte, aun sin conocerlos ni ser una fan radical, me causa un impacto y me hace reflexionar.

Y es que el tiempo pasa, y a unos nos pone más viejos pero a otros se los lleva.

En el imaginario colectivo este llevarse a la gente está representado por la muerte, un esqueleto descuajeringado que se tapa con una capucha y una capa negras y que por si fuera necesario rematar a alguien, lleva una guadaña. Pero la muerte es el tiempo que pasa, que todo lo cambia y a lo que nada sobrevive. Tiempo invisible.

El tiempo quizá es el gran descubrimiento de la filosofía del siglo recién caducado. Hay cientos de aproximaciones diferentes que dan vueltas sobre nuestra relación con el tiempo, pero las versiones más radicales seguramente son las más certeras: la vida como tiempo, como duración -Bergson-, como ser de los entes particulares -Heidegger-, como tiempo vivido, historia -Ortega.

No quiero ser pesimista, porque canturreando se hace un breve luto por los que llenaron tu tiempo vivido y disfrutado; y mientras, el tiempo sigue y la vida continúa reproduciéndose, para que el tiempo siempre tenga alguien que lo viva y a quien llevarse. Y en ese momento, en la cadena de música que llenaba de sonidos la casa sonó la versión de Luca Prodan y Andrés Calamaro a ritmo de rock argentino, porque el tiempo pasa y todo se recrea para los que seguimos vivos.
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