El reinado de Mohamed VI en las Candilejas
viernes 22 de mayo de 2009, 01:35h
La publicística de inspiración marroquista está encontrando sobrados motivos para ejercitar su oficio en las calendas que se avecinan.
Veamos. De una parte, en el próximo mes de julio se cumple el décimo aniversario del acceso de Mohamed VI al trono alauí. Recuérdese que su padre, Hassan II, reinó y gobernó entre 1961-1999. O sea, también casi unos cuarenta años, decisivos en la construcción de las señas de identidad nacional y política -y no tanto, cultural- del Marruecos independiente.
Más allá de los juicios de valor que desencadenó el proceso legal bautizado como Equidad y Reconciliación, impulsado a partir de 2005 para adecentar un poco -si no del todo- la vida pública del vecino Reino, se impone reconocer que el largo interregno de mando hassaní, permitió a Marruecos ganarse “un lugar bajo el sol” de la diplomacia internacional. Buena prueba de ello fue la Cumbre de Fez (1982) que encaminó inicialmente el proceso de paz en Oriente Próximo; o la constitución del Magreb Árabe (UMA) que se convino en Marraques en marzo de 1989, a fin de configurar la -hasta el momento- imposible “tegumentación” de los intereses en común de Libia, Túnez, Argelia, Marruecos y Mauritania.
De otra parte, el decenio de mando que cumplirá en estos meses venideros Sidna (Su Majestad Mohamed VI), ha adecentado algo la cotidianeidad de la vida diaria de la sociedad marroquí, aunque no tanto como desea la corriente reformista.
El divorcio, empero, de los partidos políticos y del Régimen, con el ciudadano, es la confirmación desoladora de que el nuevo rey, que llegó con el nuevo siglo no ha impreso un sello tan positivo al curso de la nación como también venimos deseando los amigos de nuestros vecinos norteafricanos.
Marruecos sigue empantanado en sus “trece”. Esto es así, mal que nos pese reconocerlo y tener que difundirlo, frente a voces y firmas autorizadas que hace diez años creyeron, con benévolo wishful thinking, que la sucesión al trono en Marruecos sería un poderoso factor de cambio para el país real. Es así cómo, desde B. López García o Ignacio Cembrero, ha venido predominando aquella esperanza, hasta muy recientemente.
Ahora sale a la luz un ensayo de Ferrán Sales -en tiempos corresponsal de El País para el Magreb- que viene a revelar cuánto desacuerdo interno ha existido en el Marruecos de los últimos años y qué poco entusiasmo ha impulsado a Mohamed VI en tantas de las partidas reales como ha tenido que jugar el monarca en el transcurso de su reinado.
Algo de ello hay en otra publicación que acaba de lanzarse al mercado del libro en lengua francesa. Me refiero a Le grand malentendu (Paris: Calmann-Lévy), salido de la pluma de Alí Amar, antiguo director del semanario marroquí Journal Hebdomadaire. Se trata de un “fogonazo” arrojado sobre la trayectoria política y personal de Mohamed VI, demasiado trufado de scoops, revelaciones “sorprendentes” y ecos de escándalo, aunque tiene a su favor el hecho de que el autor es autóctono y arabófono.
Nos queda por ver qué nos ofrece Pierre Vermeren, autor de un balance muy preciso del Marruecos de nuestro tiempo (Maroc en transition, 2001). Vermeren ha hecho público que tiene en cartera (¿o es que está ya en prensa?) una obra suya titulada La transition inachevée. El título parece alinear el enfoque de la obra en las filas de aquellos marroquistas que desde tiempo inmemorial hemos sido del criterio de que la transición política, social y ¡mental! en Marruecos no es imposible, aunque sí sea lenta -y con frecuencia sometida a la ley de “un paso adelante y paso y medio hacia atrás”-.
|
Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
|
|