www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

¿Quién vigila al vigilante?

José María Zavala
x
jmzavalagmxnet/8/8/12
martes 26 de mayo de 2009, 18:03h
En una reciente visita a Londres pude constatar un hecho del que había oído hablar antes: la capital inglesa es la ciudad más vigilada del mundo (¿quizás más incluso que Pyongyang?). Pero no debe haberse ganado dicha fama sólo por los más de cuatro millones de cámaras repartidas por todo el Reino Unido monitorizadas desde el Centro de Control de Westminster. Uno puede encontrar hasta 3 dispositivos de captación por CCTV en la panadería más humilde del barrio, en un espacio de apenas doce metros cuadrados. Así obtenemos después esas maravillosas producciones que aparecen en noticias y programas de actualidad, en los que los atracadores, con el rostro cubierto, han sido grabados desde diversos ángulos.

El cinismo y el humor hacen continuo acto de presencia en los famosos carteles indicadores tan típicos del mundo británico. Uno de ellos reza «Dos de los cientos de cámaras que hay en esta estación están mostrando un primer plano de esta máquina de cambio, monitorizada y grabada 24 h. al día». Otro, con un tono más imperativo nos advierte en el autobús que estamos siendo observados, al tiempo que nos sugiere limitarnos a sentarnos y sonreír («So just sit back and smile!»). Qué curioso, un ejército de súbditos quietos y sonrientes sería el sueño de todo gobierno con anhelos de eficiencia.

Pero asistimos además a una externalización de la vigilancia que no deja de recordarme de alguna manera, que en la antigua RDA gran parte de la población trabajaba de modo más o menos directo para la Stasi. De nuevo un cartel bajo el lema “Trust your senses” anima a cada londinense a comunicar a la policía cualquier señal sospechosa. En el caso berlinés es aún más llamativo: se ofrecen hasta 600 euros a quien logre dar pistas que conduzcan a la detención de quienes estropeen las instalaciones del metro. Está de más, pero lo diré: si hay recompensa de por medio no creo que se pueda llamar civismo. Cierto es que todas estas recomendaciones y sugerencias van enfocadas a prevenir vandalismo, crimen y terrorismo. Pero también hemos visto cómo en Italia la cultura de la delación se aplica a los inmigrantes (cuya criminalización puede terminar con resultados fatales), como en el caso de los médicos obligados a denunciar a los “ilegales” que les visiten.

El incremento de las infraestructuras de vigilancia exige que cada ciudadano esté especialmente alerta ante cualquier paso atrás de un sistema en dirección a la autocracia. Y teniendo en cuenta la relativamente débil participación, el bajo interés y la falta de compromiso con lo público, nos enfrentamos a una tarea nada fácil. El individuo necesita dedicar demasiado tiempo a su vida privada como para “perderlo” con aquello que más le afecta. Suena extraño, pero la vigilancia sólo es aceptable con unos niveles de libertad impecables, pues de lo contrario, podemos despertarnos un día y darnos cuenta de que la resistencia ya no es posible (recordemos el poema de Brecht: ...ahora vienen a por mi...). Si “nos vigilan”, habrá que “vigilarles”. No vale recurrir a la típica excusa de «yo no tengo nada que esconder», porque la línea entre el bien y el mal puede desplazarse más allá de nuestros pies sin que sepamos cómo ha sucedido. No vayamos a creer que nuestros sistemas políticos rezuman perfección, y menos aún, que están blindados contra cualquier giro inoportuno. Es más, existen antecedentes en el mundo, de gobiernos “democráticos” que han realizado seguimientos a movimientos de izquierdas, pacifistas y ecologistas. No sólo en las dictaduras se realizan clasificaciones sobre formas de pensar más y menos correctas.

Quizás la vigilancia en sí no socave la ciudadanía, pero teje una red, establece una infraestructura, que, en caso de debilitación de los derechos por otras fuentes, inhabilita la capacidad de respuesta. Así que no estaría de más ver una serie de carteles en los que pusiera: “¡Esté atento!, ¡Vigile!, ¡Confíe en sus sentidos! Usted es quien mejor se puede encargar de controlar las acciones de los responsables públicos”.

José María Zavala

Sociólogo

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios