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Zapatero y el cinturón de Hermés

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
martes 26 de mayo de 2009, 21:37h
Mis amigos de Veo7, cadena de televisión digital en la que tengo el honor de colaborar, han descubierto entre las imágenes de un mitin que Zapatero llevaba un cinturón de Hermés, marca que, para los doctos en moda, que no es mi caso, debe ser muy chula. Incluso cara.

Otros compañeros han destapado que Zapatero viaja en un avión militar para acudir a los mítines de su partido. Y que también lo hace María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta ella, y que también tiene gusto por la ropa, a juzgar por los trescientos veinte modelos anuales (aproximadamente) que luce.

A doña María Teresa la apellidaron las malas lenguas “de la Vogue”. Hermés le viene bastante bien al mercurial Zapatero, poseedor de un saber críptico según el cual la política se resuelve siempre en el enigma de una frase tras la que es casi imposible adivinar el contenido, tal como las muchas veces citadas “alianza de civilizaciones”, “cambio de modelo productivo”, “paz perpetua”, “memoria histórica”, etcétera.

Pero, cómo vistan ambos próceres nos trae al fresco, aunque tiene narices el populismo barato que se gastan y lo dúctiles que son cuando se trata de su práctica personal.

Lo que ya no es de recibo es que utilicen los impuestos de los ciudadanos para sus operaciones de partido. Y mucho menos, para las personales, porque la señora De la Vega se fue en Falcon a las Fallas, según ha denunciado la Oposición, y eso no parece una evidente labor de Estado. Salvo que quisiera supervisar la Vicepresidenta la labor de sus conmilitones para colocar a Camps como ninot de la próxima cremá.

Y así, mientras avanza la tendencia imparable que aqueja a los Gobiernos socialistas de confundir lo público con lo privado, todas las baterías políticas del PSOE han decidido emprender el atajo judicial para laminar al PP. No en todas partes, por supuesto. Sólo en los puntos débiles de la hegemonía vocacional socialista: Madrid y Valencia.

Y como hablar de ofensivas políticas del PSOE es hablar de ofensivas mediáticas (porque hay que ver cómo han llegado a controlar, con favores o amenazas, a los grandes grupos de comunicación españoles), cualquier caso de corrupción, presunta corrupción, sospechas de corrupción en Madrid y Valencia ocupan toda la información. Si se detiene a conspicuos socialistas en Lorca o Lanzarote, da igual. Lo importante es pillar al PP, ponerlo en cuestión. Lo que resulta relativamente sencillo cuando se controla el aparato policial.

¿Quiere decir esto que en el PP todos son inocentes? Evidentemente no. Hay corruptos, como en todos los partidos, porque la corrupción es sistémica. Casi “obligatoria”, en el modelo de oligarquía de partidos creado por la Transición, en el modelo de financiación política y sindical, en el modelo concesional y arbitrario de lo público.
Pero la batalla judicial contra la corrupción puede ser leal o tramposa. Puede ser moral o insidiosa. Por eso, tanto da aventar cientos de millones de euros de una trama de chorizos urbanísticos o similares como hablar de dos trajes. Y, naturalmente, puestos a hablar de trajes, podremos hablar de cinturones. E incluso de aviones privados conducidos por pilotos militares, como nueva modalidad de chóferes aéreos con librea.

Pero no se hablará de todo. Al menos, con la misma intensidad. Lo relevante, lo duradero, será el acoso a la Oposición. Por eso, el mismo día pudimos asistir a la denuncia del PSOE contra el PP por financiación ilegal en Madrid y a la querella socialista contra Camps en Valencia, como si no estuviera ya bastante claro en este caso que la Justicia está sobre el asunto.

Quieran los hados socialistas que les salga bien la jugada mediático-judicial y dejen en la Oposición al PP por décadas. Y un buen consejo es que maten, pero no dejen heridos. Porque, en caso contrario, no creo que este partido vuelva a hacer lo que hizo Aznar, es decir, indultar a Barrionuevo y correr un tupido velo sobre las notables andanzas económicas del felipismo. Porque ellos no lo saben, y evidentemente yo tampoco, pero algún presidente autonómico socialista pagará por lo de Camps y Aguirre. Algún ministro de Zapatero pagará por lo de Trillo. Y el propio Zapatero tendrá que comerse su campaña contra Aznar, porque está llamado, ay, como todos, a ser algún día ex presidente.

Quizá entonces se dé cuenta el soberano pueblo español de que el llamado consenso de la Transición era una mentira con fecha de caducidad, y que Zapatero sólo ha sido el instrumento para finiquitarla como lo haría un pistolero a sueldo.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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